MOVIMIENTO ANTORCHISTA NACIONAL

El acceso al agua no debería depender de una pipa

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• Ante la desigualdad hídrica capitalina urge la organización ciudadana contra la indiferencia gubernamental

Para los seres humanos el agua es un elemento vital. Necesitamos agua para beber, preparar nuestros alimentos, bañarnos, lavar ropa y limpiar nuestra casa. Por eso, contar con agua en nuestros hogares no debería depender de que llegue una pipa para llenar un tambo acondicionado para almacenarla; esto es algo que no deberíamos aceptar con sumisión, porque si el acceso al agua es un derecho humano, debemos exigir su cumplimiento.

Vivir en la misma ciudad no garantiza a sus habitantes contar con las mismas condiciones, mientras unos tienen cisterna para almacenar agua, otros guardan cada litro en cubetas.

La Ciudad de México es uno de los estados del país más emblemáticos, pues aquí reside la sede del Gobierno de la República y las oficinas centrales de las instituciones más importantes; sin embargo, a pesar de ello y de todo lo que representa la capital del país, el acceso al agua no es igual para todos. 

Mientras en algunas zonas de la capital el suministro de agua es más estable y las familias cuentan con infraestructura como cisternas y tinacos para enfrentar eventuales cortes, en otras colonias el agua llega por tandeo, con poca presión o simplemente no llega durante días.

La diferencia puede observarse entre zonas como algunas colonias de Benito Juárez, donde existe una amplia infraestructura urbana y una cobertura importante de tomas con servicio medido, y comunidades de alcaldías como Iztapalapa, Tláhuac, Xochimilco, Tlalpan y Milpa Alta, donde históricamente se han presentado mayores problemas de abastecimiento. 

En 2025, por ejemplo, la Secretaría de Gestión Integral del Agua reportó 611 colonias con al menos 70 % de sus tomas con servicio medido; Benito Juárez tenía sólo 36 colonias dentro de ese listado.

Para dimensionar todavía mejor la desigualdad que se padece en acceso al agua, basta observar hacia el oriente y el sur de la capital. En zonas de Iztapalapa y Tláhuac, como la sierra de Santa Catarina, Santiago Acahualtepec, San Lorenzo Tezonco y San Nicolás Tetelco, las autoridades han reconocido problemas muy graves de falta de agua potable y el servicio de pipas es muy irregular, lo que pone a sus habitantes realmente en aprietos.

En Xochimilco, por ejemplo, este problema es añejo. Aquí, muchos de sus habitantes han denunciado periodos prolongados sin agua, y constantemente se ven en la necesidad de acarrearla hasta sus viviendas; en algunas subidas muy prolongadas esta actividad la realizan utilizando burros a los que cargan con varios galones llenos de agua.

También se tiene conocimiento de que este problema tan grave afecta a Tlalpan, Tláhuac, Iztapalapa y Milpa Alta, donde cientos de miles de personas han enfrentado falta de acceso o suministro por tandeo. Esto quiere decir que, a pesar de contar con red hidráulica, el agua no llega a sus domicilios en el tiempo establecido; simplemente no se cuenta con agua.

Esto nos demuestra que vivir en la misma ciudad no garantiza a sus habitantes contar con las mismas condiciones. Mientras una familia puede abrir la llave y contar con agua suficiente para realizar sus actividades cotidianas, otra puede estar esperando durante horas la llegada de una pipa y enfrentarse a la triste realidad de que simplemente no llegue. Mientras unos tienen cisterna y pueden almacenar grandes cantidades de agua, otros tienen que guardar cada litro en cubetas y tambos, y reutilizarla.

Ante esto se presenta una gran injusticia: quien tiene dinero puede buscar alternativas y quien no cuenta con los recursos necesarios tiene que esperar a que las autoridades se apiaden de él y le envíen una pipa. 

Mientras que una familia con posibilidades económicas puede comprar una pipa cuando el servicio falla, a una familia de bajos recursos no le queda de otra que aguantarse, durar varios días sin bañarse y con sus trastes sucios.

Así, el problema de acceso al agua no sólo se reduce a decir que “no hay agua”, sino que este va más allá: ¿quién tiene acceso al agua?, ¿quién tiene que esperar?, ¿quién puede pagar una pipa y quién no?, ¿qué colonias cuentan con infraestructura suficiente y cuáles llevan años esperando obras?

Entonces, volvemos al principio: la Ciudad de México es considerada una de las grandes metrópolis del país, donde millones de personas tratan de sobrevivir; sin embargo, su infraestructura hidráulica enfrenta problemas de deterioro, fugas, sobreexplotación de los acuíferos y una demanda cada vez mayor de recursos, como lo es el agua potable.

Y, contradictoriamente, mientras muchas familias sufren para conseguir agua, durante la temporada de lluvias grandes cantidades del líquido terminan en las calles y provocan inundaciones. 

Ante esta problemática, la solución no radica en que las autoridades le pidan a la población que cuide el agua, sino que debemos unirnos y exigir a las autoridades que garanticen una infraestructura adecuada para que el agua sea almacenada y no termine desperdiciada, así como una distribución justa.

Así es: la exigencia debe ser constante y decidida, porque las autoridades de gobierno tienden a desentenderse de los problemas fundamentales de la población, y muchas veces se creen los dueños de los recursos públicos y que tienen la plena facultad de invertirlos en lo que se les antoje, dejando de lado los verdaderos problemas de la ciudadanía, como lo es la falta de agua potable.

El Movimiento Antorchista se ha dado a la tarea durante más de cinco décadas de recordarle a las autoridades sus obligaciones. Las respuestas han sido variadas: algunos funcionarios, los menos, han accedido a invertir recursos para construir obras y llevar servicios a las comunidades más pobres; pero de otros nos hemos ganado el odio y la enemistad.

Justo como ocurrió hace algunos días en la alcaldía Xochimilco, en donde compañeros antorchistas acudieron a las oficinas gubernamentales de esta demarcación, tras haber sido notificados de una cita que se llevaría a cabo para revisar el pliego de demandas que fue ingresado hace varios meses y que contiene necesidades apremiantes para varias colonias de Xochimilco. 

Los compañeros llegaron puntuales a la cita y esperaron de forma paciente la llegada del funcionario comisionado para atenderlos. Sin embargo, la espera se tornó pesada, porque el tiempo pasaba y simplemente el tal funcionario no se dignaba a presentarse, por lo que, como es natural, los ánimos no eran los mejores; la gente que acompañaba a la comisión de antorchistas que encabezaba esta gestión se desesperó.

Cuando vieron que el funcionario, que funge como secretario particular de la alcaldesa Circe Camacho, andaba muy campante a pesar del compromiso de atender a la comisión, se le recordó este compromiso, lo que causó la molestia del señor Isac Capultitla, quien trató de demostrar su poder al gritarles a los antorchistas que las pláticas estaban canceladas y que no habría ningún tipo de solución ante las demandas planteadas, entre las que se incluía precisamente la entrega de agua potable a varias colonias que carecen de ella.

El señor mostró totalmente el cobre, por lo que los antorchistas se retiraron del lugar y al día siguiente realizaron una serie de cadenas humanas sobre Paseo de la Reforma y calles aledañas, exigiendo respeto y solución a las demandas de familias humildes de Xochimilco.

Esta es la triste realidad. Con estos hechos narrados se demuestra cómo el cumplimiento de las autoridades a su palabra empeñada en sus campañas políticas muchas veces está muy lejos de materializarse.

Por eso, los ciudadanos deben estar alerta y no dejarse engañar con los cantos de sirena, y saber que sólo la unión ciudadana hace la fuerza, porque un individuo aislado sólo logrará la burla de las autoridades, cuando lo que se necesita es fuerza para lograr que los recursos públicos se inviertan en mejorar las condiciones de vida de la gente pobre, como la necesidad de que todos contemos con agua en nuestros hogares.

Por eso, frente a problemas como la falta de agua, vivienda, pavimentación, drenaje, alumbrado, escuelas y servicios de salud, la organización popular es fundamental.

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