• La clase política aprueba leyes para engañar a los electores y conservar sus propios privilegios
En cuestiones de política podríamos decir que las reformas que muchos gobiernos se proponen realizar tienen fines que sólo buscan adormecer a quienes logran convencer y que muchas veces es a una inmensa mayoría. Hablar de esto es referirse a lo que muchos políticos en campaña proponen y prometen.
Pero todo ello sólo se reduce a leyes o normas que les conviene retocar para usar el poder político a su antojo y para sus intereses de grupo.
Ni los de derecha ni de izquierda o del centro podrán resolver jamás los males de nuestro país porque no llegan al poder para eso, y los morenistas tampoco son la excepción: llegan solamente para servirse de nosotros.
En eso ha consistido lo que han llevado a cabo los distintos tipos de gobierno que hemos tenido en México, desde alcaldes, diputados, gobernadores y presidentes de la república.
Todo lo que han hecho se ha reducido a reformar o dar retoques a las leyes que nos rigen, pero nunca se han propuesto realmente realizar transformaciones de raíz porque saben que implica ir más allá de sus objetivos.
Por eso, cuando alguien logra llegar a un puesto de alto nivel, como gobernadores o presidentes de la república, sólo se interesa por cambiar aquello que lo puede convertir en alguien con más poder, pero sabedor de que no hará algo que lo perjudique o le ponga trabas en su carrera política.
Mientras esto siga así, no importa qué partido llegue al poder, todos harán lo mismo porque de lo que se trata es de adormecer al pueblo, pero no de despertarlo; saben que sólo de esta manera podrán seguir manteniendo el modelo económico llamado hoy capitalismo, porque de él dependen todos sus privilegios y todo su poder político.
Por eso, repito, nunca se plantearán ir más allá de las simples reformas que vienen haciendo desde toda la vida. Hoy, por ejemplo, gobierna Morena y ha hecho sólo reformas y más reformas en varios aspectos que ya conocemos, como en las leyes, los programas sociales, el aspecto de la salud, de la educación, etcétera; pero nunca realizarán modificaciones verdaderamente profundas porque no llegaron al poder para eso, sino solamente para estar bien con sus amigos empresarios que los llevaron al poder o, seguramente, con algunos grupos que actúan fuera de la ley.

Ahora bien, hablar de las verdaderas soluciones de raíz implica ir más allá del modelo económico que prevalece hoy.
Una transformación de este tipo significa cambiar todo lo que le perjudica al pueblo que trabaja y suda para sobrevivir, lo que lo ha hecho olvidar que es un ser humano y que necesita despertar de ese adormecimiento milenario.
Esto significa que no debe dejarle manos sueltas a los que han detentado el poder político desde hace muchos años. Se trata, pues, de ya no permitir que nos hablen de mucha democracia, de muchos derechos humanos y de tantos otros males que padecemos; se trata de forjarnos como una vanguardia que está dispuesta a defender sus verdaderos intereses de clase, porque sólo así lograremos realizar las transformaciones que necesitamos para quitarnos ese lastre llamado capitalismo y que nos carcome la piel día con día, mientras nuestros gobernantes en turno sólo nos ven morir sin hacer nada.
Las modificaciones que se necesitan entonces no las realizará ningún gobierno que llega al poder regalando despensas, apoyos económicos o programas sociales, o bien comprando votos.
Esos son los oportunistas, los reformistas, los que ven al pueblo sólo como un objeto que se puede usar y después tirar a la basura. Y las pruebas las tenemos a la vista y por experiencia, porque una vez que logran su objetivo se olvidan de nosotros, es decir, de los electores, y sólo se dedican a gobernar para los suyos.
Un ejemplo muy claro lo vemos en muchas comunidades o pueblos alejados que no tienen agua potable, energía eléctrica, centros de salud ni caminos accesibles, es decir, sin pavimentar.

¿Y quién se ha olvidado de eso? ¿A quién le toca resolver eso? ¿Por qué no lo hacen? Esta es la prueba contundente de que sólo somos para ellos objetos de uso y luego somos arrojados al olvido. Si estamos entendiendo todo esto, entonces tengamos presente siempre esta lección de la vida.
¿Y estando en estas condiciones, nos conviene seguir votando y eligiendo a los reformistas, sinónimo de oportunistas? ¿Les podemos seguir creyendo que nos hablan de una verdadera democracia? Creo que no.
Por lo tanto, ni los de derecha ni de izquierda o del centro podrán resolver jamás los males de nuestro país porque no llegan al poder para eso, y los morenistas tampoco son la excepción: llegan solamente para servirse de nosotros, aunque nos endulcen mucho el oído.
Así que nos toca a nosotros, a los pueblos, dar la batalla final y, como ha dicho el ingeniero Aquiles Córdova Morán, secretario general del Movimiento Antorchista Nacional, la hora de los pueblos ha llegado.
Son los tiempos de los pueblos que, una vez hermanados como mexicanos y latinoamericanos, podremos enterrar al imperialismo que ha metido las narices en toda Latinoamérica, en algunos países abiertamente y en otros de manera soterrada.
Esto es lo que sí debemos saber para actuar en consecuencia, es nuestro deber. Avanzaremos a paso de vencedores, no lo duden jamás.
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