• Un pasivo gubernamental hipoteca nuestro futuro nacional sin forjar patrimonio tangible
Se han encendido las alarmas en el ámbito económico porque la deuda que actualmente tiene el gobierno de México equivale, prácticamente, a la mitad del producto interno bruto (PIB) nacional. Esto significa que del volumen de riqueza producido en el país por el lapso de un año, la mitad ya la debe el gobierno, pero la pagará el pueblo.
Y no hay para dónde hacerse, puesto que lejos de disminuir la deuda, con el paso del tiempo, esta va creciendo. Esto sucede al no invertirse los recursos públicos en la generación de más riqueza, sino fundamentalmente en el estímulo del consumo.
Se crea, eso sí, la ilusión en la gente de que todo está muy bien porque se están entregando recursos, dinero en metálico y en especie. Esto ocurre sin que se detengan a pensar de dónde está saliendo.

El ciudadano no se da cuenta de que lo están endeudando a él y a su familia de por vida. El dinero habrá de pagarlo el pueblo, que es el que aporta a través de los impuestos los fondos que administran los gobiernos.
Estos son los que se endeudan, pero no tienen recursos propios para pagar el adeudo contraído.
Desde mi punto de vista, debemos saber los mexicanos con precisión que una deuda es una deuda, común y corriente. No importa si es con el exterior o con el capital financiero interno (nacional), si es de largo plazo o es a corto plazo (llamada también quirografaria).
Por tanto, sea cual sea su modalidad, tiene las mismas consecuencias para el deudor. En este caso el deudor es el pueblo, porque es quien tendrá que pagarla.
Lejos de disminuir la deuda con el paso del tiempo, esta va creciendo al no invertirse los recursos públicos en la generación de riqueza sino en el estímulo del consumo.
No nos engañemos; la falta de salud, ya no de calidad, sino siquiera atención y medicamentos disponibles y a buen precio, así como la falta de vivienda para las familias, son evidentes. A esto se suma la falta de pavimentaciones, de energía eléctrica en las comunidades apartadas, de agua potable y drenajes.
También falta una educación a todos los niveles y con una calidad decorosa que no nos haga pasar vergüenzas internacionales. Esta debe servir para que el país tenga técnicos y científicos que le procuren una independencia tecnológica, alimentaria y científica frente a la potencia imperial.
De esta dependemos casi al 100 % hasta para poder comer tortilla, porque nos vende el maíz que necesitamos. Ya no se diga la falta de empleos para todos los mexicanos y de salarios verdaderamente remuneradores.
Todo esto no es más que consecuencia de una política económica fincada en la satisfacción de los intereses de la clase dominante. No responde a los de las grandes masas trabajadoras y empobrecidas.

Y esto depende del sistema económico social en el que vivimos, el cual explica la forma de funcionar de las cosas. Por eso la solución verdadera está en su reemplazo por otro más justo y equitativo.
Es necesario parar el endeudamiento si no queremos depender tanto de los acreedores, pero no a costa del sufrimiento de las masas. Se debe procurar un desarrollo más científico y planificado acorde con el avance de la tecnología y las nuevas fuerzas productivas.
Esto llevará necesariamente a una organización superior de la sociedad, la cual busque, ante todo, la satisfacción de las necesidades de la población. Debe estar por encima de la acumulación y concentración irracional de la riqueza en unas cuantas manos, que está haciendo crisis en la actualidad y nos costará a todos.
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