Despertar el orgullo de ser antorchista no superficial sino uno nacido de la reflexión histórica, requiere hacer un repaso breve de lo que ha ocurrido en México y en Oaxaca en las últimas décadas, comparándolo con datos oficiales para tratar de ver lo que se avecina. De esta manera, he llegado a la conclusión de que mejores tiempos le deparan a nuestra organización en el devenir histórico del país; eso sí, con la condición indispensable de que cada uno de nosotros cumpla cabalmente con sus tareas organizativas.
Seguramente recuerda que en la historia reciente, muchas fueron las quejas de los problemas que había en nuestro pueblo: nuestros familiares arriesgaron la vida al emigrar a los Estados Unidos o a otras entidades del país, porque en Oaxaca no había empleos, y lo poco que existía era mal pagado. Así pues, el dinero no alcanzaba para la comida, la educación de los hijos, el vestido, la salud y la vivienda de las familias. Era la queja común de campesinos y colonos, de obreros y amas de casa, de maestros y estudiantes; y las cifras oficiales respaldaban esa inconformidad.
En 1990, el salario mínimo en México era de $10.08 pesos, no obstante, la canasta básica costaba $150 pesos. En Oaxaca, la educación cubría al 79% de la población; en salud, solo el 35% tenía acceso; en vivienda, apenas el 55% contaba con una vivienda digna; mientras la energía eléctrica era un privilegio para el 75% de los hogares; el drenaje solo llegaba al 30%; el agua potable abastecía escasamente al 58% de las viviendas; y en cuanto a las vías de comunicación, solo estaban pavimentadas las carreteras federales, mientras que las estatales estaban llenas de polvo o lodo según la temporada.
Para el año 2015, veinticinco años después, la situación había cambiado muy poco —salvo en el acceso a la energía eléctrica, que alcanzó el 97% según registros gubernamentales—. En el resto de los indicadores, nuestra entidad seguía ocupando los últimos lugares a nivel nacional.

Esa era la realidad que mantenía profundamente inconformes a los oaxaqueños, y algo similar ocurría en la mayoría de los estados. Con el descontento social al límite, no fue difícil echarle toda la culpa a los gobiernos del PAN y el PRI, que habían ocupado la presidencia de la República durante años. Así se abrió paso para un cambio de partido en el poder, López Obrador, representante de MORENA, fue “el elegido”: los poderosos de Estados Unidos y de México así lo estimaron conveniente, y la mayoría de los mexicanos se entusiasmó tanto que no escuchó las advertencias de Antorcha.
Decir la verdad nos costó la enemistad del expresidente y sus seguidores, que tan pronto llegaron al poder —como bien sabe usted— nos reprimieron con toda la fuerza del Estado. Esta situación llevó a tambalear el ánimo de algunos antorchistas y en la gran mayoría, a resistir ante el odio y desprecio que se impuso desde palacio nacional y se replicó hasta en nuestros círculos más cercanos.
Sin embargo, la Cuarta Transformación está por cumplir ocho años en el poder federal y cuatro en el estatal; pero los indicadores que mencioné siguen casi iguales, y en muchos casos han empeorado: los datos alarmantes de la inseguridad que recorre el país, el sistema de salud al borde del colapso, una educación abandonada y una deuda pública escandalosa, nos demuestran claramente que los problemas nacionales se agravarán.
Hoy ya son muchas las voces de personas, sobre todo de la prensa oaxaqueña que reconocen: “¡Antorcha tenía razón!”. También diversos grupos populares que apoyaron a MORENA dicen sentirse traicionados y confiesan: “nos equivocamos”. Ante la realidad y estas afirmaciones, los antorchistas no podemos seguir aguardando : debemos hablar con nuestros vecinos y familiares, y decirles que ahora es el momento de organizarse con Antorcha Revolucionaria.
A riesgo de que parezca contradictorio mi planteamiento, el enemigo a vencer no es MORENA: los gobiernos solo son la máscara del sistema económico mundial injusto en el que vivimos. El verdadero enemigo es el sistema capitalista de producción—así bautizaron los estudiosos a este sistema, también político y social—. No ha sido, ni será fácil derrotarlo: el capitalismo, ahora en su fase terminal, provocará más guerras, hambre y muerte, tal como ya ocurre en distintas regiones del mundo.

Como un monstruo herido, aún es capaz de causar mucho daño, incluso de poner en riesgo la supervivencia de la humanidad con las guerras nucleares. Por ello, debemos ser conscientes que la situación nacional y estatal no es culpa exclusiva de la 4T: gobierne quien gobierne; mientras siga este modelo económico y el pueblo no se organice, habrá muy pocas posibilidades de avanzar.
Si queremos construir una sociedad mejor, debemos reemplazar el modelo económico actual. Para ello, debemos convencer al pueblo trabajador de unirse y organizarse: nuestra querida organización debe ser la luz que guíe el camino para construir una patria donde todos vivamos como seres humanos. Considero que es el momento adecuado para hacer reflexionar a nuestros compañeros y amigos, que es un error seguir creyendo que basta con votar por alguien para que cambien las cosas, eso nunca sucederá.
Hay una fábula famosa que dice que los dioses ayudan a quienes se ayudan a sí mismos, dejándonos la lección de que no podemos esperar soluciones externas si no cumplimos con nuestra parte. Quienes prometen resolver los problemas por nosotros, nos engañan; quienes atacan a nuestros dirigentes y a nuestra organización, buscan dividir al pueblo. Por eso le dediqué estas líneas para decirle, ¡vamos compañero(a)!, ya la historia nos está dando la razón.
Finalmente, hemos estado tan centrados en cubrir nuestras necesidades materiales que hemos olvidado de las espirituales: de las bellas artes, el deporte y la educación. Así es como el sistema ha formado seres individualistas, sin propósitos elevados, quienes —como dijo el poeta— “mueren lentamente”. Los antorchistas aspiramos más alto: queremos cambiar la nación, buscando la felicidad auténtica en el pueblo. Por eso, este próximo 30 de agosto, organizamos nuestro Festival por la Unidad de los Pueblos, para cultivarnos, educarnos y demostrar que seguimos más firmes que nunca. Ese día, contaremos con la presencia de un gigante intelectualmente hablando, de un luchador de esos que la historia produce cada cien años, me refiero a nuestro líder nacional, al Ing. Aquiles Córdova Morán. Ese día, a una sola voz, 5 mil antorchistas corearemos nuestra consigna, ¡somos un solo hombre, somos un solo ideal!
Nos vemos el 30 de agosto en la Plaza de la Danza, en la capital del estado. ¡Hasta la victoria siempre!
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