Hace unos días, se realizó el Foro Económico Mundial (WEF, por sus siglas en inglés), en Davos, Suiza, el cual, según Martín Álvarez, es “una auténtica cumbre global del poder…un club donde se concentran jefes de Estado, banqueros, tecnócratas y celebridades reconvertidas en activistas”. Asimismo, sostiene que los grandes ausentes fueron los explotados del mundo (Canarias Semanal.org) . Como se ve, los poderosos se organizan para incrementar su dominio en el planeta, disfrazándose con el ropaje de individuos preocupados por el medio ambiente, las pandemias, las guerras y la desigualdad, mientras que los legítimos derechos de los trabajadores -que son quienes crean la riqueza que esos potentados se reparten-, no están en la agenda de estos “benefactores”.

En el presente escrito intento probar dos situaciones: primero, que por más que intente embellecerse al gran capital, estadísticas serias demuestran que la acumulación de riqueza en unas cuantas manos ha alcanzado proporciones insultantes; segundo, que los desposeídos de México no tienen posibilidades de mejorar su situación si no se organizan para defender sus legítimos derechos, pues nuestra economía está ya, en franca recesión.
Según la Oxfam, en su Informe contra el Imperio de los más Ricos, en 2025 la riqueza de los mil millonarios creció más de 16%, tres veces más rápido que los últimos 5 años, con lo cual, solo 3 mil potentados acaparan 18.3 billones de pesos, mientras uno de cada cuatro habitantes del planeta pasa hambre, sumando 160 millones en pobreza y 63 millones, en pobreza extrema.

En el mismo sentido, hace unos días, en el diario “El Sur de Guerrero”, Saúl Escobar Toledo señaló que en México “No hubo final Feliz en 2025”, pues la inversión fija bruta cayó 5.8%, hilando 14 meses en contracción; la inversión en maquinaria y equipo se redujo en 10.3%; la inversión pública disminuyó en 20.2%; en la construcción, hubo una caída del 31%; y, por su parte, la inversión privada cayó en 4.9%. Según datos del tercer semestre del 2025, los trabajadores formales disminuyeron en 225 mil, mientras que los del sector informal aumentaron en más de 800 mil. Finaliza señalando que en el largo plazo se ha desindustrializado nuestra economía, pues este sector pasó del 37.9% del PIB en el 2000, al 30.8% en la actualidad, mientras que el sector manufacturero pasó del 23.2% al 20.4%, evidenciando con ello un problema estructural.

Los mexicanos enfrentamos un entorno económico en franca recesión, pero contrario a los potentados del mundo, no estamos organizándonos, y menos dando la lucha para defender nuestros legítimos intereses económicos. Y dada la crisis de nuestro sistema político, en el que todo se reduce a los viejos partidos, que ya dieron todo de sí, y a Morena que no ha podido concretar la transformación prometida, comienzan a escucharse voces que abren las puertas de nuestro país a la intervención económica y militar estadunidense, animados por los vientos de triunfo de la política de Donald Trump que ha logrado impulsar gobiernos afines en Latinoamérica.
La realidad exige entablar una lucha seria contra el evidente proceso de decrecimiento económico, formando una fuerza política que ponga en el centro de su proyecto de país a las clases trabajadoras, y que impulse un nacionalismo vigoroso y progresista, como antídoto ante la presión de la “nueva política de seguridad norteamericana” para el continente Latinoamericano.
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