• Urge modernizar tuberías para evitar constantes anegaciones; un colapso afecta hoy 22 millones en zonas urbanas
La temporada de lluvias ya entró en su apogeo, y la capital del país, la Ciudad de México, sus habitantes y los de la Zona Metropolitana que abarca los municipios de Ecatepec, Chalco, Valle de Chalco, Ixtapaluca, Chimalhuacán y Nezahualcóyotl, pertenecientes al Estado de México, ya estamos viviendo en medio de inundaciones, tratando de salir lo mejor librados de ellas.
Las inundaciones no tienen por qué seguir siendo una condena inevitable. La ingeniería, la tecnología y el conocimiento científico existen; lo que falta es voluntad política.
Las avenidas anegadas, con cientos de vehículos atrapados, estaciones del Metro y viviendas inundadas, apagones, y miles de familias que, en cuestión de horas, pierden por las inundaciones el patrimonio conseguido a duras penas en años. Los habitantes de la Ciudad de México vemos las lluvias y las inundaciones como un fenómeno preocupante.
Las inundaciones tienen su historia. La Ciudad de México fue edificada sobre el antiguo sistema de lagos del Valle de México, que es una cuenca cerrada, elevada a 2 mil 240 metros sobre el nivel del mar, rodeada por montañas. Es una enorme cazuela donde toda el agua que cae permanece atrapada y sólo puede desalojarse mediante un complejo sistema de drenajes, túneles y plantas de bombeo.
Durante siglos se desecaron lagos y se entubaron ríos para permitir el crecimiento urbano, pero esa transformación también eliminó los espacios naturales que absorbían el agua de lluvia. En la segunda mitad del siglo pasado se construyeron grandes obras, como el Sistema de Drenaje Profundo, que representó una solución para la población de entonces.
Pero la capital creció mucho más rápido de lo previsto. Hoy, la Zona Metropolitana del Valle de México alberga más de 22 millones de habitantes incluidos los 9 millones de capitalinos que somos, y miles de hectáreas de concreto han sustituido al suelo natural, impidiendo que el agua se infiltre al subsuelo.

Una construcción de drenaje tiene, cuando mucho, una vida útil de 50 o 60 años y el drenaje de la ciudad funciona desde hace más de 200 años. Este sistema ya no tiene capacidad y está completamente rebasado, advirtió el especialista de la UNAM, Agustín Breña, en El País, del 16 de septiembre de 2017. Aquellas obras resolvieron durante décadas el problema de las inundaciones, pero fueron diseñadas para una ciudad mucho más pequeña.
Además, el hundimiento del suelo en la Ciudad de México es de hasta 24 centímetros por año, provocado por la sobreexplotación de los acuíferos, fenómeno que modifica las pendientes del drenaje y reduce su capacidad para desalojar el agua, mientras el cambio climático representado o bautizado como "El Niño" ha incrementado la intensidad de las lluvias. El resultado es un sistema de drenaje que funciona al límite de sus posibilidades.
El Sistema de Drenaje Profundo, obra fundamental del sistema de drenaje de la capital, tiene más de cinco décadas en funciones y los hundimientos del suelo obligan a adaptarlo continuamente, señaló Jesús Campos López, presidente del Colegio de Ingenieros Civiles de México el pasado 1 de julio. Su advertencia confirma lo que millones de capitalinos experimentan cada temporal: el problema ya no puede resolverse únicamente con desazolves o reparaciones menores.
La ciudad enfrenta un gran reto con obras públicas de drenaje envejecidas, que no pueden responder a una realidad completamente distinta para la que fueron diseñadas. Cada lluvia intensa saca a flote esa insuficiencia.

Colonias de Iztapalapa, Gustavo A. Madero, Venustiano Carranza, Xochimilco y Tláhuac figuran, año tras año, entre las más afectadas. "Cuando empezó a subir el agua pensamos que bajaría rápido, pero en menos de media hora ya había entrado a la casa. Perdimos el refrigerador, los colchones y la sala. Lo más triste fue ver llorar a mis hijos porque sus útiles escolares quedaron inservibles", relata María Hernández, vecina de la alcaldía Iztapalapa, quien ha sufrido inundaciones en más de una ocasión.
La basura acumulada en coladeras contribuye a agravar el problema, pero no es la causa principal. Durante décadas se privilegió el crecimiento urbano sin que los sucesivos gobiernos ampliaran al mismo ritmo las obras requeridas.
Se requiere en lo inmediato reparar las redes de aguas pluviales y aguas negras e impulsar la creación de áreas verdes para reducir el riesgo de inundaciones, señalan investigadores del Instituto de Geografía de la Universidad Nacional Autónoma de México.
Los especialistas estiman que modernizar en un todo el sistema de drenaje del Valle de México requerirá inversiones de decenas de miles de millones de pesos durante varios sexenios de gobierno.
Mas no vayamos tan lejos, no seamos tan optimistas. Esta ciudad y el país han visto pasar en la república y en la capital a gobiernos sexenales de todos tipos y colores, y ninguno ha sido capaz de entrarle al toro.
La experiencia de grandes ciudades del planeta es no esperar a que ocurra una tragedia que obligue a modernizar su sistema de aguas negras y pluviales.

La ciudad de Róterdam, en Europa, propensa a las inundaciones, igual que Copenhague en Dinamarca, Tokio y Singapur en Asia, simulando los peores escenarios por las inundaciones que pasaron, han resuelto el problema salvaguardando a su población con sistemas modernos de drenaje, controlando las enormes avenidas de agua pluvial o marítima, y muestran que las inundaciones pueden mitigarse mediante inversiones constantes, recuperación de espacios para el agua de lluvia y equipamiento verde de acuerdo con la planeación urbana.
El gobierno de la Ciudad de México y el de la república deben decidir si únicamente reaccionarán ante cada emergencia o emprenderán la mejoría total de su sistema para acabar de una vez por todas con las inundaciones. Tener siempre presente: esta ciudad es de temblores, falta de agua potable y de inundaciones.
Si las decisiones correctas se toman hoy, muchos de los adultos que actualmente padecen inundaciones podrían alcanzar a ver una ciudad más segura, mientras que las nuevas generaciones tendrían la certeza de que vivir en la capital no significará perder su patrimonio o la vida cada vez que caiga una tormenta.
Las inundaciones no tienen por qué seguir siendo una condena inevitable. La ingeniería, la tecnología y el conocimiento científico existen; lo que falta es voluntad política, valentía para emprender un cambio a fondo.
En vista de los hechos, del desinterés de las autoridades de todos los niveles por poner un alto terminante a las inundaciones y a los temas que interesan verdaderamente a los mexicanos conscientes y preocupados por el presente y futuro de nuestra patria que no pinta bien, la organización y la lucha organizada es la solución y que el futuro sea el de un gobierno nacional encabezado por los trabajadores del campo y la ciudad. Y así emprender un camino para erradicar la pobreza, resolver los grandes problemas y construir un México justo para todos.
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