A finales de 2015, el Ing. Aquiles Córdova Morán, secretario general del Movimiento Antorchista Nacional, impartió la conferencia “La crisis terminal del capitalismo” a miles de estudiantes, y desde entonces describió con mucha exactitud el difícil momento que enfrenta la humanidad entera: “El mundo se acerca a una crisis definitiva de grandes proporciones que, como toda crisis, lo coloca en el filo de la navaja: o sana o se muere. Hoy, la lucha es por el dominio del mundo… Estados Unidos quiere controlar al mundo entero… ha dicho que no hay otra alternativa más que su dominio hegemónico del planeta y por ello no acepta el mundo multipolar”. Los acontecimientos geopolíticos de los últimos 10 años no han hecho más que confirmar esta terrible verdad.
Durante ese tiempo, los distintos gobiernos de Estados Unidos, con ligeras modificaciones en cuanto a su táctica, han puesto en marcha su plan de someter al mundo, socavando los esfuerzos de Rusia, China y los BRICS por construir un nuevo orden internacional multipolar, basado en el respeto mutuo entre los países y la cooperación económica equitativa. A pesar de lo cual, han tenido algunos reveses importantes como su fracaso por cercar y obligar a Rusia a someterse militarmente utilizando a Ucrania como ariete o el crecimiento de la influencia económica de los BRICS en diversas regiones del planeta. Razón por la cual, se preparan para desatar una mortífera conflagración mundial, para imponer su hegemonía por la fuerza, sometiendo a las naciones que resisten y defienden sus propios intereses.
Pero detrás del empeño de los Estados Unidos por dominar el mundo entero no se encuentra ninguna cuestión moral ni puramente ideológica, no es la lucha por imponer un mundo de “libertades, derechos humanos y democracia”, sino que subyace una necesidad fundamentalmente, esencialmente, económica, es su naturaleza imperialista.

Es decir, el hecho de que su economía está totalmente controlada por gigantescos monopolios industriales y comerciales, que producen y comercializan millones de mercancías, incluyendo las costosas y letales armas fabricadas por el complejo industrial-militar; así como por los monopolios financieros que tienen acumulados miles de millones de dólares que ya no invierten productivamente y utilizan como crédito especulativo. O sea, lo que fuerza a Estados Unidos a apoderarse de todos los mercados del planeta es su exceso de mercancías, capitales y dinero; pues ha pesar de que ha intentado colocarlas por todas partes no logra revitalizar su economía, pues el desempleo, la desigualdad y la pobreza crecen inconteniblemente en el corazón mismo del imperialismo.
Pues bien, todo indica que Estados Unidos ha dado un paso adelante en sus planes de dominación total al romper totalmente con la ficción del “mundo basado en reglas” surgido después de la Segunda Guerra Mundial y que dio origen a la Organización de las Naciones Unidas y la Carta de las Naciones Unidas, una especie de constitución mundial, en el cual se reconocían los derechos y obligaciones de todas las naciones soberanas del planeta, así como las vías de solución en caso de que surgieran conflictos entre ellas. En los hechos, sus preceptos nunca fueron totalmente respetados, pero servían como una serie de normas de validez universal que podían invocarse para regular los conflictos internacionales.
Sin embargo, dicho “mundo basado en reglas”, ha sido enviada al bote de la basura histórica por el mismísimo presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, quien dio muestras de no respetar la soberanía de los países, al secuestrar al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, y su esposa Cilia Flores, la madrugada del 3 de enero. Tras recibir la condena internacional por violentar flagrantemente diversas disposiciones de la Carta de las Naciones Unidas, Donald Trump, declaró en una entrevista que no reconocía ninguna ley ni organización internacional y que sus acciones únicamente estaban guiadas por su “propia moral y razón”.

Vale tener en cuenta que las acciones y declaraciones de Donald Trump, no son a título personal, simplemente son la manifestación de las ideas del Estado profundo, la élite de multimillonarios que gobierna Estados Unidos, que se ha propuesto garantizar su control total del continente americano, poniendo énfasis en someter por la fuerza lo mismo a Venezuela, Cuba y Nicaragua, países disidentes, como a Colombia, México y Groenlandia, a pesar de ser aliadas suyas. Son acciones previas para la gran guerra que preparan.
Por esta razón, el primer ministro de Canadá, Mark Carney, reconoció el pasado 20 de enero en el Foro Económico Mundial de Davos, Suiza (reunión a la que anualmente acuden la élite de multimillonarios, banqueros, directores corporativos, organismos internacionales y jefes de Estado del mundo capitalista), que había llegado el fin del orden mundial basado en el derecho internacional.
“Durante décadas, países como Canadá prosperaron bajo lo que llamamos el orden internacional basado en normas… Sabíamos que la historia de dicho orden internacional era parcialmente falsa. Que los más fuertes se eximian cuando les convenía. Esta ficción fue útil, y la hegemonía estadounidense, en particular, ayudó a proporcionar bienes públicos. Este trato ya no funciona. Permítanme ser directo: estamos en medio de una ruptura, no de una transición”. Su discurso completo, por cierto, recibió una ovación de pie, pues llamó a las “potencias medianas” a establecer un nuevo tipo de relaciones económicas y políticas basadas en el beneficio mutuo para protegerse del peligro de ser engullidos por el gran hegemón. Varias de dichas potencias medianas son europeas y asiáticas, hasta ahora vasallas por conveniencia del imperialismo monopolista de los Estados Unidos.

En el mismo Foro Económico de Davos, Suiza se presentó el presidente Donald Trump a promocionar su Junta de la Paz para la Franja de Gaza, que tiene como objetivo principal desarmar a la resistencia palestina y crear las condiciones para terminar la ocupación total de la Franja y el desplazamiento de la población palestina. Donald Trump informó que invitó a más de 60 líderes mundiales, de los cuales 23 ya han firmado el acta.
Sin embargo, según el propio Trump, el objetivo de la Junta de Paz va más allá de Gaza, buscando crear un nuevo órgano de gobernanza internacional presidido por Estados Unidos que podría actuar de forma unilateral en otros conflictos como Ucrania o Venezuela, debilitando todavía más el papel de Naciones Unidas como parte de la remodelación del orden internacional. El propio Trump ha declarado que "podría" reemplazar a la ONU.
En este nuevo esquema de gobernanza mundial, todos los estados soberanos tendrán voz y voto en las decisiones trascendentales, pero todas estarían sujetas a la aprobación del presidente de los Estados Unidos, por lo que este país, ejercería en realidad un poder omnímodo sobre el resto. Cumpliéndose así la meta de crear una dictadura mundial, un superimperialismo, sobre todo el planeta, dispuesto a someter por la fuerza de las armas a quienes no lo hagan de forma voluntaria.

Y ¿qué tan mala podría ser una dictadura mundial encabezada por los Estados Unidos? La respuesta se dio en el mismo Foro Económico Mundial de Davos, Suiza. La primera acción de la Junta de la Paz para la Franja de Gaza, es completar el despoblamiento de este territorio para posteriormente construir “La Nueva Gaza”. Una zona de “turismo costero” que se extendería a lo largo de la costa, lo suficientemente grande como para albergar hasta 180 rascacielos, muchos de ellos probablemente destinados a hoteles. Es decir, un nuevo centro de negocios y descanso para las élites del mundo, tal como ocurre en Dubái, Emiratos Árabes Unidos.
Asimismo, el gran amigo de Donald Trump, el magnate Elon Musk, dueño de Tesla, una de las grandes empresas de la tecnología que impulsan la digitalización y automatización del mundo, dijo en Davos, Suiza, que espera que para el año 2027 salgan a la venta sus primeros robots Tesla “más inteligentes que los humanos” y espera que para 2030 más de 30 millones de puestos de trabajo en áreas clave sean ocupadas por máquinas que funcionen con inteligencia artificial. Lo que arrojará a millones de seres humanos al desempleo y la pobreza.
Así pues, la dictadura mundial del capital monopolista, corporativo y tecnológico de las élites norteamericanas únicamente le traerán al mundo nuevas ilusiones imposibles de cumplir, mientras crecen el desempleo, la pobreza y el hambre por todo el mundo; más aún, con su nuevo sistema de gobernanza, se sentirán con derecho de invadir y despojar de sus riquezas naturales a naciones enteras y subyugar pueblos enteros para convertirlos en esclavos asalariados del capital. No es una exageración, esta realidad la reconocen ahora sin ningún rubor los mismos apologistas del imperialismo. Debemos difundir la verdad, para despertar la conciencia de los pueblos, comenzando por el nuestro, México, pues nadie que no seamos nosotros mismos nos salvará de sus garras.
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