• Desde 1970 la opacidad oficial impide que el pueblo dimensione el nulo crecimiento de la economía nacional
En un trabajo cuya primera impresión se realizó en 1970 con el título "El milagro mexicano" de los autores Fernando Carmona y colaboradores, se asentaba una interesante acusación y se daban los elementos de juicio (Preludio: cuidado con los datos estadísticos. El milagro mexicano, editorial nuestro tiempo): las estadísticas oficiales dadas a conocer por las dependencias para el consumo nacional, además de falseadas, eran incompletas, no permitiendo considerarlas mínimamente fiables; a veces, ni para "investigadores" extranjeros que siempre recibían en ese sentido un trato preferencial con respecto a los de casa.
La propiedad privada capitalista es la principal responsable de la concentración de la riqueza en unas cuantas manos y la aplastante miseria de las mayorías.
Aún con eso, dicen, el trabajo de investigación en general se tenía que realizar tratando de orientarse lo mejor posible en el entramado de datos requeridos para poder aproximarse cuando menos a una imagen de la realidad nacional.
El asunto viene a cuento porque da la impresión de que, con las reformas legales y la intervención gubernamental de la 4T durante el sexenio anterior, llamado del primer piso, en los organismos como el desaparecido Coneval, el Inegi, etcétera, y las modificaciones a los parámetros para medir la pobreza; o en el manejo de las cifras reconocidas en asuntos que son temas sensibles para los ciudadanos y para el propio gobierno aunque no sean de índole económica, resultan cuando menos maquilladas o incompletas para favorecer la "tranquilidad" de los ánimos en unos y de las conciencias en otros.

Así pasó, por ejemplo, con el número de las defunciones por Covid-19, que siendo escandalosamente mayor quedaron un sinnúmero no reconocidas porque se les aplicó otra denominación, y así sigue sucediendo con las cifras que revelan el grave problema de la inseguridad en prácticamente todo el país; o con los indicadores del crecimiento de la economía nacional (muy pequeño, por cierto), así como con los indicadores de la inflación o aumento de los precios de las mercancías, el desabasto de medicamentos en los sistemas de salud pública.

En fin, prácticamente en cualquier tema que sea de interés para las grandes masas, cuando estas quieren hacerse una idea clara de lo que está pasando realmente en el país para poder tomar sus providencias en la medida de sus posibilidades, o para normar, en todo caso, sus decisiones futuras, sobre todo en el ámbito político que tiene que ver, y mucho, con las riendas del país, y, por tanto, con las grandes decisiones que nos afectan a todos, como la implementación de las políticas económicas que benefician o perjudican a tal o cual clase social, e incluso con la permanencia, modificación o hasta con la sustitución necesaria de la formación socioeconómica actual caracterizada como de propiedad privada capitalista, principal responsable de la absurda concentración de la riqueza en unas cuantas manos de los más ricachones, y la aplastante miseria de las grandes mayorías a pesar de su arduo trabajo por el que reciben a cambio salarios de hambre y nulas oportunidades de la llamada movilidad social.

Sin embargo, sean como sean, los datos estadísticos son necesarios, desde mi punto de vista, y también es necesario conocerlos y hacer siempre una valoración objetiva de ellos, sobre todo porque las grandes masas empobrecidas y aportadoras de su fuerza de trabajo —cuya explotación es la fuente de la producción de todos los bienes materiales de que disfruta toda sociedad y, por tanto, también de la parte de excedente o no remunerada de la jornada de trabajo, medido en tiempo de desgaste de aquella, nombrada como plusvalía por la economía política y que nosotros conocemos simplemente como ganancia que se queda en manos de los patrones o industriales—, deben hacerse a través de ellos una imagen lo más aproximada posible de la realidad en cada uno de los rubros que constituyen las partes de que se compone la vida social de nuestro país, cuyo eje fundamental, que le da estructura y determina la serie de relaciones que establecen los individuos con el resto de la sociedad, es la economía.
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