En su trascendente trabajo científico, “El papel del trabajo en la transformación del mono en hombre”, redactado en la primavera de 1876, como parte de su obra Dialéctica de la naturaleza, publicado póstumamente en la revista Die Neue Zeit, entre 1895 y 1896, Federico Engels expuso: "El trabajo es la fuente de toda riqueza, la condición básica de la vida humana y el factor principal que ha creado al propio hombre".
Es decir, explicó cómo el trabajo, la producción de instrumentos y el desarrollo social fueron determinantes en la evolución del ser humano.
Si el obrero es quien, con su trabajo en el proceso productivo capitalista, genera la riqueza, ese mismo proceso debe generar las condiciones necesarias para que el obrero cuente con lo indispensable que le permita vivir.
Ya antes, su gran amigo y compañero Carlos Marx había publicado el primer tomo de El capital —14 de septiembre de 1867, en Hamburgo, Alemania— donde analiza el proceso de producción capitalista, la mercancía, el dinero y la plusvalía; demostrando que es el obrero el productor de plusvalor. "La fuerza de trabajo es la única mercancía que produce riqueza".
Pues bien, si el obrero es quien, con su trabajo en el proceso productivo capitalista, genera la riqueza, ese mismo proceso productivo debe generar las condiciones necesarias para que el obrero cuente con lo indispensable para vivir dignamente, como ser humano pleno.
Para ello debe tener trabajo, un salario con poder adquisitivo, una política impositiva progresiva, y que la renta nacional (los impuestos) retorne hacia los mismos obreros, resolviendo los problemas de infraestructura para su bienestar: vivienda, salud, educación, servicios básicos (agua, luz, drenaje, transporte), recreación, etcétera.

Por ello está mal que se hagan cuentas alegres, sólo informando que nuestras exportaciones están en su máximo histórico y que el desempleo está en mínimos históricos (Inegi), sin ir más adelante, pues como cifras abstractas no nos dicen la verdadera situación que vive el pueblo trabajador; no se traducen en bienestar para sus familias. Veamos.
Sobre el trabajo, Inegi reporta su situación en 2025: La población económicamente activa (PEA), es decir, la población de 15 años y más, para 2025 fue de 62.5 millones, teniendo un aumento de 1.1 millones con respecto del año 2024.
De ese número, sólo se ocuparon (emplearon) 60.9 millones (35.6 hombres y 25.3 mujeres) y la población desocupada (desempleo) fue de 1.6 millones, lo que nos da una tasa de desocupación de 2.7%.

De estos datos se desprende el regocijo gubernamental de decir que el desempleo (la ocupación) está en sus mínimos históricos. Pero si le acercamos la lupa a la realidad monda y lironda, nos encontramos que el mismo Inegi informa los datos de la informalidad en 2025, y nos dice que la tasa de informalidad laboral (léase desempleo) cerró el año 2025 con 54.64 %.
Pongamos esto en términos más mundanos: este porcentaje nos dice que de cada diez mexicanos que se reportan como ocupados (empleados) —con trabajo— más de la mitad, más de cinco, "trabajan" en la informalidad. Vimos antes que de los 62.5 millones de la PEA, 1.6 millones está sin empleo; ahora a estos hay que sumarle 32.98 millones que trabajan en la informalidad.
El diccionario de la Real Academia Española (RAE) define lo informal (laboral) como la ausencia de normas y reglas convencionales, lo cual, aplicado al trabajo, implica trabajar fuera de la regulación laboral y de protección social. Esto es: la incertidumbre un día sí y el otro también.

Expliquémonos: los trabajadores informales carecen de seguridad social, no tienen acceso al Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), ni al Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (Issste); acceso a salud formal; no cuentan con vacaciones pagadas; no reciben aguinaldo; no disponen de fondos de vivienda; reciben bajos ingresos; todo ello les mantiene en una gran inestabilidad laboral; por lo tanto, con mayor riesgo de "pobreza laboral".
Ahora bien, si más de la mitad de la PEA se encuentra en la informalidad, sumados los de la PEA que están sin empleo, tenemos 34.20 millones que viven sólo para trabajar yendo de un lado a otro, buscando, encontrando por periodos muy cortos y volviendo a iniciar la búsqueda de trabajo.
Esta es una muestra de la necesidad de aterrizar números e índices a su expresión concreta en la vida del pueblo de México, pues este trabaja y trabaja, en lo que sea, convirtiendo su vida en eso, un vivir sólo para trabajar, sin encontrar bienestar.
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