MOVIMIENTO ANTORCHISTA NACIONAL

No es castigar a la izquierda, es llevar al pueblo educado al poder

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• Ante el avance conservador, organizar multitudes resulta clave para transformar nuestra realidad social

Hoy más que nunca, es importante que los sectores populares se organicen, se eduquen, aprendan a unir las fuerzas individuales para convertirlas en una fuerza colectiva, capaz de defender sus intereses y participar activamente en la lucha para transformar las condiciones sociales que afectan a millones de familias.

En los últimos años, América Latina ha sido testigo de la fuerza que está cobrando la derecha.

En diversos países, un pequeño grupo de grandes magnates busca llevarse los recursos naturales y las riquezas que producen los trabajadores del mundo, para dejar a aquellos más pobres y no permitir su libre desarrollo.

Esto lo hacen atribuyendo y haciendo creer a las masas empobrecidas que las crisis económicas son culpa de la dictadura y del sometimiento de gobiernos de izquierda.

Aunque el verdadero fondo del problema no se encuentra ahí, sino que está oculto en los intereses económicos que los mueven, a quienes se empeñan en concentrar todo recurso natural que aumente sus fortunas.

En América del Norte y Central se encuentran México, Belice, Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua y Panamá.

En el Caribe están Cuba, Haití y República Dominicana. En América del Sur se ubican Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, Paraguay, Perú, Uruguay y Venezuela.

Ahora bien, ¿de dónde nace el concepto de derecha?

Este concepto inició con el nacimiento de la democracia capitalista tras la Revolución francesa. La Asamblea Constituyente de Francia preguntó a los asistentes cuánto poder debía tener el rey.

Los que querían mantener la monarquía, o sea los conservadores, se sentaron a la derecha. En oposición, al lado izquierdo se sentaron los representantes de la eliminación de la monarquía, o sea los revolucionarios.

En resumen, lo definiré así: la derecha ha defendido, a lo largo de la historia, a los explotadores del pueblo, a las élites gobernantes.

Por otro lado, los que se identifican con la izquierda son los que están del lado del pueblo y que luchan por una verdadera democracia, o sea, que el pueblo gobierne.

Para entender cómo va cobrando terreno, entre 2023 y 2026 en dieciséis países gobernaba la izquierda contra ocho de derecha.

En el último periodo quedaron once y trece, respectivamente, ganando terreno los defensores de la opresión y el saqueo.

Pero recordemos que desde los años 2000 gobernó una ola de izquierda en América Latina: Hugo Chávez en Venezuela, Lula da Silva en Brasil, Néstor Kirchner en Argentina, Evo Morales en Bolivia, Rafael Correa en Ecuador y el último, México en 2018.

La llegada de la izquierda surgió con el argumento del cansancio de la crisis económica y política en una región muy desigual, y por dos décadas se mantuvo.

Sin embargo, la derecha ha recuperado terreno, como en Colombia con Abelardo de la Espriella, quien ganó en 2026; en Perú con Keiko Fujimori desde el 28 de julio de 2026.

Lo más actualizado es que Flávio Bolsonaro ha ganado el domingo la primera vuelta de la presidencia de Brasil con el 47 % de los votos, dejando a Lula en segundo lugar.

Pero eso no es todo, en otros países sigue al frente la izquierda, como Cuba, que se convirtió en un gobierno de este tipo desde 1959 tras el triunfo de la Revolución cubana. Hoy sigue la corriente ideológica del Partido Comunista de Cuba bajo la dirección de Miguel Díaz-Canel.

Ahí, Estados Unidos está “asesinando” a Cuba de forma lenta con un bloqueo “abusivo e ilegal” para someter a un castigo a un pueblo que eligió el comunismo y que siempre ha sido solidario y ejemplo en salud, educación y cultura.

En Venezuela, han de recordar que el 3 de enero de este año nos levantamos con la noticia de un ataque protagonizado por un comando armado de los Estados Unidos. Se llevaron ilegalmente al presidente Nicolás Maduro y a su esposa.

Los antorchistas lo condenamos y calificamos como un acto que vulnera la soberanía nacional de aquel país hermano.

Debemos hablarle a la gente de que es posible cambiar y de que nosotros podemos dar la lucha por mejorar las condiciones de nuestro país.

Además, esto no se trataba de una medida justiciera ni promotora de la democracia, sino que respondía a intereses estratégicos, particularmente al control de los recursos petroleros y otros bienes con los que cuenta Venezuela.

Esto se explica por dos causas. Primero, el desgaste de la izquierda que prometió mucho y cumplió poco, pues no se lograron reformas fiscales reales.

En los años de su gobierno cargó con corrupción, violencia e inseguridad sin resolver de fondo el problema de su país.

En segundo lugar, por la ofensiva de Estados Unidos para recuperar todo terreno posible ante su pérdida de poder frente a China, buscando frenar la caída global de la tasa de ganancia.

Lo que hace el presidente de Estados Unidos no es una demostración de poderío o de estar en la cumbre del poder político, económico y militar de su país.

El imperialismo, con Donald Trump a la cabeza, está consciente de que ha entrado en una fase de decadencia que para muchos es irreversible.

El maestro Aquiles Córdova, secretario del Movimiento Antorchista, ya advertía que los poderosísimos monopolios norteamericanos han optado, porque creen que eso les conviene, por automatizar cada vez más el proceso productivo y sustituir a los trabajadores por máquinas.

Además, las guerras emprendidas por todo el mundo, en Yugoslavia, Libia, el norte de África y Afganistán, donde no ha cesado la violencia, no son para llevar la democracia ni el respeto a los derechos humanos.

Esas guerras están ideadas para extraer recursos de países que invaden y tener asegurado el abasto de materias primas. También sirven para vender armas, “el negocio por excelencia del imperialismo”, tratando de sobrevivir sometiendo al mundo.

Creen que si lo logran tendrán ríos de materias primas gratis, minerales, tierras raras, oro, diamantes, etcétera, y que así saldrán adelante de sus problemas.

Ahora, ¿en qué punto queda la izquierda? En aquella a la que le faltó una doctrina clara, organizar, concientizar y educar al pueblo.

También le faltó dar respuesta a los problemas más sentidos de la gente en educación, desarrollo y salud, como sucedió en la pandemia de Covid-19, donde miles de personas murieron.

Faltó hacer conciencia de que la salida a los problemas del país no estaba en ir para atrás, sino para adelante, y los ejemplos de Colombia, Brasil o Perú nos deben servir a los mexicanos y chiapanecos.

Porque la salida no está en castigar a la izquierda y ahora votar por la derecha, sino en llevar al pueblo trabajador al poder. Un pueblo consciente y educado; la salida es que el pueblo sea el que gobierne.

La derecha sí que sabe matar, reprimir y emplear la fuerza, la violencia y echar a la basura las leyes para imponer su voluntad.

Usa el poder de ideologización que tiene en sus manos, como los medios de comunicación, la tecnología y las iglesias que están en manos de los grupos más privilegiados.

Le hacen creer a la gente que no puede hacer cosas grandes, que no puede participar en política, o que quien nació pobre debe morir en la miseria.

Te dicen que eres pobre porque no trabajas, cuando la realidad es que tú trabajas más de ocho horas para llevar lo más elemental y, aun así, no alcanzas a cubrir todas las necesidades básicas.

Por todo esto, compañeros, estamos llamados a dar la lucha ideológica, difundiendo las ideas de la organización.

Debemos hablarle a la gente de que es posible cambiar y de que nosotros podemos dar la lucha por mejorar las condiciones de nuestro país.

Hay que explicarles que no estamos solos, que existen varios pueblos luchando por salir adelante, como Libia en África, Irán ahora que lo bombardean, la Franja de Gaza en Palestina o la digna y combatiente Cuba.

Y, además, decirle a la gente que, llegado el momento de defender a México de las injerencias extranjeras, debemos levantarnos en lucha y defender nuestro territorio.

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