MOVIMIENTO ANTORCHISTA NACIONAL

Las inundaciones y la deuda social con los más pobres

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Las lluvias atípicas que azotaron la capital y algunos municipios del sur de Yucatán, sacaron a relucir, una vez más, una de las injusticias sociales más graves y generalizadas en nuestro país: la falta de vivienda digna y segura. Además, pusieron a prueba de nueva cuenta el trabajo realizado en infraestructura y la capacidad de reacción de las autoridades en turno, para evitar inundaciones y para proporcionar ayuda a la población civil afectada. Sin embargo, la respuesta oficial, no difirió mucho de lo acontecido en otras ocasiones con lluvias torrenciales, tormentas tropicales o huracanes ocurridos en el Estado.

Familias enteras que habitan en las zonas más pobres fueron sorprendidos por las intensas lluvias, quienes literalmente se fueron al agua, perdiendo también, sus sencillas pertenencias que con tanto sacrificio y esfuerzo han venido adquiriendo. Resultaba verdaderamente doloroso ver cómo las viviendas y las calles de las colonias populares se inundaron dejando en el completo desamparo a quienes ahí viven. Vimos rostros de niños, ancianos, sencillas amas de casa, hombres adultos, buscando rescatar algunas cosas sin lograrlo porque no tenían dónde ponerlas o llevarlas.   Muchas familias de la noche a la mañana lo perdieron todo debido a lo accidentado del terreno donde viven y a los materiales perecederos de sus viviendas.

Si bien es cierto, las autoridades municipales se dieron a la tarea de abrir refugios temporales para llevar ahí a la población vulnerable, darle techo y comida provisional, además de comenzar a sacar agua en calles y viviendas y limpiar pozos pluviales; el problema continúa, porque no es solamente sacar el agua y quitar la basura, faltaría reparar las viviendas que tienen alguna compostura y las que casi quedaron inservibles, hacerlas. 

Parece que se ha normalizado que después de un fenómeno de esta naturaleza, poco o nada se haga por resolver el problema de raíz. La prueba son los asentamientos irregulares, esos que se encuentran en el abandono y olvido de las autoridades, donde las viviendas están construidas con madera, lonas, lámina de cartón, telas, plástico y que por lo tanto carecen de servicios básicos, la ayuda oficial es prácticamente nula.

No niego que las intensas lluvias fueron en toda la ciudad, pero la forma de enfrentarlas es distinta en cada zona, la prensa habló de afectaciones severas en el centro y en el Sur, pero nada del Norte y eso no es casualidad; los lugares más dañados en estos casos, son siempre aquellos donde vive el pueblo humilde y trabajador, que resulta más víctima de la injusticia social que lo priva de una vivienda digna y segura que de las lluvias en cuestión.

En este contexto, hago un llamado a las autoridades estatales y municipales a escuchar e intervenir en la solución de la demanda de cientos de familias para regularizar los asentamientos irregulares existentes; regularizar, significaría el punto de partida para quienes ahí habitan de tener agua potable, energía eléctrica, drenaje, calles pavimentadas y por tanto, una vivienda digna hecha de materiales sólidos y resistentes donde las familias puedan resguardarse de los fenómenos naturales que tanto abundan en esta zona del país. Esto evitaría el desperdicio de recursos en cada emergencia, pues bastaría con que la gente se recluyera en sus casas, tomara las precauciones mínimas del caso, además de una vigilancia y ayuda mínima por parte del Estado.

Que el gobierno otorgue vivienda digna a los sectores populares que tanto necesitan, que regularice los asentamientos en irregularidad, significaría reducir la desigualdad y la pobreza existentes que están ahí, latentes, dígase lo que se diga acerca de su disminución en las cifras oficiales. Somos una sociedad enferma que necesita atención urgente, de alta calidad profesional, política y social, que diagnostique a profundidad las causas que originan nuestros males y encuentre y aplique, con mano firme, la medicina adecuada.

Mientras eso no ocurra seguiremos presenciando tragedias ocasionadas por lluvias atípicas o por otros desastres naturales; presenciando remedios paliativos que no curan de raíz la enfermedad, pero que sí agudizan los males sociales y generan inestabilidad política.

Compañeros que habitan en asentamientos irregulares en Mérida, Kanasín, Tizimín y Valladolid, compañeros antorchistas yucatecos en general, no cejemos en nuestra lucha por hacer de nuestro país una mejor patria para nuestros hijos y para todos nosotros: vivienda digna, acceso a la salud y educación de calidad, servicios básicos, deporte, cultura, más y mejores empleos bien pagados; la clave es, unidad, organización y lucha del pueblo trabajador para dirigir los destinos de este país.


 

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