El 30 de abril es la fecha que fija el calendario como Día del Niño. Ocurren, festivales y discursos, pero casi no se habla de cómo viven realmente un universo de nuestros niños. En esta ocasión dedicada a reconocer la importancia de la infancia y a promover su bienestar en México, la fiesta, los regalos y los discursos oficiales, deberían hacernos reflexionar y observar con profundidad la realidad que viven miles de niñas y niños en la capital del país. Porque mientras una parte mucho muy reducida de la niñez en nuestra ciudad y en todo el país disfrutan ese día, y todos los días, otra parte, la inmensa mayoría enfrenta condiciones de vida muy difíciles, marcadas por la violencia y la desigualdad.

Un ejemplo, sólo un ejemplo: A las seis de la mañana la ciudad comienza a despertar, Luis, de 13 años, abre los ojos en el cuarto que comparte con sus dos hermanos en la alcaldía Gustavo A. Madero. El frío de la mañana se cuela entre las paredes y el estómago vacío le recuerda que ese día, como muchos otros, saldrá sin desayunar. Se pone el uniforme con prisa y sale a la calle. Camina varios minutos hasta la colonia 6 de Junio, donde asiste a la secundaria Wenceslao Victoria. En el salón, mientras el profesor explica, Luis lucha por mantenerse atento, pero el cansancio y el hambre pesan. Desde que su padre perdió el empleo, sus tardes ya no son para jugar ni descansar: ahora vende dulces en el transporte público y en las calles, regresando a casa ya de noche, con monedas en la bolsa y tareas sin hacer. A veces se pregunta si podrá seguir estudiando. Luis no aparece en estadísticas ni en discursos, pero su historia se repite en miles de hogares, donde la infancia y la adolescencia se pierden entre la pobreza.

La Ciudad de México suma un millón 780 mil 113 entre infantes y adolescentes, según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) en 2020, y con tal cantidad tenemos una realidad complicada. Miles de menores, como todos sabemos y sentimos, crecen en situaciones hostiles que limitan su desarrollo y atentan contra sus derechos humanos más básicos. En esta sociedad en que vivimos impera la desigualdad y la pobreza desde siempre, y por eso los niños son víctimas de problemas sociales: falta de acceso a servicios de salud y a una alimentación adecuada; violencia que padecen en sus hogares, en las escuelas y en sus comunidades; rezago educativo y abandono escolar que les cierra oportunidades; y, en los casos más graves, explotación y trata de personas.

Actualmente cerca del 30% de las niñas, niños y adolescentes vive en condiciones de pobreza, y se documenta de la siguiente manera: “29.2% de la niñez en la Ciudad de México vive en situación de pobreza” nos precisa la Asociación Civil Red por los Derechos de la Infancia en México, REDIM, por sus siglas, noviembre de 2025. Esto quiere decir que miles de menores enfrentan carencias en aspectos fundamentales para un desarrollo sano. En esta ciudad, la más importante del país, miles de familias no pueden garantizar alimentación suficiente, educación y vivienda para sus hijos.
Y en materia de salud, la situación no mejora. De acuerdo con datos recientes: “21.4% de niñas y niños en la Ciudad de México no tiene acceso a servicios de salud” de nuevo nos dice lo anterior la organización civil REDIM. Esto no sólo se refiere a la falta de atención ante enfermedades, sino también a la ausencia de seguimiento en etapas de edad clave del desarrollo de la niñez.

En cuanto a la alimentación, el “12.3% de la niñez no cuenta con acceso a una alimentación adecuada”, mientras que otros indicadores señalan problemas como anemia infantil, de la cual esta afectada una proporción importante de menores, según la Asociación Civil Pacto por la Primera Infancia, en fecha marzo de 2024.
María, de once años, espera con su mamá en el Centro de Salud de Xochimilco. Vive en la comunidad de Tiziclipa y viajó más de una hora en transporte público porque cerca de su casa no hay atención médica. Se siente mal desde hace días. El doctor a cargo le dice que necesita estudios porque tal vez tiene anemia por su mala alimentación, pero no pueden hacerle ahí los estudios, y tampoco hay medicamento. Su mamá sale con la receta en la mano, sin saber si podrá hacerle los estudios. María guarda silencio. Como ella, muchos niños siguen enfermos sin atención oportuna.

El terreno educativo, también ofrece profundas desigualdades. Según reportes recientes: 6.6% de niñas y niños presentan rezago educativo en la Ciudad de México. Además, la capital registra niveles preocupantes de abandono escolar en educación media superior, lo que evidencia que miles de infantes ven interrumpida su formación, pues sus padres con lo poco que ganan en sus empleos apenas viven al día.
A esta situación se suma una problemática particularmente grave: la violencia. Tan sólo en 2024 se reportaron 475 casos de violencia sexual, 675 de violencia física y 495 de violencia familiar contra menores en la Ciudad de México según la Secretaría de Salud y REDIM, en noviembre de 2025. Estas cifras muestran que la violencia es una realidad cotidiana a la que tienen que enfrentarse muchos menores. Incluso en las escuelas, donde deberían sentirse seguros. La capital ocupa uno de los primeros lugares en agresiones dentro del entorno escolar, con casos documentados de violencia física y sexual.

La vulnerabilidad de la niñez también se expresa en fenómenos más graves, como la trata. La Ciudad de México se ubica entre las entidades con mayor incidencia en este delito. Como advierten especialistas: “la capital del país ocupa el tercer lugar nacional en casos de trata de niñas, niños y adolescentes”.
Lo anterior, en conjunto, son golpes muy graves contra la estabilidad y bienestar de los niños en la Ciudad de México; es el triste resultado de un Estado al que le falta atender más los problemas que aquejan a la infancia. Es urgente restaurar lo dañado, las autoridades nombradas por la ciudadanía con sus votos, tienen que responder y redoblar esfuerzos con voluntad y recursos del erario público y dar la batalla contra las deplorables condiciones de pobreza y peligro que padecen nuestros niños.
No podemos hablar de justicia social, de desarrollo ni de bienestar, si el Estado no garantiza primero que nuestros niños vivan en condiciones dignas. La infancia necesita y merece crecer en un ambiente de paz, con respeto real a sus derechos, con oportunidades para desarrollarse plenamente y con la certeza de que su presente y futuro no esté marcado por la pobreza y la violencia. Es necesario que las mayorías de la población de esta gran ciudad nos organicemos y demos la lucha en favor de nuestros niños.
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