• Ante la crisis en salud y seguridad es indispensable la organización de los trabajadores
Llegó Morena al poder de la nación: un anhelado trofeo que le arrebató al priismo tras siete décadas de dominio del partido tricolor. Para los desprevenidos, este hecho representaba la posibilidad de un verdadero cambio, “ahora sí”.
Pero a la luz de los hechos de gobierno de López Obrador en la Ciudad de México, Antorcha siempre dijo que el morenismo no sería más que un maquillaje de ocasión para burlar los anhelos de justicia social del pueblo mexicano: se le daría a este un poco de dinero para ser usado en lo urgente y, a cambio, tendría su lealtad en cada elección.
Hoy, se ha comprobado este modo de operar. ¿Es este el concepto humanista de la 4T en torno al bienestar social: un poco de dinero en manos de la población pobre?

Porque aparte de eso, poco o nada más hemos visto de los gobiernos morenistas: ¿La educación? Ahí los resultados de la prueba PISA, donde quedamos en un vergonzoso penúltimo lugar de los países evaluados.
¿La salud? Ahí están las marchas de los trabajadores del IMSS, reclamando que no tienen ni paracetamol para dar a sus pacientes.
¿El empleo? Aquí está Culiacán, donde cientos de negocios han cerrado.
¿Y el derecho humano al agua? Ahí están las protestas de los jaliscienses y el norte de Sinaloa.
¿Los salarios? Siempre se presume que han subido al triple de como los dejaron los “prianistas”, pero no se dice cuál es su capacidad adquisitiva hoy: ¿de verdad creen que el pueblo no puede ver que hoy el costo de lo que ocupa para vivir también se triplicó, o más?
Y la bandera más preciada del oficialismo, ¿el combate a la corrupción? Pero si van de escándalo en escándalo sus mejores cuadros.

¿El combate a la inseguridad? Otra vez: aquí está Culiacán.
Entonces, si en los temas de mayor interés para el pueblo trabajador no hay mejoría, no hay cumplimiento de las promesas de una mejor vida, ¿a qué llegó Morena?
No puedo asegurar que así se lo haya propuesto desde el inicio, pero lo que sí es cierto es que el actual partido en el poder sólo está sirviendo a los grandes capitalistas del país y del mundo para incrementar sus fortunas mientras el pueblo aplaude las entregas de apoyos “directos, sin intermediarios”.
Una grotesca escena en la que aparentemente gana el pueblo, pero tras bambalinas, pierde. Y pierde mucho.
Al partido Morena, así como antes al PRI y al PAN, lo están usando los grandes capitalistas para aumentar sus fortunas, con el señuelo de que se está gobernando “con el pueblo, por el pueblo y para el pueblo”.
El sistema económico no beneficia al pobre sino al rico; el actual estado de cosas, con todo y entrega de apoyos “directos”, no le sirve al pueblo.
Pero hay que ver la realidad, no los discursos: ¿por qué la mayoría de los grandes empresarios ha estado muy contenta últimamente? Por una razón muy sencilla: sus ganancias son de ensueño, incluso mayores que antes.
Dice una nota del portal Infobae, del 10 de abril de 2024 sobre el fin del sexenio de López Obrador: “cinco años después del inicio de su gobierno, los empresarios mexicanos son más ricos que nunca. Incluso, les ha ido tan bien durante la actual administración que la riqueza de cinco de ellos se ha duplicado, en comparación con el resto de los empresarios latinoamericanos...”.
Y otra nota más reciente tomada de expansion.mx, del 14 de junio de 2025: “Con 107 mil 422 millones de pesos de utilidad neta en 2024, BBVA —el banco que da créditos a gobiernos como el sinaloense, PCS— no sólo fue la extranjera más rentable del país, sino también la empresa con mayor ganancia en todo el ranking...”.
¿Cuál separación del poder económico del poder político? Sigue cumpliéndose la vieja sentencia marxista que dice que, en el capitalismo, el estado no es más que un comité de administración de los asuntos de los ricos.
Pero el pueblo es quien con su trabajo crea la riqueza y las ganancias de esas grandes empresas; es el que crea todos los productos, el que construye todo, el que paga los intereses, los impuestos, el que mantiene a la burocracia y funcionando el sistema.

Sólo que no se ha dado cuenta de su importancia en el terreno de la producción; no sabe que es el pilar de la producción. El pueblo no se ha dado cuenta de que forman una sola clase todos los que no tienen nada más que su fuerza de trabajo, o los que no tienen nada, que es igual.
Todo el que carezca de energía eléctrica, agua potable, vivienda suficiente y decorosa, alimento y vestido suficiente y bueno, atención oportuna y de calidad a su salud, servicios de drenaje, alumbrado público y áreas de recreación, buena educación, etcétera, forma parte de la misma clase: la de los desheredados, la de los proletarios.
Y por lo tanto debe darse cuenta de que este país, dado que vive con tantas carencias, no está trabajando para él.
El sistema económico no beneficia al pobre sino al rico; el actual estado de cosas, con todo y entrega de apoyos “directos”, no le sirve al pueblo.
Por eso se entiende que los gobernantes, fieles servidores del capital, tomen como molestos pordioseros, dignos sólo de desprecio, a los que hoy les piden lo básico para vivir: ellos prefieren seguir con sus obras grandiosas de inversión que le den ganancias a los grandes hoteleros, restauranteros, industriales y banqueros.

Ellos sí son gente digna de sus reverencias, atención y servilismo.
Mientras el pueblo se da cuenta de la gran estafa de que fue objeto, una vanguardia de esta lucha a brazo partido porque se despierte el gigante dormido, exige que se le dé lo que es suyo, sabe que un día no muy lejano lo despertará y pondrá de pie; no se rinde, se defiende y, a veces, acomete.
En Sinaloa, no vemos más que un capítulo de la realidad arriba descrita: años de lucha de grupos sociales que piden atención e inversión en sus necesidades básicas a un gobierno del estado autista que no les hace caso, que sigue gastando el dinero público y crecientes préstamos en obras multimillonarias a todas luces para el gran capital: grandes avenidas, grandes puentes, grandes carreteras; en cambio, da migajas a los trabajadores y sus hijos.
Pero aquí también, como en el mundo entero, la lucha popular debe seguir desde la vanguardia, tocando las puertas de los dormidos que también sufren, diciéndoles: ¡súmate a la lucha, no queremos más migajas, queremos un país nuestro, pues nosotros hemos levantado lo que hay, y construiremos un futuro luminoso para nuestros hijos! Para que acabe el sufrimiento, primero debe haber organización y lucha tenaz de multitudes.
Por permitirnos enseñar esto, los que creen que nos castigan negando soluciones, mintiendo, burlándonos, en realidad, nos hacen un gran favor.
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