• Frente a quienes cambian de bando para buscar poder y beneficios propios es vital organizar a los ciudadanos
Con frecuencia, como cada que se acerca un proceso electoral en nuestro país, los integrantes de la clase política dominante comienzan su clásico chapulineo.
Empiezan a cambiarse de partidos porque en los que estaban no les dieron la candidatura o el puesto que aspiraban a ocupar.
Esto sólo demuestra dos cosas, en primer lugar, la falta de un programa real para gobernar y en segundo, la total ausencia de principios y ética con que la clase política se maneja.
Sin embargo, ellos lo justifican diciendo que no se trata de ideología, sino de resultados.

Este discurso de que “no se trata de ideología” sino de “resultados”, como dijo Natalia Rivera para justificar su salida de MC en Sonora para irse a otro partido, no es sino una forma más en que la ideología dominante busca legitimarse en el poder.
Antes, se escuchaba a los candidatos decir que no eran políticos, hoy, que no se trata de ideología.
El objetivo de esto es confundir a la población, se hacen pasar como políticos neutrales que sólo buscan resultados.
Fingen que no obedecen a intereses de alguna clase social, sino que gobiernan para “todos”.
Pero parafraseando a Lenin, podemos nosotros decir que “en una sociedad erigida sobre la lucha de clases no puede haber una clase política neutral”.
Una que se coloque por encima de la lucha de estas clases y además, que se sienta libre de toda ideología.
Retomando al filósofo marxista Adolfo Sánchez Vázquez, entendemos que “la ideología es: un conjunto de ideas acerca del mundo y la sociedad que responde a intereses, aspiraciones o ideales de una clase social en un contexto social dado”.
Plantear el cambio de un partido a otro como algo ajeno a la ideología e intereses de clase no es inocente, sino que tiene como objetivo confundir a las personas.
Y que “guía y justifica un comportamiento práctico de los hombres acorde con esos intereses, aspiraciones o ideales”.
La clase social a la que se pertenece determina las ideas e intereses de las personas, quienes actuarán conforme a estos intereses.
Así, la lucha por los espacios de poder político se da entre personas con intereses de clase.
Por tanto, plantear el cambio de un partido a otro como algo ajeno a la ideología e intereses de clase no es inocente, sino que tiene como objetivo confundir a las personas.
Parte de que los votantes no cuestionan la falta de seriedad en la clase política respecto a los cargos que quiere ocupar.
No les preguntan si realmente quieren ese cargo para solucionar las necesidades de la gente o si sólo quieren saltar a otro puesto de mayor jerarquía.
Porque además es común que se abandonen estos para ir en búsqueda de otro puesto.

Por esto, aunque aparentemente el discurso de la ideología no tiene ninguna importancia para la clase política, el pueblo debe estar preparado para distinguir dónde está la trampa.
Cada grupo político se presentará como representante de los intereses de todos, de toda la población sin distinguir entre las clases sociales.
Sin embargo, el pueblo debe estar preparado y organizado para que cualquier acción contra la clase política que gobierna sea más certera.
Sólo de manera organizada podremos emprender acciones que sean efectivas contra los gobernantes que se empeñan en tener a los sectores populares en la miseria.
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