MOVIMIENTO ANTORCHISTA NACIONAL

Tecomatlán, gobierno del pueblo

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• La administración comunitaria es un ejemplo de unidad y defensa de los intereses colectivos frente al oportunismo

El pasado domingo 11 de octubre de 2026 se presentó el informe de labores de la presidencia municipal de Tecomatlán, Puebla. Es de suma relevancia tener presente que, por regla general en nuestro país, predomina una visión patrimonialista del poder público.

Es decir, quienes arriban a los cargos de elección popular suelen sentarse en la silla edilicia pensando en utilizar la responsabilidad gubernamental para fines estrictamente personales y para la obtención de beneficios propios o de grupo.

En México es un hecho plenamente conocido que una gran cantidad de políticos ingresan a la administración pública con recursos modestos; sin embargo, al terminar su trienio se convierten en personas ricas y poderosas, cambiando radicalmente su condición socioeconómica.

Incluso se recurre con frecuencia al humor popular con bromas conocidas por todos, como aquella que afirma que un político, al concluir su periodo gubernamental, resulta ser idéntico al nopal: porque cada día que transcurre le salen más y más propiedades.

Es por esta lamentable realidad que los puestos públicos, en términos generales, son profundamente codiciados dentro de la dinámica electoral tradicional. Por esa misma razón, muchos políticos buscan desesperadamente convertirse en candidatos, concibiendo sus campañas electorales no como un compromiso social, sino como una inversión financiera estratégica.

Su meta principal consiste en que, una vez alcanzado el poder, puedan recuperar con creces el capital invertido y obtener ganancias sustanciales. No obstante, los miembros del trabajo comunitario y los antorchistas en general no debemos confundirnos ni dejar que estas prácticas manchen la visión del verdadero servicio público.

Los gobiernos revolucionarios impulsados por el Movimiento Antorchista se diferencian de forma sustancial de aquellos de corte tradicional.

La razón fundamental de esta distinción estriba en que es efectivamente el pueblo organizado quien toma las decisiones determinantes para el desarrollo integral del municipio; es la propia ciudadanía la que abandera y encabeza la lucha por la consecución de los recursos necesarios.

Son las comunidades rurales y urbanas las que, mediante la organización colectiva, señalan de manera precisa cuáles son las verdaderas prioridades de sus respectivos pueblos, rancherías o colonias.

Frente a estas demandas, la autoridad municipal actúa en consecuencia, resolviendo los problemas y ejecutando obras públicas en estricta función de sus posibilidades presupuestales y operativas.

Es sumamente importante destacar que, en el marco del segundo informe de gobierno del municipio de Tecomatlán, se contó con la valiosa presencia de quienes precedieron en la responsabilidad ejecutiva al actual alcalde.

En un acto de profunda significación política y social, estuvieron presentes los expresidentes municipales: Ramiro Hernández Merino, Julio César Córdova Merino, Pedro Domínguez Vázquez, Marco Antonio Morán Salas, Nibardo Hernández Sánchez, Concepción Muñiz Escalona, Manuel Melchor Merino Muñiz, Inés Córdova Aguilar, Sara Yolanda Reyes Hernández y Araceli García Carreón.

Esta confluencia representa una muestra contundente de unidad institucional y de continuidad histórica que refrenda, de cara a la ciudadanía, el compromiso indeclinable que los funcionarios públicos de Tecomatlán mantienen con el bienestar de su gente.

Si Tecomatlán ha logrado desarrollarse de manera sostenida a lo largo de las décadas y si ha sido posible darle un seguimiento puntual al progreso material, social, académico y cultural de la región, ello se debe fundamentalmente a que tanto los exalcaldes como el actual presidente municipal, Avelino Cándido Rivera Campos, han sido plenamente respaldados y avalados por el pueblo.

De la misma manera, la propia ciudadanía les exige día con día que cumplan cabalmente con los altos intereses y las aspiraciones de progreso del municipio.

La verdadera democracia, la que se ejerce día con día en Tecomatlán, es la democracia participativa, donde la comunidad discute, fiscaliza, trabaja y determina el rumbo de los recursos públicos.

Resulta indispensable poner de relieve que en Tecomatlán es el pueblo quien realmente gobierna. La organización consciente y activa de los ciudadanos constituye el pilar fundamental para garantizar que no se pierda nada de lo que hasta la fecha se ha logrado edificar con esfuerzo colectivo.

He sabido con preocupación que existen actores e intereses que, tras presenciar los cuantiosos avances alcanzados por la comunidad, pretenden utilizar de manera tramposa el discurso de la "democracia" para intentar apoderarse de la conducción política de Tecomatlán, situándose al margen del pueblo organizado.

Por ello, debo alertar de manera clara y oportuna a todos los tecomatecos: si el poder público llegase a caer en manos de intereses oscuros que no están pensando en las verdaderas necesidades de las mayorías, entonces se pondría en grave riesgo todo el patrimonio social y la infraestructura lograda durante años de lucha incansable.

La historia de Tecomatlán no se puede entender sin la entrega abnegada de sus hombres y mujeres, quienes convirtieron lo que antes era un rincón olvidado en la Mixteca poblana en un verdadero modelo de desarrollo, equidad y progreso social.

En este municipio, las obras de infraestructura básica, los centros educativos de todos los niveles, las instalaciones deportivas de primer nivel y la oferta cultural no han caído del cielo ni han sido concesiones gratuitas del poder central.

Todo lo que hoy engalana a Tecomatlán es el fruto directo de la gestión colectiva, de las marchas, de las comisiones de presión y de la firme determinación de no ceder ante las injusticias.

Por esta razón, la llegada de nuevos proyectos políticos que desconocen la trayectoria de organización popular representa un peligro real para la estabilidad y el crecimiento del municipio.

Quienes hoy pretenden ostentarse como salvadores o promotores de una "democracia" abstracta suelen ser los mismos que en el pasado ignoraron las carencias del pueblo o que ven en la administración pública una oportunidad para el enriquecimiento personal.

La democracia verdadera no consiste simplemente en depositar un voto en las urnas cada tres años para luego dejar la toma de decisiones en manos de un pequeño grupo de privilegiados.

La verdadera democracia, la que se ejerce día con día en Tecomatlán, es la democracia participativa, donde la comunidad discute, fiscaliza, trabaja y determina el rumbo de los recursos públicos.

Es vital que la juventud tecomateca, las nuevas generaciones que han crecido disfrutando de escuelas de calidad, villas estudiantiles, campos deportivos y un entorno seguro, comprendan las raíces de este proyecto.

Ningún avance es permanente si no se cuida con celo defensivo; los logros acumulados pueden desmantelarse rápidamente si se permite que la apatía o la desinformación abran paso a gobiernos improvisados o serviles a intereses ajenos al bienestar común.

La continuidad del progreso en Tecomatlán exige el fortalecimiento de las asambleas, el trabajo coordinado entre autoridades y ciudadanos, y una vigilancia permanente sobre la honestidad de la gestión pública.

El ejemplo que Tecomatlán ofrece al estado de Puebla y a toda la república mexicana es contundente: cuando el pueblo se organiza, educa y toma en sus manos la conducción de su propio destino, la transformación social deja de ser una promesa de campaña para convertirse en una realidad palmaria y cotidiana.

Mantener la unidad, respaldar a sus autoridades legítimas y defender el proyecto de desarrollo integral son los deberes primordiales del presente para asegurar el futuro de las próximas generaciones.

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