El sol apenas comenzaba a elevarse cuando la colonia Margarita Morán Sección 2 empezó a llenarse de vida. Poco a poco, las calles que hace años eran solo tierra y silencio se transformaron en un punto de encuentro: se escuchaban saludos entre vecinos, risas de niños corriendo y el movimiento constante de quienes preparaban cada detalle para la celebración.
Sólo si el pueblo toma el control del gobierno podrá hacer los cambios económicos y sociales que necesita para mejorar su situación de vida.
No era un día cualquiera. Era el aniversario de una colonia que nació de la necesidad, pero que se ha sostenido gracias a la organización y la lucha colectiva. Donde antes no había nada, hoy hay casas, calles, familias y una historia que se sigue escribiendo.
Conforme avanzaba la mañana, el ambiente se volvió más intenso. Se colocaron sillas, se alistó el equipo de sonido y comenzaron a llegar más vecinos, algunos con recuerdos en la mirada, otros con la curiosidad de quienes han llegado recientemente pero ya forman parte de esta comunidad. Había un sentimiento compartido: orgullo.
El evento cultural inició entre aplausos y consignas. Las voces se unieron no sólo para celebrar, sino para recordar.

Porque cada aniversario es también memoria: de las primeras reuniones, de las gestiones y manifestaciones, de las dificultades enfrentadas cuando no habían servicios básicos, cuando todo estaba por construirse. En cada palabra, en cada gesto, se sentía ese pasado que no se olvida.
Durante el acto central, el discurso a cargo de Samuel Aguirre Ochoa marcó un momento de reflexión profunda.
Se habló de la colonia no como un simple espacio habitado, sino como el resultado de años de esfuerzo colectivo. Se destacó que nada de lo que hoy existe fue regalado, que cada avance ha sido producto de la organización y la firmeza de sus habitantes, de la lucha incesante aún en contra de funcionarios que se oponían a resolver las demandas planteadas.

Se recordó que la colonia es ejemplo de lo que puede lograr el pueblo cuando se une con un objetivo claro en mente y tiene líderes limpios y consecuentes al frente. Que la lucha no ha sido fácil, pero ha valido la pena.
Y también hizo un llamado directo: no conformarse, no olvidar de dónde se viene y, sobre todo, no dejar de luchar. Porque aún hay necesidades, aún hay metas por alcanzar, y el camino no termina aquí.
Hubo asentimientos, aplausos sinceros, miradas que se cruzaban entendiendo perfectamente lo que se decía. Era un mensaje que no necesitaba adornos, porque estaba respaldado por la realidad misma de la colonia, por los años de lucha avanzados y los resultados alcanzados.

Hubo también espacio para la reflexión más profunda; Aguirre Ochoa desmenuzó con paciencia y detalle la difícil situación que atraviesa el mundo y el país, el incremento de la pobreza, la desigualdad social y la delincuencia, flagelos que no van a desaparecer sólo porque la gente cuente con una vivienda con los servicios básicos.
"Para que eso cambie, debemos luchar por modificar el sistema económico injusto en el que vivimos, que concentra la riqueza en pocas manos y empobrece a las mayorías, que provoca que a veces no nos alcance el dinero para la educación de los hijos, para curarnos cuando nos enfermamos o para tener un momento de recreación con la familia", dijo el dirigente del antorchismo veracruzano.

"Debemos organizar a los obreros, a los estudiantes de las universidades, a los profesionistas honrados y progresistas, a los campesinos, a los albañiles, es decir, a todos los sectores trabajadores de México y dar la lucha por el poder político, porque sólo si el pueblo toma el control del gobierno podrá hacer los cambios económicos y sociales que necesita para mejorar su situación de vida", sentenció en medio de fuertes vítores y aplausos.
Después vinieron las actividades culturales, que llenaron el espacio de energía y alegría. Música, presentaciones y participación de los propios vecinos hicieron que el ambiente se volviera aún más cercano, más humano.

Los niños jugaban, los jóvenes convivían y los adultos compartían anécdotas, como si el tiempo se detuviera por un momento para permitir que todos disfrutaran lo construido.
Pero incluso en medio de la celebración, la esencia del evento permanecía clara: este aniversario no era sólo fiesta, es una reafirmación en los objetivos de unidad, organización y lucha colectiva como parte de un gran movimiento nacional que pretende lograr transformaciones profundas en la forma en cómo está organizada la sociedad mexicana, para beneficio de los más humildes y trabajadores.
Al caer la tarde, cuando poco a poco el evento llegaba a su fin, quedaba algo más que el recuerdo de un buen día. Quedaba la certeza de que esta colonia seguirá creciendo, porque su fuerza no está sólo en sus calles o viviendas, sino en su gente y en la firmeza ideológica de quienes la dirigen.
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