MOVIMIENTO ANTORCHISTA NACIONAL

Honrar a nuestros mártires es mantener en alto lucha del pueblo

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  • Antorchistas quintanarroenses conmemoran el segundo aniversario luctuoso de tres compañeros del movimiento

Cada año, los antorchistas quintanarroenses nos reunimos para honrar la memoria de nuestros compañeros que perdieron la vida en las filas del Movimiento Antorchista. Desde el fallecimiento de nuestro compañero Cristóbal Pilar Reyes, en julio de 2020, comenzamos a realizar actos conmemorativos para mantener vivo su recuerdo.

Posteriormente, con la partida de Berta Portilla Díaz, en septiembre de 2024, y de doña Virginia Esteban Franco, en enero de 2025, esta conmemoración adquirió un significado colectivo y pasó a denominarse aniversario luctuoso de los mártires antorchistas quintanarroenses.

Hoy, al cumplirse el segundo aniversario luctuoso de nuestros compañeros caídos, reafirmamos el compromiso de recordarlos y continuar la lucha que compartimos con ellos.

Quienes han entregado su vida en las filas de Antorcha pe rtenecen a esa estirpe de hombres y mujeres indispensables para las causas nobles. No es sencillo incorporarse a una organización como la nuestra y mantenerse firme en sus ideales hasta el último día de la vida.

Muchos se han sumado a nuestras filas, han levantado la voz y han coreado con entusiasmo consignas como: "Antorcha tiene que existir y la defenderemos hasta morir" o "Somos un solo hombre y somos un solo ideal, adelante, antorchistas, hasta triunfar".

Sin embargo, con el paso del tiempo, algunos se alejan por diversas razones e incluso llegan a desconocer aquello por lo que alguna vez lucharon.

Por eso es tan importante recordar a quienes no desertaron, a quienes se mantuvieron firmes en sus convicciones y conservaron hasta el final su compromiso con el antorchismo. Recordarlos significa traerlos a la mente, al corazón y al espíritu; significa reconocer que la perseverancia, la congruencia y la lealtad a los ideales son cualidades indispensables para quienes aspiran a transformar la realidad social.

La vida de Cristóbal, Bertita y doña Virginia nos deja una enseñanza que debemos mantener presente. Su ejemplo debe convertirse en una fuente permanente de decisión, vigor, entusiasmo, firmeza y convicción para continuar nuestro trabajo.

No se trata solamente de rendir homenaje a quienes ya no están físicamente con nosotros, sino de comprender el significado de su participación en una lucha colectiva y de asumir la responsabilidad de darle continuidad.

La mejor manera de honrar a nuestros mártires es mantener en alto nuestro espíritu de lucha, redoblar el trabajo de educación y organización del pueblo trabajador y avanzar en la construcción de una fuerza política capaz de representar sus intereses.

Desde nuestra perspectiva, esta tarea constituye uno de los compromisos más importantes que tenemos con quienes entregaron sus esfuerzos y su vida a la causa de una sociedad más justa.

La memoria de los mártires ocupa un lugar importante en la historia del antorchismo quintanarroense. Recordarlos no debe limitarse a un acto de homenaje, sino que debe llevarnos a reflexionar sobre el valor de la unidad, la perseverancia y la firmeza en los ideales.

Su partida nos duele, pero también nos compromete a continuar el trabajo que realizaron, fortaleciendo la organización y la lucha por transformar las condiciones de vida de las familias trabajadoras. 

Honrar su memoria significa mantener vivos los principios que guiaron su participación y convertir su ejemplo en una fuente permanente de compromiso para quienes seguimos adelante.

Su muerte no significa que debamos detenernos. Por el contrario, quienes permanecemos en esta lucha tenemos el deber de recoger su bandera y mantenerla en alto en todos los rincones de Quintana Roo y del país.

Quienes han entregado su vida en las filas de Antorcha pertenecen a esa estirpe de hombres y mujeres indispensables para las causas nobles.

La memoria de nuestros compañeros adquiere verdadero sentido cuando se convierte en compromiso, cuando nos impulsa a seguir trabajando y cuando fortalece nuestra voluntad de organizarnos para enfrentar los problemas que aquejan al pueblo.

Por eso, todos los antorchistas debemos ratificar nuestro compromiso con nuestros ideales, con nuestra organización y con nuestra lucha. Ese compromiso no se demuestra únicamente con palabras ni con la asistencia a un acto conmemorativo; se demuestra con el trabajo cotidiano, con la participación responsable y con la capacidad de sumar a más personas a una causa colectiva.

Se demuestra procurando que Antorcha crezca, se fortalezca y desarrolle una mayor capacidad ideológica, política y organizativa para cumplir sus objetivos.

Cristóbal, Bertita y doña Virginia forman parte de los hombres y mujeres que contribuyeron a mantener vivo este proyecto. Con su trabajo y su entrega abonaron la tierra en la que germina la semilla de sus ideales.

Nos corresponde a quienes seguimos aquí cuidar esa semilla, hacerla crecer y transmitir a las nuevas generaciones las razones por las que miles de mexicanos consideran necesario organizarse y participar en la transformación de su entorno.

Para quienes luchamos por cambiar la realidad social, la muerte también tiene una dimensión colectiva: permanecemos unidos a nuestros compañeros a través de la memoria, de las experiencias compartidas y de las causas que defendieron. 

Hacemos presentes a nuestros muertos cuando los recordamos con respeto, reconocemos su aportación y asumimos la responsabilidad de continuar el trabajo que realizaron en vida.

Así, su recuerdo deja de ser solamente una evocación del pasado y se convierte en una guía para nuestras acciones del presente.

En este sentido, la participación de niñas, niños y jóvenes en las actividades artísticas y culturales de nuestra organización también forma parte de este homenaje. La cultura, la educación y el desarrollo de las capacidades humanas son componentes importantes del trabajo que impulsaron nuestros compañeros.

Ver a las nuevas generaciones participar, aprender y expresarse mediante el arte nos recuerda que una organización no solamente se construye con demandas y acciones políticas, sino también con la formación integral de sus integrantes.

Agradezco a todos los antorchistas y amigos que acudieron a esta gran conmemoración en el teatro "Constituyentes del 74". Su presencia expresa el respeto hacia nuestros compañeros caídos y la voluntad de mantener viva su memoria.

Que este segundo aniversario luctuoso nos permita reflexionar sobre el camino recorrido, fortalecer nuestra unidad y renovar el compromiso de trabajar por las causas que nos convocan.

Recordar a nuestros mártires implica mirar hacia el pasado con respeto, pero también mirar hacia el futuro con responsabilidad. 

La mejor ofrenda que podemos hacerles es continuar trabajando, educando y organizando al pueblo, convencidos de que la lucha colectiva cobra sentido cuando se orienta a construir mejores condiciones de vida para quienes más lo necesitan.

¡Por todos los caídos, nosotros estamos de pie!

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