MOVIMIENTO ANTORCHISTA NACIONAL

Persecución periodística contra Antorcha

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• El uso de falacias y el atropello al derecho buscan destruir el avance de la organización del pueblo

Es costumbre de ciertos medios, desde los aparentemente "serios" hasta los pasquines de a tanto la línea, atacar al Movimiento Antorchista sin aportar elemento probatorio alguno.

En la campaña mediática, que lleva ya décadas y que recientemente se ha recrudecido, se violan las reglas lógicas más elementales y también los ordenamientos legales que rigen la vida nacional y que son de obligatorio acatamiento.

Primero, en lo que hace al atropello de la lógica, un verdadero asalto a la razón (así tituló Georg Lukács su magna obra, donde exhibe el ataque infructuoso del irracionalismo burgués contra el pensamiento racional), por elemental principio metodológico, todo medio de comunicación, reportero u opinador debiera, si es honrado, verificar antes sus aseveraciones.

Pero nada de eso hacen quienes nos golpean en los medios. No les importa.

No investigan. Atacan por consigna, no por iniciativa propia, sino porque intereses oscuros, económicos y políticos, se lo ordenan; simplemente afirman, pero afirmar no es comprobar.

No se puede sustituir la comprobación por el simple dicho. Además, apegados a la lógica más elemental, como ya sabía Platón en la antigüedad, no es lo mismo la verdad o conocimiento que una opinión (doxa); esta última puede ser de lo más arbitraria y disparatada.

En cambio, la verdad científica es un hecho rigurosamente comprobado, con sólida evidencia. Un juicio será verdadero cuando se corresponda con la realidad objetiva, cuando la exprese fielmente.

Es la identidad entre la afirmación y el hecho. Los periodistas inescrupulosos usualmente emplean falacias.

Una falacia lógica es un error de razonamiento o juicio engañoso con apariencia de verdad. El engaño está oculto y toma desprevenido a quien lee o escucha.

En resumen, una falacia es una ilusión de verdad. Para ilustrar esto, he tomado un fragmento de la página web de la Enciclopedia del Lenguaje.

Dos falacias vienen especialmente al caso. La primera es la falacia ad ignorantiam, o argumento por ignorancia, "que consiste en sostener que algo es verdadero sólo porque no se ha probado que sea falso.

Ejemplo: Está claro que los fantasmas existen; nunca nadie ha podido probar lo contrario [...] quienes emplean una falacia de este tipo no basan su argumento en el conocimiento, sino en la falta de este, es decir, se amparan en la ignorancia.

La forma más común que adopta es aquella que supone que algo es cierto porque es imposible probar su falsedad [...] No tener evidencia en contra no valida automáticamente la afirmación inicial.

Se coloca la responsabilidad de la prueba en la parte contraria [la parte acusada] y, en lugar de demostrar la afirmación propia, se espera que otros demuestren que es falsa".

Pondré un ejemplo. Un señor periodista afirmó hace unos días que: "Antorcha mató a 900 campesinos en el sexenio de Carlos Salinas de Gortari".

Recurriendo al mismo método inventivo, bien pudo decir 3 mil o 10 mil. Total, nadie le obliga a probar nada.

Y pensará seguramente: ¡a ver, demuestren que no es cierto! Pero ahí está la trampa lógica, pues la carga de la prueba corresponde a la parte acusadora, no a la acusada.

No es Antorcha la que debe aclarar que no es cierto lo que no es cierto, o, en otras palabras, la tarea lógicamente imposible de comprobar la inexistencia de lo inexistente.

Otra falacia frecuentemente empleada contra Antorcha es la llamada ad nauseam (hasta la náusea). Consiste en repetir una y otra vez una falsedad para que termine siendo aceptada por cansancio como verdad.

Pero la repetición no puede sustituir a la comprobación: en la repetición número mil, tendremos la misma afirmación falsa de la primera vez.

Joseph Goebbels, el ministro de propaganda de Hitler (ancestro en cuanto a métodos de quienes hoy nos atacan), empleó repetidamente esta falacia. Dijo Goebbels: "Repite mil veces una falsedad y la convertirás en verdad".

Así, los enemigos de Antorcha repiten machaconamente, hasta la náusea: “¡Antorcha es invasora! ¡Antorcha es asesina! ¡Antorcha controla Chapingo! ¡Antorcha es huachicolera!”, hasta incrustar la idea como clavo con martillo en la mente del público.

Y ¿dónde quedaron las pruebas? Eso… no importa. Finalmente, no sólo actúan con impunidad lógica: muy relacionado con eso, atropellan también principios elementales del derecho.

En México se juzga a Antorcha en los medios, sólo con base en acusaciones a priori, con lo que periodistas inescrupulosos se asumen como Santísima Trinidad: acusador, juez y verdugo.

Por principio, se declara culpable a Antorcha… en los medios. Basta con que una nota difamatoria se publique y otros la repitan citándose mutuamente para que, en automático, "sea creíble", tenga validez legal y se convierta en sentencia pública.

Se viola la presunción de inocencia. El artículo 20 constitucional, que norma el proceso penal, establece, entre otros ordenamientos:

"III. Para los efectos de la sentencia sólo se considerarán como prueba aquellas que hayan sido desahogadas en la audiencia de juicio".

Es decir, las pruebas se vierten en un juicio, ante un juez, para su valoración legal. El artículo establece luego:

"V. La carga de la prueba para demostrar la culpabilidad corresponde a la parte acusadora [...] Las partes tendrán igualdad procesal para sostener la acusación o la defensa, respectivamente".

Ambas partes tendrán igualdad procesal, dice la ley. Más adelante agrega el mismo artículo:

"VI. B. De los derechos de toda persona imputada: I. A que se presuma su inocencia mientras no se declare su responsabilidad mediante sentencia emitida por el juez de la causa". Es decir, toda persona es inocente en tanto no se demuestre su culpabilidad.

Así lo establece, pues, nuestra carta magna y también la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

Pero en México se juzga a Antorcha en los medios, sólo con base en acusaciones (muchas veces anónimas, como en la Santa Inquisición), a priori, con lo que periodistas inescrupulosos se asumen como Santísima Trinidad: acusador, juez y verdugo, tres en uno.

Qué resuelvan los jueces en un juicio: eso ya no importa. El asunto es ya cosa juzgada en los medios e impuesta como "verdad" a la opinión pública.

Ya los medios dictaron sentencia: culpable. Y un último ejemplo del empleo faccioso de los medios contra Antorcha.

En 2020, la Unidad de Inteligencia Financiera congeló cuentas del Movimiento Antorchista por "presuntas operaciones con recursos de procedencia ilícita". La monstruosa acusación tuvo amplia cobertura en los noticieros televisivos de mayor audiencia, como el de Televisa.

Y la acusación y la acción fueron conocidas por millones de mexicanos. Antorcha apeló la decisión de la UIF; el asunto fue a tribunales, que en dos ocasiones fallaron contra la UIF, pues no se encontraron elementos probatorios de la mendaz acusación.

Resultado: todas las cuentas fueron descongeladas. Y la pregunta obligada: ¿tuvo acaso la UIF la decencia de retractarse y reconocer que había calumniado a Antorcha?.

¿Tuvo el noticiero de Televisa y sus conductores el profesionalismo de ofrecer una disculpa pública?. Nunca. Silencio total.

Es decir, se supo de la supuesta culpa de Antorcha, pero jamás se supo de su inocencia. Debiera haber reparación del daño moral causado, pero eso es letra muerta.

Los detractores de Antorcha no ofrecen pruebas porque su objetivo no es hacer periodismo serio, de investigación, responsable y riguroso. Su propósito es difamar y destruir al Movimiento Antorchista.

Es una campaña de linchamiento mediático. Pero nunca las cosas se quedan allí; de esto sigue el linchamiento legal, la cárcel; y de allí, la eliminación física.

Por eso son tan peligrosas estas campañas; son criminales. Se aprovechan de un público despolitizado, inadvertido, susceptible de ser sorprendido con cualquier patraña impresa.

Por esto es necesario perseverar en la educación política de las masas.

En Antorcha ya conocemos estas persecuciones: las hemos sufrido en carne propia desde nuestra fundación, y sabemos que forman parte de la reacción de los grupos de poder político y empresarial agazapados, para quienes Antorcha representa el único peligro de que la clase trabajadora pueda despertar y tomar el poder y distribuir justamente la riqueza.

Son esas fuerzas siniestras las que instigan a los calumniadores de la prensa y de las redes sociales. Ese es el trasfondo. Los periodistas son sólo herramientas.

Pero las necesidades del pueblo son más fuertes y lacerantes, y le empujan a luchar; esa es nuestra más profunda raíz; por ello Antorcha no sólo ha resistido, sino que ha seguido creciendo hasta convertirse en el movimiento social más grande y mejor estructurado de todo México.

Y seguiremos avanzando. Que no quepa duda.

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