• El hábito de leer cayó 14.6 puntos porcentuales y su abandono afecta el cerebro humano
Leer es la forma más placentera de disfrutar la literatura, el pensamiento humano convertido en palabras.
Leyendo nos apropiamos de manera inconsciente o consciente de las letras, las palabras, muchas de ellas hermosas, con el riesgo de que la imaginación se desborde en hileras de letras convertidas en poesía.
Sin la lentitud del trazado a mano o la inmersión de la lectura profunda, perdemos el Sistema Activador Reticular que filtra y procesa ideas complejas.
Por ello es relevante que una de las editoriales independientes de nuestro país, Ediciones Era, suspenda sus operaciones debido al desplome en las ventas. Más allá de lo económico, este es el síntoma de nuestra época, el desinterés por la lectura profunda e impresa.
Estudios internacionales de la OCDE y Pew Research Center señalan una tendencia a la baja de comprensión lectora y una sustitución de los libros por el consumo acelerado de video corto y plataformas digitales.
En nuestro país, la población alfabeta lectora cayó 14.6 puntos porcentuales, pasando del 84.2 % en 2015 al 69.6 % en 2024, es decir, hay menos personas que leen en comparación con hace diez años; no porque se les haya olvidado cómo leer, sino porque han dejado de tener el hábito de la lectura. Hoy se han cambiado libros por contenido rápido y breve en redes sociales.

Los resultados del Módulo sobre la lectura (Molec) 2025 del Inegi señalan que más allá de la falta de interés de leer, otro de los motivos es la falta de tiempo, pues para cubrir sus necesidades básicas tienen más de un trabajo al día y problemas de salud.
Por otro lado, estudios de la Universidad Noruega de Ciencia y Tecnología y la UNAM demuestran que leer un libro y la escritura a mano activan funciones cerebrales esenciales que fortalecen la memoria, la atención y el aprendizaje.
“Cuando nosotros escribimos a mano, necesitamos codificar o decodificar la información en tres niveles: el fonológico, que consiste en pasar de lo que hablamos a lo que escribimos; el grafémico, que es el proceso de transformar los sonidos del lenguaje en letras o símbolos escritos; y el motor, que corresponde al acto físico de escribir”, señala la doctora Catalina Alatorre Cruz, investigadora del Instituto de Neurobiología de la UNAM.
Como podemos ver, al sustituir la escritura por el tecleo en pantallas (que sólo activa dos niveles cognitivos), el pensamiento se automatiza. Sin la lentitud del trazado a mano o la inmersión de la lectura profunda, perdemos el Sistema Activador Reticular (SRA) que filtra y procesa ideas complejas. Dejamos de imaginar y sólo procesamos datos, volviéndonos “robóticos” y mermando la capacidad creadora.
Escribir o leer no es un mero adorno intelectual. A decir verdad, al pueblo, en su mayoría obreros, campesinos y amas de casa, se le ha quitado este refugio de empatía, crítica y sensibilidad humana.
Hay que recuperar el papel y la pluma como un acto de resistencia cognitiva en estos tiempos digitales. Leer, leer y leer a los grandes escritores y poetas y escudriñar el significado de las palabras, como bien lo precisó el poeta León Felipe:
Deshaced ese verso.
I
Deshaced ese verso. Quitadle los caireles de la rima, el metro, la cadencia y hasta la idea misma. Aventad las palabras, y si después queda algo todavía, eso será la poesía.
II
Poesía, tristeza honda y ambición del alma, ¡cuándo te darás a todos… a todos, al príncipe y al paria, a todos… sin ritmo y sin palabras!
III
Sistema, poeta, sistema. Empieza por contar las piedras, luego contarás las estrellas.
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