• La 4T minimiza su labor mientras ellas enfrentan la criminalidad y escarban la tierra para hallar justicia
“Sólo queremos encontrar a nuestros hijos, los buscamos por amor, porque nos hacen falta. En casa tenemos una silla vacía y miles de preguntas sin respuesta. Todos los días revivo el día que desapareció mi hijo. Lo sigo buscando porque lo amo, porque no lo voy a olvidar y porque lo quiero de vuelta en casa. Si las autoridades hicieran su trabajo, no estaríamos viviendo este calvario”: Testimonio de una madre que busca a su hijo, desaparecido el 20 de junio de 2020, en Tesistán, municipio de Zapopan, Jalisco.
La crisis de desapariciones es el resultado de años, de la violencia en los últimos tres sexenios, de la expansión de organizaciones criminales, de investigaciones deficientes y de una impunidad que ha permitido que miles y miles de casos queden sin resolverse
México enfrenta una de las heridas más dolorosas de nuestro tiempo. Más de 133 mil personas permanecen desaparecidas, de acuerdo con el Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas (RNPDNO), instancia oficial dependiente de la Secretaría de Gobernación.
Ante esta tragedia, han sido principalmente las madres de los desaparecidos quienes, impulsadas por el amor y la desesperación, han salido a buscar a sus hijos dejando, como sabemos, sus casas, sus trabajos, para recorrer cerros, terrenos baldíos, canales, basureros, hasta encontrar fosas clandestinas, cavando con sus propias manos para localizar algún resto de sus seres queridos.
Pero ¿por qué son las madres quienes tienen que pasar estos dolores si la búsqueda de personas desaparecidas es una obligación de los gobiernos?
Un grupo aproximado de 25 mil mujeres están organizadas en los estados de Sonora, Sinaloa, Jalisco, Estado de México, Ciudad de México, Tamaulipas, Michoacán, Guanajuato, Nuevo León y Chihuahua realizando esta labor de búsqueda, porque el gobierno, que, igual que gobiernos anteriores, hasta la fecha, se ha mostrado lento y sin querer escuchar, como sexenio tras sexenio. En 2006, hace 20 años, comenzaron a surgir colectivos en estados fuertemente golpeados por el crimen organizado.

Se busca victimizar, es decir, castigar aún más a las madres buscadoras, con las declaraciones del gobierno actual de que alguien les paga para atacar a las autoridades. Las madres buscadoras no solamente enfrentan el dolor de la desaparición de sus hijos. En los últimos quince años, 24 buscadoras fueron víctimas de ataques en México.
Según datos de la organización transnacional Fundación para la Justicia, el problema de las madres buscadoras se ha agravado con el tiempo por la impunidad permitida por las autoridades.
La ONU ha señalado que la desaparición de personas condena a sus familias a una incertidumbre permanente, a vivir durante años sin saber si su ser querido está vivo o muerto, dónde se encuentra o qué ocurrió con él. Ninguna madre decide un día convertirse en excavadora de restos humanos.
Cuando una madre tiene que tomar una pala y comenzar a escarbar la tierra no es por gusto, es porque las autoridades no hacen nada en serio por buscar a sus familiares, porque a las autoridades les molesta el tema de los desaparecidos.
Con su trabajo, las madres buscadoras han localizado fosas clandestinas, recuperado restos humanos y encontrado pistas que probablemente nunca hubieran sido descubiertas.
La crisis de desapariciones es el resultado de años, de la violencia en los últimos tres sexenios, de la expansión de organizaciones criminales, de investigaciones deficientes y de una impunidad que ha permitido que miles y miles de casos permanezcan sin resolverse.

Desde el Movimiento Antorchista reconocemos que esta cruel situación debe desaparecer y que el problema debe empezar a resolverse con una actitud diferente de las autoridades, con un enfoque de verdadera preocupación y empeño por atender a las madres buscadoras y otros graves problemas que tenemos en el país.
Es necesario tener presente el drama que viven todas las familias que tienen a un ser querido desaparecido, que, como muchos otros graves problemas que aquejan a la sociedad mexicana, distraen sus esfuerzos por construir un México mejor.
Sin embargo, la solución parece cada vez más lejana. Hace ya 20 años se creó el primer grupo de madres buscadoras, y el problema que tienen sigue sin resolverse.
El Movimiento Antorchista ha dicho públicamente: “Los mexicanos no debemos acostumbrarnos a la impunidad, a que no haya investigación profunda, valiente y profesional, a que los expedientes se conviertan en inútiles montañas de papeles donde desaparecen las pruebas, palidecen los indicios y se tuercen las líneas de investigación de los delitos.

Llamamos a todos los mexicanos inconformes con el aumento de las desapariciones, la criminalidad y la impunidad a sumarnos para formar una gran voz colectiva que clame justicia; un gran movimiento que tenga la fuerza suficiente para que las autoridades volteen a verlo y movamos la montaña de intereses que se oponen a este justo reclamo.
Hagamos realidad el derecho constitucional a la justicia pronta y expedita, porque aquella justicia que se realiza después de un siglo, no es justicia. México necesita sanar de muchas enfermedades y una de las más graves es la violencia y desapariciones desatadas”.
Por eso, si en México somos alrededor de 130 millones de mexicanos, y de estos, 100 millones somos pobres, si al menos diez millones de estos pobres nos organizamos en el Movimiento Antorchista Nacional, con esto formamos un bloque muy poderoso, tomaríamos el poder político de la nación, y empezaríamos a obtener resultados y a avanzar en la solución de los grandes problemas que afectan desde hace siglos a nuestro pueblo.
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