MOVIMIENTO ANTORCHISTA NACIONAL

La "inteligencia artificial": creación del hombre al servicio del capital

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Esos dispositivos inventados no hace mucho tiempo que, como consecuencia de la poderosísima propaganda de los dueños de los medios de producción y, consecuentemente, de los medios de comunicación, se han inyectado en la cultura popular con el nombre de “inteligencia artificial” (IA), están en el centro de una polémica sobre su uso y hasta sobre sus peligros reales o supuestos, pero las motivaciones del diferendo muy poco tienen que ver con el bienestar y la seguridad de los seres humanos. Las causas del supuesto encono son mucho más prosaicas.

Comienzo por exponer mi pensamiento en torno a la denominación “inteligencia artificial”. Estamos ante otro de los mitos mediante los cuales se pretende hacer creer a los trabajadores que existen seres dotados de inteligencia, creatividad y capacidad de trabajo, o sea, los miembros de la clase social que los explota y domina, que poseen el genio de crear artificialmente la inteligencia (sin comillas), o sea, mecanismos elaborados por la mano del hombre que piensan, sienten y reaccionan como el hombre… y hasta mucho mejor y más rápido.

Pero resulta que la inteligencia, la conciencia, la capacidad de reflejar a la realidad y transformarla de acuerdo con propósitos concebidos previamente, es exclusiva de los seres humanos y tiene su asiento en el cerebro, en una estructura material que no es solamente la suma de elementos químicos e impulsos eléctricos, sino, sobre todo, la consecuencia de la existencia humana, del trabajo y de la vida en sociedad. Ni la conciencia ni la inteligencia, una de sus múltiples manifestaciones, pueden ser creadas por la mano del hombre. Estoy plenamente convencido de que atrás del dispositivo llamado “inteligencia artificial”, está siempre y en todas partes, la mano peluda de uno de esos individuos (o uno de sus fieles servidores) que viven como monarcas gracias al tiempo de trabajo no pagado.

La llamada “inteligencia artificial” la desempeñan mecanismos materiales creados por la mano del hombre. Incluso, si algún día, un mecanismo de “inteligencia artificial” llega a ser construido por otro mecanismo de “inteligencia artificial” (como parece que ya sucede), para no caer en engaños fabulosos, sólo tendríamos que recorrer hacia atrás la cadena de “constructores artificiales” de “inteligencias artificiales” para encontrar una sencilla y amable inteligencia natural, o sea, la hábil y sacrificada mano de una madre o un padre de familia que trabaja una jornada fija y gana un salario miserable que apenas le alcanza para regresar al día siguiente a seguir creando “inteligencia artificial” a partir de energía humana, la única capaz de crear riqueza.

Ahora, ya, en estos calamitosos tiempos, ocultos en locales o viviendas de barrios infectos de países del llamado Sur global, podemos hallar a centenares de miles, 400 o 500 mil, desdichados sin prestaciones de ningún tipo (ni horarios fijos) que pronto pueden llegar a ser más de un millón, que se dedican a “alimentar” a los asombrosos mecanismos de “inteligencia artificial”, “data workers”, les llaman. Esa simple realidad material, el tiempo de trabajo no pagado, también conocido como plusvalía, es la que explica sobradamente las fabulosas ganancias que ya tienen las empresas que producen dispositivos de “inteligencia artificial”.

Sí, porque son muy inteligentes, pero como la vieja cucaracha de las canciones infantiles que necesitaba marihuana para caminar, para que esos mecanismos, por ejemplo, distingan voces, necesitan que alguien, un sencillo ser humano los alimente durante días, meses y años con todas las voces que los mecanismos legales o ilegales al servicio -por supuesto- de los poderosos, han podido concentrar. Asimismo, sólo como otro ejemplo, para que distingan la pornografía “legal” de la pornografía “ilegal” y “tomen decisiones” para aprobarla o rechazarla, es indispensable que un ser de carne y hueso revise y catalogue cientos de miles de horas de textos e imágenes hasta quedar fuera de sus cabales.

La llamada ‘inteligencia artificial’ no es más que un nuevo dispositivo, una máquina nueva para enfrentar la agresiva tendencia decreciente de la tasa de ganancia.

No es todo. Para guardar y, en su momento, utilizar, toda esa información, es necesario construir almacenes de datos (que también los edifica el hombre con su inteligencia natural) que devoran enormes volúmenes de agua y electricidad. En una nota de La Jornada, firmada por Dora Villanueva, se dice que Efrén Pérez de la Mora, gerente de gestión del conocimiento de Oxfam México, declaró que “esos centros de datos son una ‘infraestructura digital sumamente contaminante’…. (y que) un solo centro de datos grande consume hasta 19 millones de litros de agua al día, el equivalente al consumo de una ciudad de hasta 50 mil habitantes. En Querétaro, donde la sequía extrema pegó a más del 94 por ciento del territorio entre 2024 y 2025, los centros de datos lideran su expansión, ahí Microsoft posee autorizaciones para extraer hasta 25 millones de litros anuales de agua en un solo pozo”.

En cuanto a la energía eléctrica consumida, comparto con el amable lector la siguiente información: “Las proyecciones del Lawrence Berkeley National Laboratory, publicadas en diciembre de 2024, anticipan que para 2028 más de la mitad de la electricidad consumida por los centros de datos se empleará en IA. En ese escenario, la IA podría llegar a consumir anualmente tanta electricidad como el 22 por ciento de todos los hogares de Estados Unidos”.

Insisto, no es todo. Además de lo dicho, la llamada “inteligencia artificial” puede ser y ya está siendo usada para la guerra. La etapa senil en la que se encuentra el modo de producción capitalista ha creado realidades difíciles de creer: por un lado, ha generado insólitas cantidades de seres humanos sin trabajo y sin posiblidades de obtenerlo y, por otro, produce cada día volúmenes inmensos de mercancías que tienen que venderse (a esos desocupados sin ingresos). Como la contradicción no puede resolverse, los grandes productores de mercancías abandonan su área tradicional para pasarse a producir y vender mercancías para la guerra. Sus escrúpulos no les alcanzan para distinguir entre la producción de biberones y la de vehículos artillados; sólo les interesa que el proceso de trabajo de esas dos mercancías genere plusvalía y, como ya dijo Vespaciano, el dinero no huele.

Vemos así una Europa muy debilitada -por decir lo menos gacho- en donde la histórica Volkswagen se dispone a despedir a 100 mil obreros en los próximos años mientras hace arreglos para desplazar su producción al armamento. Y para esos nobles propósitos, la llamada “inteligencia artificial”, juega un papel muy importante.

Dijimos al inicio de este escrito que la polémica de los poderosos en torno a la “inteligencia artificial” no era en torno a sus peligros para la humanidad, como se ha querido hacer creer cuando se publicita que el investigador de IA, Jacob Coxon, abandonó esa industria acusando a las empresas estadounidenses OpenAI y Anthropic de "jugar con nuestras vidas" en la carrera por desarrollar modelos capaces de automejorarse. A lo que Donald Trump respondió que las voces que piden llevársela más despacio en el desarrollo de la IA son “fuerzas negativas”. La discrepancia existe pues, no hay duda, pero no tiene como causa la seguridad y la vida de los seres humanos. En cuanto a ello, ya hemos visto aterrados cuánto les importa a los señores del dinero la vida de los pobres de la tierra en Gaza, en Irán, en Cuba y en lo que todavía está por llegar.

No nos engañemos, la misteriosa causa fundamental es económica. Resulta que las grandes empresas que se dedican a la IA, sobre todo las norteamericanas, han realizado inversiones colosales para montar sus empresas y para ello han contratado créditos millonarios. Sólo que la crisis que ronda actualmente al modo capitalista de producción anuncia cada vez con más elementos el arribo de una crisis mundial que tirará por los suelos las ganancias, incluidas las de las entusiasmadas empresas de IA. Hacen pues, campaña propagandística para disminuir el volumen y la velocidad de sus inversiones sin exhibir la cruda realidad ante sus socios y clientes.

La llamada “inteligencia artificial” no es más que un nuevo dispositivo, una máquina nueva para enfrentar la agresiva tendencia decreciente de la tasa de ganancia que azota a todos los capitalistas del mundo, procurando una mayor productividad en las empresas, más producción en el mismo tiempo. Está, pues, al servicio del capital. Sólo que ya los obreros no se engañarán creyendo que el dispositivo -como en su tiempo la máquina de vapor- es su enemigo natural, ni querrán proceder a destruirlo como los luditas en su tiempo. No, ahí no está el adversario y la amenaza, no en los mecanismos sino en los hombres que los utilizan para arrancar sin misericordia tiempo de trabajo no pagado. Educando y organizando, los obreros cobrarán plena conciencia.

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