MOVIMIENTO ANTORCHISTA NACIONAL

Informe PISA 2025, otro síntoma de la desigualdad social

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• Un esquema adverso daña el progreso académico nacional y perjudica severamente al sector trabajador

Una nota periodística está siendo ampliamente reproducida por casi todos los medios de información, por considerarse relevante para evaluar el desempeño gubernamental federal actual en materia educativa; me refiero a los resultados del informe del Programa para la Evaluación Internacional de los Estudiantes, mejor conocido como informe PISA.

Se sabe que esta evaluación fue promovida por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), organismo internacional fundado en 1961 que agrupa a 38 países, entre ellos México, cuyo objetivo es coordinar políticas económicas y sociales en favor de los gobiernos de los países miembros.

La prueba PISA se aplica cada tres años desde el 2000 en diversos países, incluyendo algunos no pertenecientes a la OCDE; evalúa sobre todo a la educación pública y se dice que en ella se revisan los conocimientos, las aptitudes y las competencias adquiridas por los estudiantes de quince años, relevantes para su bienestar personal, social y económico, a partir de tres áreas principales: lectura, matemáticas y ciencias naturales.

Pues bien, las notas que dije que se difunden por todos lados se refieren, precisamente, a los resultados obtenidos por nuestro sistema educativo nacional en el reciente informe PISA 2025, donde México quedó en el penúltimo lugar de los países de la OCDE. Veamos algo de lo que se dice.

En el medio digital El Economista se lee así: “El desempeño nacional se mantuvo por debajo de los estándares internacionales en las tres materias principales, registrando 388 puntos en matemáticas (siete menos que en 2022), 408 puntos en lectura y 414 en ciencias. Esto representa una brecha de aprendizaje de entre dos punto cinco y tres punto siete años en comparación con la OCDE, siendo las matemáticas el área más afectada”.

Buzos de la Noticia lo dijo así: “En México, siete de cada diez estudiantes no alcanzan el nivel básico en matemáticas. Sheinbaum desestimó los resultados de la prueba PISA 2025 y justificó que la caída en matemáticas y lectura también ocurrió en otros países”. El medio Animal Político dijo: “El país obtuvo sus peores resultados en matemáticas y lectura en dos décadas, y quedó en el lugar 37 de 38 países de la OCDE”.

Por su parte, Canal 6 TV publicó que “México vuelve a quedar rezagado en la prueba PISA 2025; cuatro de cada diez estudiantes de quince años no alcanzaron el nivel básico en ciencias, lectura y matemáticas, donde apenas tres de cada diez llegaron al nivel mínimo. Además, el país perdió siete puntos en esta materia respecto a 2022”.

El medio La Silla Rota dijo: “Los últimos resultados presentados por la OCDE indican que casi siete de cada diez jóvenes mexicanos de quince años carecen de competencias matemáticas fundamentales. En lectura, la mitad tampoco logra identificar ideas clave o procesar textos de dificultad moderada, acumulando una pérdida generalizada de siete puntos frente a la medición anterior”.

Finalmente, La Jornada: “En México, los alumnos de quince años que han concluido su educación básica mantienen puntajes bajos en ciencias, matemáticas y lectura, incluso en estas dos últimas disciplinas sus resultados más recientes se sitúan por debajo de los alcanzados entre 2009 y 2018”.

No son los alumnos, padres de familia ni los maestros los causantes de semejantes resultados en el informe PISA, sino el modelo educativo al que se aferra el gobierno federal actual.

Y podríamos citar muchas otras notas, pero con lo visto ya es suficiente para sacar una conclusión reveladora: nuestro sistema educativo nacional está reprobado. Y quiero precisar aquí que no son los alumnos, padres de familia ni los maestros los causantes de semejantes resultados en el informe PISA, sino el modelo educativo al que se aferra el gobierno federal actual.

Tres argumentos que quiero dejar aquí para reforzar mi opinión:

  1. Los gobiernos no invierten lo suficiente en salarios, equipamiento ni en la capacitación efectiva necesaria de los maestros. Para nadie es desconocido, sin que haya necesidad de argumentar aquí con ejemplos, que la mayoría de los maestros de escuelas públicas, aunque no son los únicos, ante el insuficiente salario y prestaciones que reciben, recurren constantemente a incrementar su ingreso familiar desempeñando otras funciones laborales, incluso muy alejadas de la docencia.

  2. El programa federal La Escuela es Nuestra no resuelve lo que se dijo que resolvería. Gracias a él, los gobiernos se han desentendido, en los hechos, de la falta de infraestructura y mantenimiento en las escuelas públicas. Por mucho esfuerzo que hagan los padres y los maestros con el limitado recurso cuando se les da, no pueden, porque no es su función, sustituir la obligación constitucional que tienen los gobiernos de aplicar una intervención constante, profesional y técnica suficiente en la ampliación y mantenimiento de toda la infraestructura educativa.

  3. Ya es muy evidente que las becas educativas tampoco resuelven lo que se dijo que resolverían; en los hechos, no mejoran ni en cantidad ni calidad el aprovechamiento educativo.

En Colima, por ejemplo, se les da beca ahora a casi todos los estudiantes de escuelas públicas, desde el kínder hasta la universidad, y, sin embargo, la deserción escolar sigue y el aumento en la eficiencia educativa es inalcanzable. Las becas están bien, pero la obligación gubernamental en materia educativa es mucho más que eso.

Hay, sin embargo, una tragedia aún mayor que no se nota en los datos generales que proporcionan los informes PISA; me refiero al carácter clasista que lo domina todo, en especial el ámbito educativo. 

No toda la educación que se imparte en México resulta reprobada, no nos engañemos; sino, sobre todo, sólo aquella que reciben los hijos del pueblo trabajador de manos de los gobiernos.

Hay un dicho popular de mucha tradición que dice que “el que paga manda”; y en nuestro caso, eso lo saben incluso los funcionarios públicos con cierto mando en el área educativa que prefieren pagar y confiar la educación de sus hijos a las instituciones de educación privada, antes que a las escuelas públicas. 

Pero ¿qué alternativa les queda a los trabajadores que apenas completan para alimentar y curar a sus hijos? Esta es la tragedia que refiero.

El informe PISA no dijo de México sino lo que ya sabíamos: que urge corregir la desigualdad social que se vive aquí. Sólo que esta tarea no es reto sólo de los estudiantes, maestros o padres de familia, sino de todos los agraviados de siempre. Hoy se exhibe nuestra deficiencia educativa, mañana se exhibirá todo.

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