Las lluvias torrenciales del pasado mes de octubre dejaron una estela de destrucción, muerte y dolor en las regiones donde arrasaron con todo a su paso.
En 28 municipios del estado de Hidalgo se presentaron, como sabemos, afectaciones severas en viviendas y vías de comunicación, que costaron la vida al menos a 22 hidalguenses (cifra que, a decir de varios vecinos, es mayor, porque aún hay cuerpos que no aparecen o no se han rescatado).
Hoy, tres meses después de la tragedia, el sentimiento de olvido y desesperación pervive en cientos de familias, porque simplemente se les ha dejado a su suerte.
Muchas familias se quedaron sin casa; otras, aunque con vivienda en pie, pero con severas afectaciones, sin enseres domésticos, sin ropa ¡sin nada!
Decía en colaboración anterior, a dos semanas de la tragedia, que: “Quizás algunas personas piensen, sobre todo si pertenecen a la burocracia oficialista, que plantear que en muchas comunidades dañadas o incluso arrasadas por las lluvias torrenciales de los pasados días, se percibe un sentimiento de olvido y desesperación, es una exageración; pero no, y tampoco amarillismo. Simplemente es una realidad que se debe reconocer como tal para poder buscar verdaderas alternativas de solución y cambiarla, cambiar esos rostros de tristeza y de angustia en sus habitantes, por otros, si no de felicidad, al menos de cierta esperanza en el futuro inmediato”.
Hoy, tres meses después de la tragedia, ese sentimiento de olvido y desesperación pervive en cientos de familias, porque simplemente se les ha dejado a su suerte; el apoyo gubernamental prometido, o bien es insignificante e insuficiente para medio recuperar parte de lo que perdieron (construido con toda una vida de trabajo, esfuerzo y sacrificio), o bien porque sencillamente no se les consideró en los censos que levantaron los “Siervos de la Nación”.

¿Por qué no fueron censados? Las razones van desde que se les exigió que presentaran un documento de la vivienda siniestrada, pero como los documentos también se los llevó el agua, para muchas familias fue imposible hacerlo; también se exhibió el problema que, a la hora de la visita de los “servidores”, la familia no se encontraba en el lugar, en ese espacio lleno de lodo pestilente, ya que se había refugiado en los albergues o con familiares y, la tercera razón de peso, considero, la más importante, la ineptitud y falta de responsabilidad de quienes tenían a su cargo levantar los famosos censos: vieron la casa o el cultivo inundados, pero en ese momento no había quien les proporcionara la documentación requerida, entonces, simplemente, dejaron a la gente a su suerte.
Pero más grave aún es la indolencia mostrada por las instancias encargadas del “bienestar” de los mexicanos. Varias comunidades desaparecieron o quedaron sepultadas bajo un alud de lodo y tierra, “…aludes enormes que cubrieron localidades completas; cerros se desgajaron partiendo comunidades y derribando carreteras, caminos y puentes […] En Hidalgo, alrededor de 400 comunidades fueron afectadas; en varias de ellas sus habitantes perdieron el patrimonio de toda una vida, muy pequeño patrimonio en lo general; pero era su hogar, su tierra o su cultivo”.

Pues bien, familias de los municipios de Zacualtipán, Tianguistengo, Juárez Hidalgo, Meztitlán y Huehuetla, donde sus casas quedaron en pie (aunque sea la mitad de ella), recibieron la notificación de que sus viviendas eran inhabitables, que no podían volver a sus casas, que estaban en zonas de riesgo, o porque la tierra se reblandeció demasiado o porque están ubicadas en las faldas de una ladera o en la ribera de un río; y les informaron, en un principio, que serían reubicados, pero han pasado tres largos meses y de las promesas de reubicación ya ninguna autoridad se acuerda.
Las familias, sin opción y después de usar en renta y en la adquisición de enseres domésticos indispensables los 20 mil que recibieron, hoy se encuentran en total desamparo y en un peligro latente.

Sí, total indolencia por los funcionarios de la Secretaría del Bienestar estatal y de la Delegación Federal del Bienestar en el estado: cinco veces han acudido los damnificados a las oficinas del delegado, Abraham Mendoza Zenteno, mismas en las que han sido ignorados; cero atención y cero solución, contradiciendo en los hechos, las promesas y apoyos prometidos por la presidenta de la república.
Ante tal negligencia, falta de humanismo y sensibilidad, el próximo viernes 23, acudirá, de nueva cuenta, una comisión de los damnificados de los municipios mencionados, apoyados solidariamente por otro tanto de hidalguenses para exigir atención y solución a la delegación federal del “Bienestar”.
No es justicia social dejar en el abandono a mexicanos que durante toda su vida han contribuido con su trabajo a producir la riqueza social de este país y con sus impuestos aportados al erario del Estado.
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