El antorchismo nacional está en sus últimos detalles para dar el arranque a su justa deportiva que realiza cada dos años, en el municipio emblemático de Tecomatlán, en el estado de Puebla.
La convocatoria señala la inauguración el próximo sábado 7 de marzo y su clausura el domingo 15 del mismo mes. Se esperan más de 10 mil participantes, de todas las categorías, desde la infantil hasta la categoría máster, en varias disciplinas. Es una fiesta deportiva donde acuden los clubes deportivos antorchistas y amigos de nuestro Movimiento.
Con el deporte hecho negocio, caemos en el engaño de abandonar la práctica deportiva y sólo sentarnos para contemplar el televisor, con las consecuencias en nuestra salud.
Tecomatlán cuenta con la infraestructura deportiva necesaria y de la mejor calidad, pues tanto el ayuntamiento como el Movimiento Antorchista Nacional se han encargado de esta tarea titánica.
En una sociedad injusta, donde un puñado de superricos cada año crecen sus fortunas de una manera escandalosa, siempre bajo el contubernio de los gobiernos en turno, y por otro lado tenemos a millones de mexicanos que no cuentan ni con lo básico para vivir.
Con gobiernos al servicio de los poderosos, la salud, la educación, vivienda, empleo suficiente y bien remunerado están en el abandono, y no se diga rubros como la cultura y el deporte.
Para este 2026, a la Comisión Nacional de Cultura Física y Deporte (Conade) se le recortan más de 150 millones en su presupuesto. Nuestros gobernantes sólo tienen “ojos” para servir a los intereses capitalistas. Todo lo han hecho negocio: el único deporte.

En estas condiciones, tanto la cultura como el deporte están en manos privadas. Con el deporte hecho negocio, caemos en el engaño de abandonar la práctica deportiva y sólo sentarnos para contemplar el televisor, con las consecuencias en nuestra salud.
La Grecia antigua nos da una gran lección, que nuestros gobernantes deberían tomar nota.
Luciano, el célebre escritor griego, creador del diálogo satírico, que vivió en la primera mitad del siglo II de nuestra era. En uno de sus diálogos, un escita pregunta a Solón qué utilidad tenían las competencias deportivas griegas:
“Dan vueltas en la arena como cerdos (dijo el escita) y se atacan como chivos. La escena a veces es terrible y brutal y, sin embargo, no son separados por ese hombre vestido de púrpura que, a juzgar por su ropaje, debe ser un representante de la autoridad. Me gustaría saber para qué sirve todo esto; me parece una locura”.

Solón trató de hacer comprender al escita el grandioso significado de estos ejercicios que podían parecer tan despreciables y peligrosos:
“El cuerpo de un hombre vigoroso no debe ser graso y blanco como el de una mujer, pálido por encerrarse en su morada. ¡Contemplad nuestros muchachos de piel bronceada! Son como deben ser: hombres llenos de vida, calor, energía viril, y rebosantes de salud; no están arrugados ni enflaquecidos y menos aún fofos; el sudor les quita la grasa superflua y sólo les dejó músculos y fuerza. Lo consiguieron con dieta y gimnasia. Estos dos elementos son para el cuerpo humano lo que la criba para el trigo: la cascarilla del grano se elimina y sólo queda el trigo puro”.
También al Estado le interesa que los ciudadanos jóvenes se ejerciten en la gimnasia y los deportes. No se entrenan sólo para ganar en las fiestas, ya que pocos lo consiguen, pero logran para el país y para sí mismos ventajas mucho mayores.
Un día, quizá todos los ciudadanos deberán tomar parte en luchas más importantes: por la libertad del individuo, la independencia y la prosperidad de la patria.

A los escultores y pintores les bastaba frecuentar el gimnasio para encontrar modelos. Las formas armoniosas se grababan tan bien en la mente de los artistas que los más ilustres pudieron expresar la majestad y la belleza externa.
Para un joven griego, la pereza y la indolencia física eran tan vergonzosas como la ignorancia, y tanto una como otra indicaban una falta de cultura y de educación. Quien quería ganarse la estimación de sus conciudadanos debía pasar gran parte de su juventud en el estadio, único lugar donde adquiría aquella soltura y dominio de sí mismo que caracterizaba a los hombres libres y los hacía aptos para participar en la vida pública.
Cada cuatro años se reunían en el estadio de Olimpia los mejores atletas del mundo griego. La primera olimpiada se celebró en el año 776 antes de nuestra era. Centenares de miles de personas acudían a Olimpia y seguían con entusiasmo este espectáculo único en el mundo. En su origen, sólo se celebraban carreras. Los corredores griegos son célebres en la historia.
Cuando en el año 490 antes de nuestra era los persas invadieron el Ática, los atenienses enviaron al corredor Filípides a Esparta para anunciarles el peligro, salvando 220 kilómetros en dos días. Todavía es más célebre el corredor que, poco después, cubrió la distancia de Maratón a Atenas (42 km) para anunciar la victoria de Milcíades sobre los persas; Diomedon, el veloz emisario, murió tras pronunciar el mensaje.

Las competiciones eran de salto de altura y longitud, además de profundidad. Más tarde se suman las de lanzamiento de disco y de jabalina, los concursos de lucha. La competición más variada era el pentatlón, que comprendía la carrera, lanzamiento de disco, salto, lanzamiento de jabalina y lucha.
Lo más importante de las fiestas era la distribución de premios, no por el valor intrínseco del galardón, pues los vencedores sólo recibían una corona de laurel, sino por el honor imperecedero que allí se alcanzaba.
Con la siguiente anécdota histórica se comprenderá el prestigio que suponía una corona olímpica: el viejo atleta Diágoras de Rodas ganó en su juventud los juegos olímpicos y vivió lo bastante para ver cómo sus dos hijos conseguían el mismo triunfo.
Los dos jóvenes coronaron a su padre con sus laureles y le llevaron en triunfo alrededor del estadio bajo una lluvia de flores. Los espectadores aclamaban: “Ya puedes morir, Diágoras pues ya no tienes nada más que desear”. Y, en efecto, el anciano murió de alegría.
0 Comentarios:
Dejar un Comentario