Hace unos días, los antorchistas michoacanos inauguramos una moderna pista de atletismo en la Unidad Deportiva que lleva el nombre del fundador de Antorcha en el estado, "Wenceslao Victoria Soto", el acto implicó un merecido homenaje a un profesionista sencillo que cambió la profesión de biólogo por la grande de ayudar y concientizar a sus semejantes más pobres y desprotegidos sin reclamar nunca nada a cambio. Estuvo presente en la ceremonia de inauguración, el Presidente Municipal de Morelia, el ingeniero Alfonso Martínez Alcázar, a quien agradecemos la deferencia, como la sensible cabeza de la dependencia encargada de ejecutar y, finalmente, entregar la espléndida obra a la que me refiero. Escribo estas líneas para difundir la existencia de la que, según atletas con experiencia, es la mejor pista de tartán del estado de Michoacán y para invitar a todos los amantes de la carrera y la caminata a que vayan y la usen ya que los antorchistas de México la peleamos para ellos.
Escribo también porque la obra encierra varias lecciones útiles que no se deben dejar perder. Destacó que es una muestra de lo que puede hacer el pueblo organizado, activo y demandante. Vivimos en una época en la que se ha optado por un modelo económico en el que, para no incomodar a las élites exigiéndoles que colaboren con el sostenimiento del Estado, se está sacrificando el ingreso y, consecuentemente, gasto público, más aún, el gasto de impacto para mejorar la calidad de vida de los mexicanos. Demandar, gestionar, exigir mediante los métodos que la ley autoriza para todos los mexicanos es una forma de hacer oír la voz de quienes producen la riqueza y tienen derecho a ella, es llevar riqueza hacia donde más se necesita, la organización y la participación consciente sustituye ya al viejo individualismo, ahora, en los tiempos que corren, el esfuerzo personal que no se canaliza y manifiesta a través de un colectivo es estéril y hasta perjudicial.
Señaló también, sin ninguna arrogancia, sino como la simple difusión de la verdad, que las obras que se han levantado en Michoacán y en el país entero, muestran al Movimiento Antorchista como la organización política más comprometida con el deporte (y con la cultura, tema del que me ocuparé muy pronto) y, por tanto, con los jóvenes de México. No conozco, no he oído hablar de ninguna organización política, ni siquiera de una de las que reciben cuantiosos subsidios del erario, que promueva obras para los jóvenes, menos aún que organice con una constancia impresionante exitosos torneos que reúnen a miles de ellos y les procuran experiencias únicas e inolvidables, como son las ya famosas Espartaqueadas Deportivas Nacionales.
Los antorchistas michoacanos no somos los únicos, ni siquiera los mejores gestionando y luchando, nos enfrentamos, fraterna y cariñosamente, a verdaderos titanes de la transformación de sus pueblos, colonias y municipios y, con su ejemplo, nos inspiramos. Tecomatlán, Huitzilan, Chimalhuacán e Ixtapaluca, entre otros más, son testimonio vivo de la preocupación del antorchismo nacional por construir una patria nueva. El deporte como instrumento ya no sólo de educación, sino de construcción de un hombre y una mujer nuevos, solidarios, trabajadores, estudiosos, creativos y valientes ya no está en duda para ningún científico serio que se ocupe del cuerpo y de la mente.

Como bien se comprende, o debiera comprenderse, la conquista de las obras trascendentes para beneficio del pueblo michoacano, no es una conquista sólo de los antorchistas michoacanos. Hemos contado con la fuerza incondicional de toda la organización de los pobres de México y con el genio y la preocupación de su dirigente, el Maestro Aquiles Córdova Morán, potencia toda que en este caso se ha concentrado en el inigualable trabajo de seis diputados federales antorchistas quienes tienen como su preocupación y compromiso fundamental, usar su posición privilegiada en el combate para beneficio de los que menos pueden y, por tanto, menos tienen.
No olvido que "alabanza en boca propia, es vituperio", pero lo dicho hasta aquí lo explico para las inteligencias desprejuiciadas de la siguiente manera: ¿No es propio de las organizaciones políticas presentarse como la mejor alternativa para los ciudadanos? ¿No se empeñan todas en ganar adeptos y simpatizantes? ¿Por qué nosotros los antorchistas no podríamos hacer uso de ese mismo derecho? No obstante, es indispensable advertir que hay aquí una diferencia monumental que no debe ignorarse: nosotros no estamos hablando de propósitos y proyectos, de planes de gobierno para un futuro impreciso, "si la voluntad popular me favorece", estamos refiriendo hechos contantes y sonantes que pueden, incluso, tocarse con la mano. ¿Habrá otra manera más elocuente e inobjetable de decir lo que somos y conquistar cerebros y corazones? ¿Alguien, alguna organización política, tiene a su alcance un método más didáctico y convincente?
Pero no exageremos. Con todo lo grande y apreciadas que son estas obras, con todo lo que transforman la dura vida cotidiana de centenares de miles de mexicanos, no es bueno echar las campanas a vuelo. La pobreza lacerante sigue ahí. Vanos son los chocantes esfuerzos del Instituto Nacional de Geografía y Estadística (INEGI) por esconder la realidad pues en su "Módulo de condiciones socioeconómicas 2015", con base en el cual a finales de julio se dará a conocer la "Medición de la Pobreza 2015", mediante vergonzosas manipulaciones estadísticas, ya decretó que hubo un incremento real del 11.9 por ciento en el ingreso corriente de los hogares a nivel nacional y un incremento real del 33.6 por ciento del ingreso en los hogares más pobres en un solo año, absurdos que ya fueron criticados y rechazados por el Coneval.
En México urge un reparto más justo de la riqueza social. Todos los gravísimos problemas que nos azotan, encuentran su explicación y su razón últimas en la injusta distribución de la riqueza: la mala salud, la ignorancia, la violencia aterradora, la corrupción que no se acabará con más leyes y muchos otros cuya lista no cabría aquí. Se necesita trabajo para todos los mexicanos, nadie debe desperdiciar su talento pasando la vida sin empleo o con empleo disfrazado; se necesita un salario digno, remunerativo, como lo establece la Constitución; se necesita una política fiscal que obligue a pagar más –y garantice que paguen- los que más ganan pues el impuesto al consumo ha mostrado ya, no sólo su inequidad, sino su fracaso y, finalmente, es indispensable que el gasto público se enfoque a satisfacer las necesidades más elementales de los mexicanos. En fin, se necesita mucho más. Con base en todo lo logrado, con la consecuencia y la tenacidad demostradas, fundida con la fuerza del pueblo existe una organización que puede lograr mucho más. Y está en pie de lucha.
0 Comentarios:
Dejar un Comentario