MOVIMIENTO ANTORCHISTA NACIONAL

Contra la apatía que fortalece al poder

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A lo largo y ancho del mundo todos los días acontecen situaciones que de una u otra forma tienen algún impacto en nuestra vida; sin embargo, la manipulación ideológica ha hecho que perdamos el interés por todo aquello que no nos afecte de manera inmediata. 

Esto no es casualidad, sino el resultado de un proceso largo de dominación ideológica que tiene como objetivo, en última instancia, mantener el control sobre las grandes masas. 

A los dueños de los medios de producción les conviene que se piense que todos tienen la culpa, porque de esa manera ellos eluden su responsabilidad.

El sistema brinda cosas que de forma inmediata acaparan la atención, que no requieren reflexión profunda ni cuestionamientos; es decir, no requieren esfuerzo mental alguno, sólo consumo.

No sólo son las redes sociales, sino que existe toda una industria del espectáculo que trabaja todos los días para controlar lo que las personas pensarán la mayor parte del día y, principalmente, que estén pensando en cómo consumir lo que se les ofrece. 

Esto requiere que todo se presente como mercancía; es decir, que se pueda adquirir en el mercado. El deporte, la música, etcétera, se han convertido en cosas que se pueden comprar. 

Para esto, también se nos ha inculcado la idea de que la felicidad, o la realización del ser humano, tiene que ver con cuánto se posee; que la felicidad se mida en cuánto se puede comprar. 

Vistas así las cosas, se entiende por qué la gran mayoría de la sociedad no se interesa por lo que pasa en un entorno más allá del consumo inmediato, pero ese es un gran error que no nos podemos dar el lujo de cometer, o cuando menos, debemos hacer lo posible para que cada día sean más las personas que se cuestionen en dónde están paradas.

Mientras la indiferencia sea algo común, los que hoy controlan el mundo pueden llevarnos a la destrucción de todos; esa es la lógica del sistema. 

El calentamiento global, por ejemplo, es un problema que se ha generado por el aumento irracional de la producción industrial, que genera los gases causantes del efecto invernadero.

Comúnmente se suele decir que es el ser humano el causante de la destrucción del planeta, y aunque en términos generales es cierto, es una verdad a medias, pues no toda la humanidad tiene la misma responsabilidad. 

A los dueños de los medios de producción les conviene que se piense que todos tienen la culpa, porque de esa manera ellos eluden su responsabilidad; además, de esta manera desvían la atención sobre la concentración de la riqueza producida por la destrucción del planeta. 

Incluso generan estrategias que se supone están pensadas para frenar el calentamiento global, pero que en la realidad no funcionan para eso, pues son estrategias pensadas para generar más ganancias.

Por otro lado, en aquellos lugares en los que la conciencia de la población se ha desarrollado al grado de querer poner un alto a los abusos de los dueños del capital, se desarrolla una campaña propagandística para que todo el mundo crea que en esos lugares se está atentando contra los “valores” que Occidente se ha apropiado y definido muy a su modo: libertad y democracia. 

Se criminaliza y se deshumaniza a aquellos que se han levantado, para que una vez que en la opinión pública se les despoje de todo derecho, se pueda proceder a la intervención directa. Esto es lo que ha pasado en Cuba, Venezuela y prácticamente en todos los lugares en América Latina donde se cuestionan los intereses del capital y se ponen por encima los intereses de los pueblos.

Los festivales de música y deportes como el mundial de futbol tienen el objetivo de atraer la atención y además generar millones de dólares en ganancias para los organizadores, mismos que se coluden con los dueños del poder económico y político. 

Se ha llegado al grado de que, incluso cuando en la industria del deporte alguien se pronuncia a favor de los oprimidos, se utilizan todos los medios para acallarlo. Por eso, nada de la industria del espectáculo es inocente, no hay neutralidad ni apoliticidad; pensar eso es justificar los abusos. 

El mundo requiere que nos interesemos por lo que pasa a nuestro alrededor, porque tarde o temprano no tendremos un lugar para desarrollar nuestra propia vida.

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