Cada 24 de enero se conmemora el Día Internacional de la Educación, proclamado por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 2018 para reconocer el papel esencial de la educación en la paz y el desarrollo social.
Sin embargo, en nuestro país la efeméride choca con una realidad: la educación no está rompiendo los ciclos de pobreza, sino que está reflejando y profundizando la desigualdad social en la que viven millones de mexicanos.
México enfrenta hoy una de las crisis educativas más graves de su historia, a causa del abandono de 5 millones de estudiantes en los últimos tres años.
Los datos del Instituto Mexicano para la Competitividad son alarmantes: más de 6.4 millones de niños, niñas y jóvenes, el 18 % de la población escolar de tres a dieciocho años, no asisten a la escuela. Esta cifra sitúa a México por encima del promedio de América Latina y del mundo en desigualdad educativa.
México enfrenta hoy una de las crisis educativas más graves de su historia, a causa del abandono de 5 millones de estudiantes en los últimos tres años.

Esta deserción no es a capricho, se ensaña con los estados más pobres como Chiapas y Guerrero, y se agudiza en el nivel medio superior. Mientras las cifras oficiales presumen coberturas de matrícula superiores al 90 %, en el aula la realidad es otra: rezago, infraestructura deficiente y falta de recursos. Como bien se dice: “Un pueblo que se educa no se conforma; pero un pueblo ignorante tendrá que aceptar el destino que le toque”.
Ante este desastroso escenario, el Movimiento Antorchista Nacional se presenta como un faro de luz. Tras medio siglo de existencia, ha planteado su labor educativa como una respuesta directa a estos desafíos. Sus escuelas no buscan sólo el cumplimiento académico, sino una formación integral y progresista, centrada en la educación académica, cultural y social de los estudiantes.

El trabajo de Antorcha demuestra que la conciencia social no es espontánea, sino que se construye. Miles de jóvenes han encontrado en sus aulas y casas del estudiante un espacio para formarse y, sobre todo, para entender que su papel histórico va más allá del aula, que es cambiar su realidad a través de la lucha social.
En este Día Internacional de la Educación, la reflexión es clara: aquí está el Movimiento Antorchista Nacional. Sabemos que el reto educativo es enorme, pero también lo es la oportunidad.
Si la juventud se educa políticamente, puede convertirse en la fuerza que México necesita para construir un país más justo y humano, porque sólo la educación, unida a la lucha consciente, permitirá transformar verdaderamente a nuestro país.
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