MOVIMIENTO ANTORCHISTA NACIONAL

Migrar no debería costar la vida

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• Unas 8 mil personas murieron o desaparecieron durante 2025 tras buscar refugio ante violencia y pobreza

Por años nos han hecho creer que la migración es un "problema de seguridad", una "crisis humanitaria inevitable" o, peor aún, una simple estadística que se puede administrar con discursos y muros. Pero la realidad es mucho más cruda: el mundo está siendo testigo de una tragedia sistemática y profundamente injusta.

Los casi 8 mil migrantes muertos en 2025 no son una cifra más: son una denuncia silenciosa contra un sistema incapaz de garantizar lo más básico: el derecho a vivir.

De acuerdo con datos recientes de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), alrededor de 8 mil migrantes murieron o desaparecieron en 2025 en distintas rutas del planeta. No son números fríos, son seres humanos que huían del hambre, de la violencia, del desempleo y de la falta de oportunidades que el propio sistema económico les impone.

Sin embargo, este fenómeno no puede entenderse aislado de sus causas estructurales. La migración masiva no es un accidente, es consecuencia directa de un modelo económico profundamente desigual, que concentra la riqueza en unas cuantas manos y condena a millones a la pobreza, es el capitalismo.

Cuando casi 8 mil personas pierden la vida en un solo año al intentar sobrevivir, no estamos ante un fenómeno natural, sino estamos frente al fracaso del capitalismo global. 

La propia OIM reconoce que las rutas migratorias se vuelven cada vez más peligrosas debido a conflictos, crisis climáticas y políticas restrictivas, es decir, factores que tienen responsables claros: gobiernos que priorizan intereses económicos y geopolíticos por encima de la vida humana.

Las potencias cierran fronteras, pero abren mercados; restringen el paso de personas, pero permiten la libre circulación de capitales. Ese doble parámetro es el que obliga a miles a tomar rutas mortales por el Mediterráneo, el Atlántico o el desierto entre México y Estados Unidos.

Nuestro país no está al margen de esta realidad. México se convirtió en un corredor migratorio donde miles de centroamericanos, sudamericanos e incluso personas de otras regiones arriesgan todo para llegar al Norte. Pero también es un territorio donde la violencia, la extorsión y el abandono institucional hace aún más peligroso el trayecto.

No basta con discursos oficiales que hablen de "atender las causas", si esas causas, pobreza, desigualdad y desempleo, siguen intactas, y la migración continuará siendo una salida desesperada.

La dignidad humana no es negociable y este problema exige algo más que medidas asistencialistas o controles fronterizos. Se requiere una transformación profunda de las condiciones económicas y sociales que expulsan a millones de sus lugares de origen.

Porque la verdad es incómoda pero evidente, y sobre todo nadie abandona su tierra por gusto; lo hace porque el sistema le niega una vida digna.

Frente a esta realidad, la tarea no es resignarse ni aceptar estas muertes como "inevitables". 

La tarea es organizarse, entender las causas reales del problema y luchar por un modelo económico distinto, donde la riqueza se distribuya equitativamente y donde nadie tenga que jugarse la vida para sobrevivir. Porque con esto queda evidenciado que el capitalismo y el neoliberalismo no son la opción para los pueblos del mundo ni el de México.

Los casi 8 mil migrantes muertos en 2025 no son una cifra más. Son una denuncia silenciosa contra un sistema que demuestra ser incapaz de garantizar lo más básico: el derecho a vivir.

Y mientras eso no cambie, la migración seguirá siendo, tristemente, un camino de muerte para los pobres del mundo.

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