MOVIMIENTO ANTORCHISTA NACIONAL

Sólo la lucha de los pueblos puede detener la guerra

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• 60 % de estadounidenses rechaza la guerra y crece la resistencia global

“El capitalismo trata de sobrevivir sometiendo al mundo; creen que si lo logran tendrán ríos de materias primas gratis, ríos de minerales gratis, de tierras raras, de oro, diamantes, etcétera, y que así saldrán adelante de sus problemas. Creo que no, porque eso significaría que todo el mundo se dejara someter como si fueran corderos llevados al matadero y considero que eso no va a pasar. 

Los pueblos van a tener que tomar consciencia de lo que está pasando, del riesgo que corren de perder, incluso, el suelo donde viven, donde cultivan su alimento, crían a sus animales, lo que es su patria.

Los pueblos van a tener que tomar consciencia de lo que está pasando, del riesgo que corren de perder, incluso, el suelo donde viven, donde cultivan su alimento, crían a sus animales, lo que es su patria; ¡van a tener que defenderlo, van a tener que oponerse!”, fueron las visionarias palabras del ingeniero Aquiles Córdova Morán, líder del Movimiento Antorchista Nacional, en una entrevista con la revista Buzos de la Noticia el pasado 31 de enero del presente año. “El mundo no se va a someter ante un capitalismo en irreversible decadencia”; sentenció.

28 días después, los acontecimientos mundiales le están dando la razón. La forma en que Irán está respondiendo a los ataques de Estados Unidos e Israel ha tomado por sorpresa a los belicosos imperialistas, quienes esperaban que, una vez eliminado el líder, podrían colocar fácilmente a un títere en su lugar.

Aun en el caso de Venezuela, donde el secuestro de su presidente Nicolás Maduro fue una operación aparentemente exitosa, es evidente que ahí los estadounidenses tampoco han podido sustituir al mandatario por un elemento que puedan manejar a su gusto. 

En este caso, se habla de una “retirada táctica” que ha tenido que hacer el chavismo ante su actual incapacidad para hacer frente a un enemigo muy poderoso, de acuerdo con Telesurtv, 14 de marzo de 2026; pero los cambios internos que se han visto obligados a realizar de ningún modo constituyen una renuncia a sus ideales y principios.

En ambos acontecimientos, el de Irán y el de Venezuela, se refleja la resistencia que los gobiernos soberanos oponen al intervencionismo y su nula o escasa disposición a plegarse a los intereses de las élites norteamericanas. 

Otra característica que comparten los dos países es que sus pueblos, lejos de dividirse y confrontarse, han cerrado filas con sus autoridades en su lucha contra los intereses extranjeros.

La situación actual nos coloca a todos los habitantes de la tierra a decidir de qué lado queremos estar: del lado del imperialismo, que con argumentos que ya no se preocupa por disimular habla abiertamente de su deseo de apropiarse del petróleo y de los recursos naturales de los países débiles; o del lado de los que luchan por un mundo multipolar, donde cada nación tenga derecho a crecer y desarrollarse económicamente; del lado del imperialismo unipolar explotador y decadente o del lado del multipolarismo. O más claro, como lo dijo el maestro Aquiles Córdova: apoyar a los invasores o defender nuestra tierra.

Está claro que Estados Unidos e Israel echarán mano de todas sus argucias y de todo su poder en los medios de comunicación, las redes sociales y los grupos políticos de derecha para convencer a la población de ponerse de su lado y darle carta abierta para continuar con las guerras de exterminio y de saqueo donde quiera que se les antoje; volverán a mentir descaradamente como lo hicieron en las últimas décadas. 

Dirán que luchan contra las armas de destrucción masiva, contra el terrorismo, las bombas atómicas o contra dictadores y tiranos; jurarán que ellos representan el bien luchando contra el mal y asegurarán, como ya lo hacen, que son el pueblo elegido por fuerzas divinas para apropiarse de todo lo que quieran; pero no hay que olvidar que los norteamericanos, a lo largo de sus 250 años de historia, han propiciado más de 400 guerras por todo el mundo sólo para satisfacer sus propios intereses. Por lo tanto, no hay que dejarse engañar. 

Hay que tomar conciencia de que la única fuerza capaz de detener el expansionismo estadounidense es la clase trabajadora mundial luchando unida bajo el único propósito de detener la guerra y exigir el respeto a la soberanía y autodeterminación de las naciones.

Esta tarea, aunque a primera vista parece muy compleja y difícil de llevar a la práctica, ya ha demostrado su efectividad cuando la gente ha mostrado decisión y voluntad. 

Hace apenas algunos meses, por ejemplo, en octubre de 2025, hablábamos en este mismo espacio de la forma en que la presión popular en diferentes partes del planeta contra el genocidio en Gaza había obligado a Israel y a Estados Unidos a dar marcha atrás, cuando menos en intensidad, a su campaña de despojo y aniquilación de los palestinos radicados en aquella parte del mundo.

En aquel entonces, sindicatos de trabajadores como los estibadores de Génova, Italia, y los del puerto Pireo, en Grecia, paralizaron puertos y ferrocarriles en alrededor de 80 ciudades europeas; tales protestas fueron replicadas en diferentes latitudes, incluido México, por estudiantes, artistas, organizaciones civiles, deportistas y la llamada Flotilla Global Sumud, hasta lograr un alto al fuego.

Hoy, una vez más, los pirómanos de siempre eligen guerra en vez de paz; insisten en lanzarse a controlar Irán para limitar a China, su principal adversario; pero no quieren ir al frente a pelear, allá mandan a los hijos de los trabajadores a morir por su causa; en este contexto, Donald Trump ha ideado la formación de un “Escudo de las Américas” para que sean los latinos los que vayan a servir de carne de cañón en Medio Oriente.

Ante tal situación, miles o tal vez millones de ciudadanos en el mundo se han levantado para repudiar la guerra. Se sabe, por ejemplo, que dentro del propio territorio estadounidense más del 60 % de sus habitantes se oponen a las políticas de Trump; lo mismo pasa con algunos países europeos como España; mientras que algunos países de Oriente Medio se preguntan si vale la pena tener en su territorio bases militares estadounidenses que, lejos de servirles de protección, lo único que les ha acarreado es ser blanco de los bombardeos iraníes. 

Por lo tanto, ante la agonía de un imperio que se niega a ceder su lugar a un nuevo orden mundial y pretende prolongar su existencia violando sus propias reglas que en el pasado le permitieron afianzarse, no hay alternativa más que hacer crecer y fortalecer la unidad de los pueblos del mundo, elevar la conciencia y disponerse a luchar en favor de quienes aman la libertad y el progreso.

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