MOVIMIENTO ANTORCHISTA NACIONAL

Enjambre popular: fuerza colectiva que transforma la historia

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• Un gran bloque humano llamado Movimiento Antorchista defiende a sus integrantes ante los embates de una clase política insensible

En la química y en la naturaleza existen fenómenos donde múltiples elementos se concentran alrededor de un núcleo para estabilizarlo, protegerlo o potenciar su fuerza. 

Donde hay injusticia, surge la necesidad de organización, y donde el pueblo se organiza con conciencia, disciplina y dirección, se vuelve invencible.

A este proceso podríamos denominarlo “efecto enjambre”: una acción colectiva donde la unidad de muchos genera una cualidad superior. 

Este principio no es ajeno a las sociedades humanas. Por el contrario, es una ley histórica que ha acompañado a la humanidad desde sus orígenes: la organización colectiva como condición de supervivencia, desarrollo y transformación social.

Hoy, en el contexto de la lucha de clases en México, este “enjambre popular” adquiere una expresión concreta en la organización consciente del pueblo, particularmente en el Movimiento Antorchista, que encarna la necesidad histórica de que las masas trabajadoras se agrupen, se arropen y se fortalezcan mutuamente frente a las embestidas del poder económico y político.

En la historia de la humanidad, esto no es más que la lucha de clases.

En sus primeras etapas, los seres humanos sobrevivieron gracias a la colectividad. Federico Engels, en El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado, señala:

“La producción y reproducción de la vida inmediata... es, por una parte, la producción de los medios de existencia... y, por otra, la producción del hombre mismo, la continuación de la especie”.

Esto implica que la vida humana, desde su raíz, es un fenómeno colectivo.

Más adelante, Engels explica cómo las formas comunitarias originarias fueron desplazadas por la propiedad privada y la división en clases sociales:

“Con la aparición de la propiedad privada, la sociedad se divide en clases con intereses contrapuestos, y el Estado surge como instrumento de dominación de una clase sobre otra”.

Este tránsito histórico rompió el “enjambre natural” de las comunidades primitivas y dio paso a una sociedad donde la mayoría trabaja y una minoría se apropia de la riqueza. Sin embargo, la necesidad de organización colectiva no desaparece; al contrario, se vuelve más urgente y consciente.

El Movimiento Antorchista representa precisamente esta forma superior de organización: un “arropamiento popular” donde los individuos dejan de ser entes dispersos para convertirse en una fuerza social capaz de exigir, resistir y transformar.

Es un proceso de encapsulamiento social consciente: el pueblo rodeándose a sí mismo para protegerse de la explotación, estabilizar sus condiciones de vida y potenciar su capacidad de lucha.

Frente a esto, los grupos en el poder —particularmente aquellos que hoy gobiernan el Estado de México— cometen un error histórico al creer que pueden debilitar a una organización popular mediante el aislamiento, la negación o el oportunismo político. Ignoran que la historia ha demostrado que cuando las masas se organizan, adquieren una fuerza que no puede ser disuelta por decreto ni por propaganda.

La falta de atención a las necesidades más elementales de las comunidades trabajadoras del Estado de México evidencia la insensibilidad del actual gobierno encabezado por la gobernadora Delfina Gómez Álvarez.

Habitantes de municipios como Cuautitlán Izcalli, Atizapán de Zaragoza, Nicolás Romero y Villa del Carbón continúan padeciendo graves carencias en servicios básicos indispensables para una vida digna.

Problemas como la ausencia de redes de agua potable, drenaje eficiente, el encoframiento de ríos de aguas negras, la falta de pavimentación, así como la inexistencia de espacios deportivos y culturales, siguen sin resolverse.

Mientras, el aislamiento en el que han caído estos grupos gobernantes no es casual, sino resultado de su carácter de clase: alejados del pueblo, subordinados a intereses económicos y atrapados en el cálculo político inmediato. Esta desconexión los condena a la falta de arraigo social y, por tanto, a su eventual debilitamiento y desaparición.

El “enjambre popular” no es una metáfora, sino la realidad de un pueblo que se arropa, se protege y se fortalece colectivamente.

Quienes hoy pretenden debilitar al Movimiento Antorchista desconocen las leyes fundamentales del desarrollo social. La organización del pueblo no sólo resistirá, sino que se fortalecerá en la medida en que las contradicciones del sistema se agudicen. Porque donde hay injusticia, surge la necesidad de organización; y donde el pueblo se organiza con conciencia, disciplina y dirección, se vuelve invencible.

El futuro no pertenece a los grupos que se aíslan en el poder, sino a las mayorías que, como un enjambre consciente, avanzan unidas para transformar la realidad. Esa es la ley de la historia, y esa es la fuerza que terminará imponiéndose.

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