MOVIMIENTO ANTORCHISTA NACIONAL

La cabra tira al monte

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• Un pensamiento histórico dota de conciencia para transformar una realidad social opresiva

En una sociedad dividida en clases la ideología dominante es la de la clase dominante. Cierto. Sin embargo, no por dominante es verdadera. Es dominante porque cuenta con todos los medios para difundirse e imponerse incluso, por las vías oficiales o por medios aparentemente libres e independientes.

La ideología dominante, por falsa, nos hace percibir las cosas diferentes a lo que son: embelleciendo la realidad, volviéndola incomprensiblemente caótica para el común de la gente, volviendo al individuo ajeno a su realidad y a sus intereses de clase.

Pero para que la sociedad siga avanzando en su desarrollo general, necesita del desarrollo científico y tecnológico, del conocimiento riguroso, profundo y verdadero; es decir, del reflejo exacto de la realidad en el pensamiento humano, indispensable para que la productividad del trabajo permita satisfacer las necesidades de la sociedad. Aunque esto ocurre comúnmente con las ciencias naturales, no sucede exactamente lo mismo en el campo de las ciencias sociales.

En estas, es más notorio que el interés personal y de clase social influyen, haciendo que la ideología se inmiscuya en el campo del quehacer científico, afectando sus resultados. Por eso vemos que predominan las posiciones equivocadas o francamente reaccionarias que ralentizan el cambio social, buscando volver eterno el estado de cosas actual.

Esto es importante saberlo, desde mi punto de vista, porque los tiempos actuales son complicados y adversos para la inmensa mayoría de la población mundial, que aunque los padece no los concientiza, con la vida amenazada por los que quieren todo y se han pasado la vida concentrando la riqueza aun a costa de la existencia de la especie humana por guerras, hambrunas o devastación ambiental.

Aunque lo hemos normalizado no es ni natural ni inevitable. Es social, y depende, en cierta medida, de la voluntad de las masas su permanencia. La verdadera ciencia social establece que las relaciones humanas tienen por base aquellas que los seres humanos establecemos socialmente en la producción, ajustándose en cada momento histórico, al grado de desarrollo de las fuerzas productivas que la humanidad va alcanzando, y por tanto las actuales, altamente socializadas, reclaman ya la socialización de los medios con que se produce para garantizar el disfrute social de todo lo producido.

Pero su realización requiere una acción concreta de las masas, de las clases sociales sojuzgadas, que han sido siempre, por su papel, agentes activos de la historia. Tal acción requiere la conciencia de la clase como sujeto, sobre medios, métodos, alcances y objetivos. Se requiere del dominio, en algunos casos pleno, de la ciencia social verdadera, liberadora, eficaz demoledora de prejuicios, e iluminadora segura de la senda.

Sin embargo, la ideología dominante, por falsa, nos hace percibir las cosas diferentes a lo que son: embelleciendo la realidad, volviéndola incomprensiblemente caótica para el común de la gente, volviendo al individuo ajeno a su realidad y a sus intereses de clase, etcétera. Y para ello se vale de miles de subterfugios como los dispositivos electrónicos, la proliferación de vicios, la difusión de "música" y "contenidos", el individualismo, y una larga lista más.

Se trata, en síntesis, de volver ajena a la persona a su propia realidad, a sus intereses y, por tanto, a la posibilidad de cambiarla; por eso se les embota los sentidos, enajena a la gente para que no se dé cuenta, y menos, se explique los males sociales con tal de que todo siga igual.

Por eso, aunque la cabra tire al monte, es necesario luchar contra las inercias, comprendiendo lo nocivo de la situación que nos condena a permanecer en el mismo estado de cosas opresor y asfixiante. 

Por eso es indispensable abrevar en el materialismo histórico dialéctico, para adquirir la conciencia de clase capaz de dotar a los pobres de la herramienta liberadora: su unidad y claridad; así como de la voluntad de su acción, para lograr una sociedad mejor para todos y un mundo mucho más habitable, también para todos.

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