MOVIMIENTO ANTORCHISTA NACIONAL

Organización popular, camino para construir un país más justo

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México vive una crisis profunda que afecta a millones de familias trabajadoras. La pobreza crece, la inseguridad se vuelve parte de la vida cotidiana, el salario no alcanza para cubrir las necesidades básicas y el acceso a servicios como la salud y la educación es cada vez más limitado.

Esta realidad no es producto de la casualidad, sino que es consecuencia directa de un sistema económico y político que concentra la riqueza en pocas manos y margina a la mayoría del pueblo.

Un pueblo disperso y desinformado difícilmente puede defender sus intereses; en cambio, un pueblo organizado, con objetivos claros y precisos, tendrá la fuerza suficiente para transformar su realidad.

Ante este panorama, se vuelve indispensable que la población deje de ver los problemas como hechos aislados y empiece a comprender la necesidad de luchar.

La falta de empleo, los bajos salarios, la violencia, la migración forzada y el deterioro de los servicios públicos tienen un origen común: un modelo de país que prioriza el interés de los ricos y poderosos por encima del bienestar de todos los mexicanos.

Existe una necesidad urgente de abrir la mente y el corazón para mirar más allá de los problemas inmediatos y reflexionar sobre las causas profundas de la desigualdad. El pueblo debe organizarse y luchar de manera consciente para transformar de raíz el sistema de cosas existente en nuestro país.

En México, mientras unos cuantos acumulan enormes fortunas, millones de personas sobreviven con ingresos insuficientes y lastimosamente mueren de enfermedades perfectamente curables.

Los trabajadores cumplen jornadas extenuantes y apenas logran cubrir alimentación y transporte, dejando en segundo plano la educación, la salud o la vivienda digna. Y un gran número de mexicanos no puede contar con un empleo formal y tienen que salir a las calles a buscar el pan de cada día.

Esta situación deja en evidencia que la riqueza que produce el pueblo no se distribuye de manera justa, sino que se queda en manos de una minoría privilegiada.

La inseguridad es otro de los rostros más dolorosos de esta crisis que sufre nuestro país. La violencia se ha normalizado, los homicidios aumentan y muchas comunidades viven con miedo permanente.

Debe quedarnos claro que, lejos de resolverse, este problema se agrava cuando la pobreza, la falta de oportunidades y la descomposición social avanzan sin freno.

A ello se suma el deterioro del sistema educativo. Escuelas insuficientes, planteles en malas condiciones, falta de maestros y de materiales didácticos reflejan el abandono histórico de la educación pública. Y, sin educación de calidad, el pueblo queda atrapado en un círculo de pobreza que se reproduce de generación en generación.

El sistema de salud, por su parte, muestra un panorama igualmente preocupante. Hospitales sin medicamentos, clínicas saturadas y atención deficiente golpean sobre todo a los sectores más pobres, quienes no tienen recursos para pagar servicios privados. En este contexto, enfermarse se convierte en un riesgo económico y social que puede llevar a las familias a la ruina y desesperación.

Frente a esta realidad, el Movimiento Antorchista sostiene que es indispensable una nueva forma de hacer política. No basta con discursos ni con promesas que nunca se cumplen, sino que se requiere que el pueblo asuma un papel activo, consciente y organizado, capaz de coadyuvar en las decisiones fundamentales del país y de conquistar el poder político por la vía democrática.

El proyecto que impulsa el antorchismo tiene como objetivo la construcción de un nuevo país, uno en el que la riqueza se distribuya de manera equitativa y esté al servicio del bienestar social. Un país donde el trabajo sea remunerado de manera justa y permita a las familias vivir con dignidad, no sólo sobrevivir.

Ante esto, se plantea la necesidad de garantizar empleo para todos, como base del desarrollo económico y social, porque este es un derecho de todos los mexicanos. También se lucha por salarios suficientes que cubran las necesidades reales de las familias.

Otro eje fundamental es que el Estado destine los recursos públicos a obras y servicios que beneficien a las mayorías: vivienda, infraestructura urbana, escuelas, hospitales, agua potable y transporte. Porque el dinero público debe ser utilizado para elevar la calidad de vida del pueblo mexicano.

Asimismo, se plantea un sistema fiscal más justo, en el que quienes más riqueza concentran contribuyan más al desarrollo del país. Sólo así será posible financiar políticas públicas que reduzcan la desigualdad y garanticen derechos básicos para todos.

Nada de esto será posible sin organización popular. Un pueblo disperso y desinformado difícilmente puede defender sus intereses; en cambio, un pueblo organizado, con objetivos claros y precisos, tendrá la fuerza suficiente para transformar su realidad y construir un futuro distinto y más justo para todos.

El Movimiento Antorchista sostiene que la lucha por un país más justo no es tarea de unos cuantos, sino responsabilidad de todos los mexicanos, pues la historia nos ha demostrado que los grandes cambios sociales han sido resultado de la participación consciente del pueblo.

Hoy más que nunca, la organización, la conciencia y la lucha se presentan como el camino para dejar atrás un sistema que genera pobreza y desigualdad. Luchemos juntos por un México nuevo, donde la riqueza se distribuya equitativamente y donde exista justicia social. ¡Adelante, compañeros!

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