MOVIMIENTO ANTORCHISTA NACIONAL

El peligro de la derecha

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• Grupos conservadores promueven la desigualdad y buscan mantener sus privilegios a costa del pueblo trabajador

Es cierto e inocultable: la desigualdad social, la inseguridad, la concentración del poder y otros males se han agravado con Morena en el poder. Sin embargo, los mexicanos de clase trabajadora no debemos caer en los cantos de sirena de los actores políticos, movimientos y partidos de la derecha mexicana, cuyos nexos con los intereses neocolonialistas e intervencionistas del gobierno de Estados Unidos son evidentes, y cuyo ascenso al poder político no haría más que agravar dichos males, tal como ya ocurre en otros países de Latinoamérica.

Actualmente, la derecha mexicana y latinoamericana en su conjunto responde a los mismos intereses de dominación económica y política del imperialismo estadounidense.

Así como en la llamada izquierda, también en la derecha convergen una multiplicidad de actores y grupos políticos de distinta raigambre: un abanico heterogéneo de corrientes ideológicas y proyectos de gobierno que, sin embargo, comparten en común su defensa acérrima de la concentración de la riqueza en pocas manos.

Para ellos, la sociedad no es un colectivo de seres humanos, sino una masa de individuos aislados dotados de plena libertad y voluntad para hacer lo que quieran; en lugar de la colaboración y el progreso común, apuestan por la libre competencia y el éxito basado en el mérito.

La derecha comparte la idea común de que el rico es rico como resultado de su propio esfuerzo y tenacidad, mientras que los pobres lo son porque no se han esforzado lo suficiente para superar su situación, "porque no han querido ser ricos", obviando de forma perversa las disparidades y dificultades objetivas que existen en la sociedad. Son, por tanto, enemigos jurados de la intervención del gobierno para generar un reparto equitativo de la riqueza social.

Así pues, la derecha es partidaria de un Estado cuya única función sea garantizar las condiciones de seguridad para el desarrollo del libre mercado y del individuo. Apoya la privatización de los servicios públicos como la educación, la salud, el agua o la vivienda; incluye en sus programas de gobierno el cobro de menos impuestos a los más ricos y respalda el uso de la fuerza bruta para reprimir las protestas sociales.

Recientemente, con el pretexto de que el incremento de la inseguridad y la delincuencia rebasan al gobierno de México, los sectores de la derecha mexicana se han convertido en partidarios abiertos y cínicos de una intervención militar de Estados Unidos en nuestro territorio, olvidando de forma intencional que en toda la historia ninguna intervención militar estadounidense ha concluido en un mejoramiento de las condiciones de vida y bienestar de la población del país invadido.

Por el contrario, las intervenciones y agresiones estadounidenses permitieron el surgimiento de las dictaduras más sanguinarias del continente americano, como en Guatemala (1954-1957), Nicaragua (1937-1979), Brasil (1964-1985), Chile (1973-1990) y Argentina (1976-1983), por citar algunos ejemplos. 

Esos gobiernos promovieron la concentración de la riqueza a través del monopolio de las empresas estadounidenses en sus mercados, el aumento de las condiciones de explotación de los trabajadores, el terrorismo de Estado y la privatización de los servicios públicos.

¿Qué ha cambiado desde entonces? Casi nada. Actualmente, la derecha mexicana y latinoamericana en su conjunto responde a los mismos intereses de dominación económica y política del imperialismo estadounidense.

Es la misma derecha latinoamericana que apoyó el golpe de Estado en Bolivia (2019), el secuestro del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, en febrero de 2026, y que clama enardecida porque Cuba y Nicaragua sean invadidas por los marines estadounidenses para establecer la tan cacareada democracia liberal.

En realidad, es democracia para una pequeña minoría: la clase capitalista, que concentra los medios de producción fundamentales en sus manos; mientras que es dictadura brutal para las mayoritarias clases trabajadoras, millones de seres humanos que no poseen otra cosa más que su fuerza de trabajo, la cual deben vender a cambio de un salario.

En pro de estos intereses de sometimiento —y no por el bienestar de los mexicanos— trabajan personajes como Ricardo Salinas Pliego, Gilberto Lozano, Claudio X. González, el nuevo partido político Construyendo Sociedades de Paz (PAZ), el PAN, Sí por México, el Frente Cívico Nacional y algunos de los sectores más reaccionarios incrustados dentro del PRI y de Movimiento Ciudadano, que pasaron de luchar contra la concentración del poder —oponiéndose, por ejemplo, a las reformas electoral y judicial— a convertirse en apologistas de una invasión armada de los Estados Unidos de América.

Los mexicanos de clase trabajadora debemos tener mucho cuidado con estos lobos disfrazados de corderos, pues utilizan un falso discurso de inclusión y bienestar colectivo, cuando lo único que les interesa es defender los intereses de una clase capitalista mexicana pragmática y oportunista que, lo mismo hace tratos económicos y comerciales con el gobierno de la 4T —como los integrantes del Consejo Mexicano de Negocios, al que pertenecen los empresarios más ricos de México— y, cuando les conviene, se suma a los ataques mediáticos contra el gobierno de la doctora Claudia Sheinbaum Pardo.

Todo ello prueba irrefutablemente que lo único que les interesa es la prosperidad de sus negocios a cambio de mantener intocable el régimen de explotación laboral sobre los trabajadores.

Debemos entenderlo ahora, antes de que nos ocurra lo que está pasando en Argentina, Chile, Bolivia y Ecuador, cuyos gobiernos actuales han instrumentado procesos agresivos de privatización, reformado leyes laborales para eliminar derechos, entregado los recursos de sus naciones a los monopolios imperialistas y reprimido violentamente las manifestaciones pacíficas.

Es cierto que hay muchos problemas en México, pero todavía tenemos derechos establecidos en la Constitución de la república, por lo que podemos luchar de forma organizada.

Las soluciones a los problemas de los más humildes no están del lado de la derecha, sino en la fuerza organizada de las propias clases trabajadoras que, guiadas por un partido de vanguardia compuesto por los mejores hombres y mujeres de México y armado con una visión científica de la sociedad y un proyecto de gobierno que enarbole los intereses genuinos de los sectores populares, pueda tomar el timón del Estado mexicano en sus manos para navegar a puerto seguro en el agitado mar del imperialismo decadente. Construir ese partido de vanguardia es la verdadera y más urgente tarea de los pobres de México.

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