El alza del pasivo público asfixia el futuro nacional y no resuelve las necesidades sociales
La llamada Cuarta Transformación llegó al poder prometiendo que “primero los pobres”. Pero hoy los números de las propias finanzas públicas obligan a preguntar: ¿De verdad están primero los pobres o solamente se les está utilizando para justificar una política que compromete cada vez más el futuro de México?
El Paquete Económico 2027 plantea que la deuda pública llegará a alrededor del 55 % del PIB. El CIEP advierte además que el costo financiero de la deuda alcanzaría el 4 % del PIB, incluso por encima de los recursos que el gobierno federal destinará a los requerimientos financieros del sector público.
Eso significa que una cantidad enorme del dinero de los mexicanos se irá en pagar deuda e intereses. Mientras tanto, en las colonias populares siguen faltando agua, vivienda, pavimento, drenaje, escuelas dignas, hospitales y empleos bien pagados.

No se puede combatir la pobreza únicamente repartiendo apoyos. Los programas sociales pueden aliviar temporalmente las necesidades de una familia, pero no sustituyen una política económica que genere empleos, impulse al campo, construya infraestructura y permita que los trabajadores vivan dignamente de su esfuerzo.
El propio Paquete Económico contempla ingresos por poco más de 9.1 billones de pesos, frente a un gasto superior a los 10.5 billones. Esa diferencia tendrá que cubrirse con financiamiento.
El IMCO señala que la consolidación fiscal vuelve a posponerse y advierte que, sin crecimiento económico sostenido, será cada vez más difícil estabilizar la deuda.
Los pobres de México tienen derecho a exigir que la riqueza que producen se traduzca en mejores condiciones de vida.
Aquí está el verdadero problema, mientras el gobierno presume que ayuda a los pobres, la deuda sigue creciendo y el costo de mantenerla también. Y una deuda pública no desaparece por decreto ni se paga con discursos: la termina pagando el pueblo mediante impuestos y mediante un presupuesto que deja menos recursos para resolver sus necesidades.
Los trabajadores, campesinos, jóvenes y familias humildes no necesitan discursos triunfalistas. Necesitan oportunidades reales para salir de la pobreza. Necesitan vivienda, educación, salud, agua, seguridad, empleo y salarios suficientes.
Por eso Antorcha sostiene que el pueblo debe organizarse y luchar por algo más que recibir una ayuda. Los pobres de México tienen derecho a exigir que la riqueza que producen se traduzca en mejores condiciones de vida.

Porque si la deuda crece, pero la pobreza, la desigualdad y las carencias continúan, entonces la pregunta resulta inevitable: ¿quién está pagando realmente el costo de esta transformación?
La respuesta está frente a nosotros: el pueblo trabajador. Y mientras unos cuantos deciden cómo gastar y cuánto endeudar al país, millones de mexicanos tendrán que cargar con las consecuencias.
México no necesita más promesas. Necesita una economía al servicio del pueblo y un gobierno que deje de administrar la pobreza y empiece a combatir sus causas.
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