• La auténtica democracia requiere organización popular para lograr un cambio estructural
Para el antorchismo, la democracia no debe reducirse a depositar una boleta cada cierto número de años. Una democracia auténtica exige que los trabajadores, las familias humildes, los campesinos y los sectores populares tengan condiciones dignas de vida, acceso a la educación, vivienda, servicios públicos y oportunidades de desarrollo, es decir, un cambio verdadero en la estructura política y económica.
En Baja California, miles de familias enfrentan dificultades para conseguir una vivienda, acceder a servicios básicos y mejorar sus condiciones materiales. Mientras tanto, la disputa entre los partidos por el control de las instituciones amenaza con desplazar del debate los problemas cotidianos de quienes viven de su trabajo.

El Movimiento Antorchista sostiene que la pobreza no se resolverá únicamente mediante cambios de funcionarios ni con promesas electorales. Es necesario impulsar una transformación profunda que permita distribuir más equitativamente la riqueza social, garantizar empleos y salarios dignos, ampliar la obra pública en las comunidades populares y asegurar que los recursos públicos beneficien a quienes más los necesitan.
Por eso, la exigencia de instituciones independientes debe acompañarse de una participación popular consciente y organizada. No basta con denunciar posibles abusos: hay que exigir rendición de cuentas, transparencia y castigo legal para quienes incurran en actos de corrupción, sin importar su partido o posición política.
La experiencia demuestra que los derechos de los sectores humildes no se conquistan esperando la buena voluntad de quienes gobiernan. Se conquistan mediante la participación colectiva, la exigencia pública y la organización de los ciudadanos en torno a demandas comunes.
La experiencia demuestra que los derechos de los sectores humildes no se conquistan esperando la buena voluntad de quienes gobiernan.
Desde la visión del Movimiento Antorchista de Baja California, el pueblo debe comprender que su fuerza reside en su unidad. Si las instituciones se alejan de sus necesidades, corresponde a los ciudadanos exigir que cumplan su función; si los gobiernos incumplen sus compromisos, corresponde organizarse para reclamar soluciones.
Un ejemplo de esta unidad y valentía es la que demostró el pueblo brasileño, que sacó a la ultraderecha del poder y puso a la cabeza a Luiz Inácio Lula da Silva. No fue una votación amañada, pues con lanchas, caminando o mediante algún otro tipo de transporte defendió su democracia.

En México, el INE debe garantizar elecciones confiables, no convertirse en instrumento de Morena ni de ningún otro partido. La democracia necesita autoridades independientes, mecanismos efectivos de vigilancia y ciudadanos capaces de defender sus derechos.
Frente a la corrupción, el uso partidista del poder y la desigualdad social, el pueblo no debe resignarse ni permanecer dividido.
El camino es la organización, la conciencia política y la lucha colectiva, pacífica y legal por una sociedad más justa, porque cuando las mayorías se unen y conocen sus derechos, dejan de ser simples espectadores de la política y se convierten en protagonistas de su propio futuro.
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