MOVIMIENTO ANTORCHISTA NACIONAL

La presión imperialista y la tarea histórica del pueblo mexicano

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• El intervencionismo de Estados Unidos busca frenar la economía independiente del país y mantener su dominio político mediante nuestra dependencia comercial

La revocación de la visa a Andrés Manuel López Beltrán ha desatado un escándalo mediático que, en el fondo, intenta desviar la atención del verdadero problema: la subordinación económica de México frente a los intereses del imperialismo norteamericano. Los medios al servicio del gran capital insisten en presentar este hecho como un asunto personal o migratorio, pero la realidad es mucho más profunda y peligrosa.

La defensa de la soberanía sin transformación social es insuficiente; la transformación social sin soberanía es imposible.

Lo que está en juego no es la situación legal de un individuo, sino la capacidad del Estado mexicano para ejercer soberanía sobre su territorio, sus instituciones y sus decisiones políticas. Cuando Washington utiliza su sistema financiero y su poderío económico para presionar, chantajear o condicionar a gobiernos que no se alinean plenamente a sus intereses, no está combatiendo al narcotráfico ni procurando justicia; está defendiendo su hegemonía sobre los recursos, los mercados y las decisiones políticas de los países.

La persecución selectiva contra políticos mexicanos, la exigencia de permitir la entrada de cuerpos militares extranjeros y las presiones para romper relaciones comerciales con China forman parte de una misma estrategia para impedir que México diversifique su economía, fortalezca su mercado interno y avance hacia un modelo de desarrollo independiente. 

El 80 % de nuestras exportaciones dependen del mercado estadounidense, y esa dependencia se convierte en un instrumento de dominación política.

Los antorchistas lo hemos señalado durante décadas: la pobreza, la violencia y la corrupción no son fenómenos aislados, sino consecuencias directas de un sistema económico diseñado para beneficiar a unos cuantos, tanto en México como en Estados Unidos. Mientras el capital financiero internacional imponga sus reglas, ningún gobierno podrá resolver de fondo los problemas estructurales que aquejan a las mayorías trabajadoras.

Por eso, más allá de la defensa legítima de la soberanía nacional frente a la injerencia extranjera, es indispensable comprender que la verdadera batalla se libra en el terreno económico. 

Defender a México del intervencionismo no significa avalar automáticamente todas las acciones del gobierno en turno, pero sí implica reconocer que un país sometido a los dictados de una potencia extranjera jamás podrá construir justicia social ni bienestar para su pueblo.

Los pueblos que han logrado avanzar hacia la justicia social lo han hecho porque se organizaron, resistieron las presiones externas y transformaron sus estructuras internas. Tenemos de ejemplo la Revolución cubana, encabezada por Fidel Castro, y la Revolución bolivariana en Venezuela.

En México necesitamos construir una fuerza social organizada, consciente y combativa que no se limite a reaccionar ante cada agresión imperialista, sino que impulse un cambio profundo en el modelo económico. La defensa de la soberanía sin transformación social es insuficiente; la transformación social sin soberanía es imposible.

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