MOVIMIENTO ANTORCHISTA NACIONAL

El sometimiento al imperialismo yanqui atenta contra la soberanía de los pueblos: Oliver Saavedra

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El poder económico y militar de Estados Unidos le ha permitido ejercer una enorme influencia sobre otras naciones. Esta relación desigual plantea una cuestión trascendental, porque un pueblo no puede considerarse verdaderamente libre cuando sus decisiones están condicionadas por los intereses de una potencia extranjera. Para Oliver Saavedra Ángeles, dirigente del Movimiento Antorchista en Tláhuac, en la Ciudad de México, ningún país debe sacrificar su soberanía por someterse a los designios del imperialismo estadounidense, sino que deben hacer frente a los embates y mantenerse firmes en sus ideales.

A lo largo de la historia, las grandes potencias han buscado ampliar su influencia política, económica y militar para garantizar sus intereses. Estados Unidos es el mejor ejemplo de esto. Su poderío armamentístico, económico y político le ha permitido inmiscuirse en los asuntos internacionales y establecer relaciones desiguales con otros países, en los que la capacidad de decisión de las naciones más débiles queda subordinada a las prioridades de Washington.

Una de las contradicciones de esta situación es que algunos gobiernos terminan respaldando a la misma potencia que ha causado graves daños a otros pueblos. Japón es un ejemplo de esto: en 1945, Estados Unidos lanzó bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki, provocando una catástrofe humana. Décadas después, ambos países mantienen una estrecha alianza política y militar. Este caso muestra cómo los intereses geopolíticos pueden pesar más que el recuerdo de esta catástrofe causada por un país imperialista, cuya única misión histórica ha sido apoderarse del mundo entero.

La subordinación no siempre se presenta como una imposición abierta. También suele manifestarse mediante alianzas desiguales, presiones económicas, dependencia militar o discursos, como los que mantiene Estados Unidos, que justifican su protección a cambio del sometimiento. Ante esto, la soberanía de los países queda expuesta a los designios de este país intervencionista, mientras las decisiones fundamentales quedan condicionadas por intereses ajenos a los de la población.

Frente a este panorama, la Revolución Cubana constituye un referente histórico para quienes defienden el derecho de los pueblos a elegir su propio camino. Desde 1959, Cuba ha mantenido un proyecto político independiente de Washington, en medio de un prolongado conflicto y del embargo económico estadounidense hacia la isla. Esta situación ha traído consecuencias graves para Cuba, mismas que su pueblo ha resistido con extrema valentía e inteligencia, pero también ha colocado en el centro de atención el derecho de una nación a decidir su organización política sin imposiciones externas, y a esto se le llama soberanía, que significa que los pueblos pueden decidir su futuro, establecer sus prioridades y definir sus formas de organización.

Saavedra Ángeles señala que, ante esto, toma especial relevancia inculcar a los pueblos del mundo la importancia de la independencia nacional frente a los intereses de las grandes potencias. Para el dirigente antorchista, la comparación entre estas experiencias permite cuestionar la idea de que la única manera, planteada por los países poderosos, de garantizar la seguridad y la paz de un pueblo sea la subordinación   a una potencia, por el contrario.

“La defensa de la soberanía, no debe entenderse como un asunto exclusivo de los gobiernos, sino como un compromiso, que en estricto sentido involucra a los pueblos y su derecho a vivir seguros y en paz.  Ninguna nación debe verse obligada a renunciar a su independencia para obtener reconocimiento, protección o respaldo internacional”, aseguró el líder social.

En México, el sometimiento a Estados Unidos se refleja en los ámbitos económico, político y militar. Nuestro país mantiene una profunda dependencia de la potencia del norte, que se fortalece mediante mecanismos de cooperación en materia de seguridad, los cuales abren la puerta a la injerencia estadounidense en asuntos internos. Para el Movimiento Antorchista, esta situación evidencia que decisiones fundamentales para el desarrollo y el futuro de México están condicionadas por intereses extranjeros y no responden plenamente a las necesidades del pueblo mexicano.

Japón, Corea del Sur y varios países de la OTAN ilustran el costo de la subordinación: mantienen bases militares estadounidenses en su territorio, por ejemplo

El sometimiento no puede confundirse con la cooperación entre países. Mientras la cooperación significa respeto e igualdad, el imperialismo busca establecer relaciones de poder que lo favorezcan, mediante presiones económicas, dependencia militar y alianzas desiguales, por ser él quien concentra la fuerza económica y militar.

La soberanía no debe depender de la voluntad de las grandes potencias, sino que los pueblos tienen derecho a decidir su destino, su gobierno y la forma como conducirán su política interna, sin que otros se inmiscuyan en sus decisiones.

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