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REPORTAJE | Altamira La Providencia, tres décadas de incertidumbre legal

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• 108 familias llevan 35 años sin certeza jurídica de 500 hectáreas en La Encrucijada

Huixtla. A más de 350 kilómetros de la capital de Chiapas, 108 familias han luchado desde hace 35 años para que las autoridades federales e incluso del estado les den certeza jurídica de las tierras que poblaron y a las que “bautizaron” como la comunidad Altamira La Providencia.

Además, también tienen pendiente que los reconozcan como parte del grupo indígena mam, otra deuda que parece se ha prolongado más de lo que ellos imaginaban.

Pese a estas dos “trabas”, las poco más de 300 personas que hoy habitan en Altamira La Providencia —entre infantes, jóvenes, adultos y ancianos— no han dejado morir el campo, una forma de subsistir: siembran desde pepinos, chiles habanero y poblano o relleno, como ellos le llaman, así como ajonjolí, el tradicional maíz, cacao y una infinidad de frutas, legumbres y vegetales con los que pueden mantenerse.

Aunque Altamira La Providencia es parte de la Reserva de la Biósfera La Encrucijada, cuya extensión alcanza las 145 mil hectáreas y abarca municipios como Huixtla, Mazatán, Villa Comaltitlán, Acapetahua, Mapastepec y Pijijiapan, de la región Soconusco-Istmo Costa, la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp) les permitió a las familias quedarse con la promesa de una futura regularización. Sin embargo, todo ha quedado en eso: en promesa.

Buzos de la Noticia se metió hasta las entrañas de esa Área Natural Protegida (ANP). Antes llegó a la cabecera municipal de Huixtla y de ahí se dirigió hacia Altamira La Providencia. Para ello recorrió más de 20 kilómetros, de los cuales alrededor de 5 mil metros son de terracería.

Antes de pasar por un puente tubular amarillo, un letrero brinda los detalles básicos del lugar: número de habitantes con la clave del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), 0197.

Esperanza

Alfredo Rueda Vázquez, campesino del lugar, está parado sobre un puente de madera que los lleva de sus hogares a las tierras cultivadas. Desde ahí detalla todo lo que siembran para autoconsumo e incluso para vender en los mercados no sólo de Huixtla, sino de otros municipios vecinos.

En su memoria tiene bien grabada la película de todo el proceso que han vivido para lograr la tan anhelada regularización: 

“Perdimos un rezago agrario y al final de cuentas pasó eso por poner credenciales que no eran de Huixtla, pero al final de cuentas hubo un compromiso con el gobierno; como somos campesinos, pues ignoramos esos detalles”.

Tras ese trámite, comenta que les otorgaron un finiquito agrario para mil 500 hectáreas y, desde ese tiempo, se han dedicado a sobrevivir en Altamira La Providencia, donde no sólo crecieron sus hijos, sino nietos y ya pronto hasta bisnietos: “El pueblo ya se ha multiplicado”.

De lo que está convencido, dice, es que sí tienen temor, porque las autoridades no han hecho un buen trabajo para que les den certeza jurídica de las tierras que habitan.

Y si no se han ido de ese sitio, acepta, es porque en verdad necesitan la tierra para vivir y no como sucedió con otro grupo, que se fue porque sí se dedicaba sólo a negociar con los predios.

Aunque aún no tiene un documento que avale que es dueño de un “pedazo” de tierra, el hombre de la tercera edad cree en una de las últimas promesas que les hizo la entonces Secretaría de la Tenencia de la Tierra: no moverlos de ahí.

A la espera de las mesas de diálogo

Pero en Altamira La Providencia se han conseguido algunos avances en materia de educación: cuenta con escuelas preescolar y primaria; también posee energía eléctrica y el agua nunca les falta porque los hogares son abastecidos por pozos artesianos.

Mientras saca un poco de agua con el apoyo de una polea, un lazo y una cubeta de aluminio, Miriam Rendón Vera cuenta que es otra de las fundadoras de este poblado. Para subsistir, afirma que su esposo se dedica a cultivar cacao y a la palma de aceite.

En la actualidad, su familia se conforma por seis personas, ya con hijas, nietos y yerno. 

Antes de llegar a esta zona, recuerda, vivían en la cabecera municipal de Huixtla, pero su cónyuge prefirió dejar un empleo de chofer de transporte para dedicarse de lleno a la agricultura. Con lo que obtienen cada quince o veinte días, pueden vivir tranquilamente, acepta.

María Solórzano Gómez, también fundadora de este pueblo y madre de diez hijos, sabe cómo moverse ya entre la milpa y otros cultivos de donde echan mano para “llenar el estómago”. Aunque donde se ubica la tierra es “fértil”, en esta temporada le sufren un poco por la sequía.

Para los cultivos, dice, tienen que utilizar el riego y de esa forma pueden obtener los productos que, al menos ella, ofrece en otras rancherías o comunidades cercanas, casa por casa.

Lo más bonito de todo, externa, es que su familia se ha quedado en Altamira La Providencia y se dedica a lo mismo: a cultivar.

Erasmo Trujillo Herrera, autoridad rural de Altamira, menciona que lo que ahora buscan es que el gobierno, ya sea estatal o federal, retome las mesas de diálogo para que, por fin, las 500 hectáreas que poseen desde hace más de tres décadas estén regularizadas y puedan continuar sin temor a que, algún día, intenten desalojarlos.

Como la mayoría, él también lleva el producto que cosecha para venderlo en otros municipios y obtener recursos. En su caso, no sólo se queda en Huixtla, sino que llega hasta Tapachula, donde le compran su mercancía.

En cuanto al rezago agrario, refiere que han hecho una serie de peticiones para que se resuelva la problemática y, aunque se ha demorado una respuesta, augura que en el actual gobierno estatal y federal obtendrán la regularización y, por ende, un documento que avale su legal posesión.

De hecho, afirma que, prueba de que no están abandonados, es que reciben recursos de algunos programas sociales como el de la tercera edad, becas, las claves federales de sus instituciones educativas, una casa comunitaria y la red de energía eléctrica, entre otros.

A pesar de que en 2023 fue la última vez que dialogaron con autoridades para el tema de la regularización, espera que se reanuden las mesas de atención y que los gobiernos cumplan con lo prometido: darles seguimiento a sus solicitudes.

En sí, Altamira está asentada en tres predios: La Providencia, Las Bugambilias y El Jobo. “Nosotros no pedimos que nos regalen nada, sino que la podamos pagar y participar dentro de los convenios”, dice el entrevistado.

Erasmo resalta que, gracias a ellos, la Reserva está más protegida, pues en ella habitan animales en peligro de extinción como el venado cola blanca, los mapaches, tejones, armadillos, pelícanos, garzas blancas, entre otras especies.

Entre un cultivo de pepinos, melones y chiles está parado Julio César Tovilla Solórzano, quien desde hace quince años dejó la colonia Francisco I. Madero, en el mismo municipio de Huixtla, para internarse en Altamira La Providencia.

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