MOVIMIENTO ANTORCHISTA NACIONAL

Los capitalinos merecemos seguridad en el Metro, no más riesgos

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  • A 5 millones de ciudadanos sigue afectando la falta de mantenimiento tras cinco años del colapso de la Línea 12

Cinco años han pasado desde aquel fatídico día en que colapsó un tramo elevado de la Línea 12 del Metro de la Ciudad de México, una de las tragedias más dolorosas en la historia reciente de la capital. 

La noche del 3 de mayo de 2021 no sólo dejó 26 personas fallecidas y más de 100 heridos de gravedad; también dejó al descubierto fallas profundas en la forma en que se construye, se supervisa y se mantiene la infraestructura pública en el país.

Para las familias de las víctimas, el tiempo no ha borrado el dolor; al contrario, cada aniversario es un recordatorio de la ausencia de su ser querido; de la sensación de injusticia por un hecho que no debió ocurrir y de la exigencia que sigue sin resolverse: justicia.

Pero no se trata únicamente de recordar lo ocurrido y observar el dolor de las familias afectadas, sino de entender por qué pasó y evitar que algo así vuelva a suceder. Y más que nada, las autoridades deberían poner énfasis en esto, porque ellas, que son quienes manejan los recursos públicos, deben intervenir con ganas y dando resultados al respecto.

El 3 de mayo, el Movimiento Antorcha de la Ciudad de México realizó una marcha silenciosa con velas para honrar la memoria de las víctimas del colapso. Esta fue una movilización cargada de respeto y solemnidad, que reunió a ciudadanos que caminaron para recordar a quienes perdieron la vida, entre ellos tres compañeros antorchistas que fallecieron cuando regresaban de trabajar y que no pudieron llegar a sus hogares, pues la muerte arrebató sus vidas, dejando un profundo dolor.

Diversas investigaciones técnicas han señalado que el colapso no fue un accidente inevitable, sino un hecho que pudo prevenirse, pues se identificaron problemas en la construcción, deficiencias en la supervisión y fallas en el mantenimiento. Es decir, una cadena de errores y omisiones que desencadenaron la tragedia.

A cinco años, persiste una sensación de impunidad. A muchos capitalinos nos resulta inconcebible cómo, ante una tragedia de tal magnitud, no hay responsables sancionados. Una percepción que por supuesto debilita la confianza en las instituciones y deja la impresión de que el brazo de la justicia aplica sobre todo cuando los pobres están presentes para castigarlos, pero en este caso no hay tal justicia.

Este problema vale la pena analizarse, pues el problema no se limita al pasado, sino que es tan presente como el hecho vivo de que 5 millones de usuarios se transportan diariamente en el Metro, siendo este uno de los sistemas de transporte más importantes de la ciudad, que indudablemente opera bajo condiciones de inseguridad que pone en riesgo a la ciudadanía. 

Todos los días, los usuarios reportan fallas técnicas y situaciones que generan preocupación sobre la seguridad del Metro. Una situación que no puede ser tomada a la ligera.

Las autoridades, sobre todo cuando ocurre algún percance en el Metro, se ponen a realizar "trabajitos" cosméticos, arreglitos que por lo visto ni siquiera sirven para minimizar el riesgo que el Metro representa para las vidas humanas que se transportan en él.

Es por eso que la tragedia de la Línea 12 también debe verse como una llamada de atención. No basta con reparar lo dañado; es necesario revisar a fondo toda la infraestructura del Metro y su operación, porque la seguridad no puede depender de decisiones improvisadas o de intereses ajenos al bienestar de la población.

En este sentido, las movilizaciones y actos conmemorativos en estos momentos cumplen una doble función: por un lado, honran la memoria de quienes perdieron la vida; por otro, mantienen viva la exigencia de justicia y de mejores condiciones en el transporte público, urgiendo a las autoridades para que cumplan con su deber.

Todo esto, en conjunto, sirve como recordatorio de que la sociedad no sólo no debe olvidar, sino que debe hacer presión para el impulso de cambios reales y profundos, como sería un mantenimiento adecuado a todas las líneas del Metro, que se cambie lo que se tenga que cambiar, que se arregle lo que se tenga que arreglar y que se inviertan los recursos necesarios para hacerlo.

Y algo que en primer lugar debe quedarnos claro como ciudadanos que pagamos impuestos es que el acceso a un transporte seguro y eficiente no es un regalo de las autoridades, sino parte de los servicios a los que tenemos amplio derecho, así que luchemos para garantizarlo, todo en el afán de que no se repitan tragedias similares a la de la Línea 12 y Línea 3. Luchemos por un Metro seguro.

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