Progreso y bienestar para las familias han sido las banderas actuales bajo las cuales los partidos autodenominados “regeneradores” o de “izquierda”, han convencido a las mayorías para resultar favorecidos con su preferencia en las elecciones. Hay otras acciones legalmente permitidas por la democracia en nuestro país para “sensibilizar” la voluntad de los millones de necesitados, por ejemplo, la perversa manipulación de los apoyos materiales y económicos, derecho de todos los mexicanos, y su orientación hacia la formación y cautiverio de un sector incondicional que, agobiado por la necesidad de resolver sus problemas inmediatos, fastidiado por las promesas incumplidas, apruebe, sin un razonamiento previo, los proyectos, medidas y candidaturas de quienes se presentan como renovadores.
Estas acciones manipuladoras de voluntades que se sustentan en la necesidad económica del pueblo, no son nuevas. Las encontramos en varios episodios de nuestra historia nacional; van desde las más burdas, como las carretas de pan o los bolillos repartidos al pueblo por los partidarios de Porfirio Díaz el día de las elecciones, hasta las más refinadas como la inclusión de ciertos sectores específicos de la sociedad, preferentemente en edad de votar, en programas de apoyo monetario directo.
La distribución de apoyos económicos y otras medidas como el incremento al salario mínimo, generan una apariencia que confunde a la población y dificulta la identificación de las alternativas para acabar con su condición de pobreza. A simple vista son medidas que benefician a ciertos sectores de la población y a quienes laboran en un empleo formal; sin embargo, se trata de pequeñas reformas dentro del marco capitalista, que ofrecen un pequeño bienestar inmediato pero efímero, es decir, de corta duración, por lo que, dentro de pocos días, las cosas regresan al estado en que se encontraban anteriormente o incluso, sufren algún tipo de retroceso.

Esta serie de medidas o reformas, no permiten reconocer nuestra condición de clase trabajadora, nuestra situación como sometidos y explotados por una minoría por los grandes propietarios de los medios de producción, y, por tanto, impiden la acción política de las mayorías empobrecidas consistente en organizar la sociedad de diferente manera, para erradicar definitivamente las desigualdades y la injusticia social.
Es necesario que los trabajadores identifiquen con toda certeza sus intereses como clase social, que no los confundan con aquellos que sólo les proporcionan un beneficio inmediato y pasajero, que si bien es cierto son necesarios y también hay que luchar por ellos, sin embargo, no modifican, de ninguna manera nuestra condición de explotados.
Los obreros en Dinamarca, por ejemplo, tienen mejores condiciones materiales, un nivel de vida más elevado, con toda seguridad su alimentación es buena, lo mismo que la atención a su salud, en comparación con lo que viven los trabajadores mexicanos; sin embargo, ellos también sufren la explotación laboral, como es característico de los países en donde impera el capitalismo como sistema de producción y no se librarán de ella mientras prevalezcan estas condiciones.

Dentro del sistema capitalista de producción, independientemente de las condiciones materiales y económicas particulares que los trabajadores tienen en cada país o región determinada, de la diferencia que surge al compararlas con las que tienen otros compañeros suyos en otras partes del mundo en donde rige el mismo sistema, encontramos que, todos ellos están sometidos a la explotación, que es impuesta a los trabajadores y de donde se extrae la plusvalía de la cual se apropian los dueños de los medios de producción, dejando sólo migajas a quienes gastaron su energía física e intelectual en la elaboraron los productos.
Tan grande es el engaño que provocan esas medidas reformistas que, un trabajador puede contar en su vivienda con cierto grado de acceso a la tecnología o a elementos materiales que le proporcionan alguna comodidad como, por ejemplo, un refrigerador, muebles para el descanso, un televisor o un teléfono celular, pero eso no significa que haya alcanzado el mismo nivel de vida que tienen las familias de los grandes acaudalados, ni tampoco, que haya reunido fácilmente el dinero necesario para adquirirlos; para hacerlo, estuvo sometido a una jornada de trabajo agobiante, durante la cual, sin que se hubiera percatado de ello, vivió en su propio ser, esa explotación económica.
De hecho, ocultar a los trabajadores el proceso de explotación, para que no tomen conciencia de ello, se ha convertido en todo un arte propio de los grandes empresarios y sus defensores. Para eso tienen a su servicio las instituciones educativas, las diferentes iglesias, la familia tradicional y los medios de comunicación de masas, impregnadas todas de la esencia de la ideología del capitalismo a la cual sirven de correa de transmisión hacia el pueblo.

Un ejemplo inmediato y doloroso del refinamiento del engaño, que oculta nuestra realidad como clase social, lo representa la alta probabilidad de encontrar, al interior del pueblo trabajador, alguna que otra persona que no se inconforme con nuestra condición de explotados, que viva resignado, que defienda y justifique el abuso cometido contra los verdaderos creadores de la riqueza material y, de pasada, también a todas las condiciones sociales y económicas engendradas por ella y que lastiman significativamente a todos los pobres.
No es difícil encontrar, frente a una movilización vecinal, alguna lucha obrera, o alguna otra expresión popular que reivindique el derecho a mejores condiciones de vida, a personas que no comprenden las razones de quienes sufren y se organizan haciendo uso de sus derechos constitucionales, y, en muchas ocasiones, recriminan a quienes en ellas participan, gritan, denigran y ofenden, sin comprender que su actitud en contra de sus hermanos de clase, justifica y defiende gratuitamente a quienes se benefician de la injusticia social, de la explotación laboral, o sea, a los grandes millonarios.
Ahí están algunos de los efectos negativos de la perversa manipulación que hace el gobierno y los empresarios de esos supuestos beneficios para la población; no significan otra cosa más que ilusiones reformistas y el impedimento del desarrollo de nuestra conciencia de clase.
Este es el reto que enfrenta una organización que se ha propuesto contribuir a la educación política y concientización del pueblo trabajador para que, con la participación de todos, identifiquemos al principal causante de nuestra pobreza y los males sociales que de ella emanan y luchemos unidos, no sólo para conseguir beneficios materiales inmediatos, sino también para encontrar las vías de nuestra liberación de la esclavitud asalariada.
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