MOVIMIENTO ANTORCHISTA NACIONAL

Economía inteligente debe combatir la pobreza

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• Automatización desplaza empleo y agrava pobreza en México pese a avances tecnológicos

En los tiempos actuales, el avance tecnológico ha transformado de manera acelerada los procesos productivos. Las máquinas han comenzado a reemplazar a los obreros y, con ello, el desempleo se hace cada vez más visible. 

La economía inteligente no puede limitarse a elevar la eficiencia productiva, debe garantizar una mejor distribución de la riqueza.

Esta realidad no es un asunto menor: miles de familias en México enfrentan hoy la falta de ingresos, la incertidumbre alimentaria y la imposibilidad de garantizar educación para sus hijos, lo que las empuja hacia condiciones de pobreza cada vez más profundas.

Frente a este panorama, surge una interrogante fundamental: ¿para quién está trabajando el progreso tecnológico? Si bien la innovación ha permitido elevar la productividad y optimizar los procesos industriales, sus beneficios no están llegando de manera equitativa a toda la población.

El doctor Brasil Acosta Peña, economista, ha planteado con claridad este dilema. Durante el seminario “Oportunidades de Desarrollo de la Economía Inteligente entre China y México”, organizado por la Agencia de Noticias Xinhua, sostuvo que la llamada economía inteligente no puede limitarse únicamente a incrementar la eficiencia productiva, sino que debe garantizar una mejor distribución de la riqueza.

Su postura resulta contundente: mientras al interior de las fábricas se ha alcanzado un alto grado de desarrollo científico, donde predominan las matemáticas, la precisión y la innovación, al momento de distribuir los productos impera una lógica distinta: la del mercado sin regulación suficiente, donde domina “la ley del más fuerte”. Este contraste revela una profunda contradicción del sistema económico actual.

La experiencia internacional, particularmente la de China, demuestra que es posible desarrollar fuerzas productivas altamente avanzadas, incluso con fábricas automatizadas que requieren mínima intervención humana. Sin embargo, el verdadero desafío no radica únicamente en producir más, sino en distribuir mejor.

Hoy contamos con herramientas como la inteligencia artificial, la digitalización y, en un futuro cercano, la computación cuántica. 

La pregunta es inevitable: ¿por qué no utilizar estos avances para diseñar mecanismos de distribución más justos? No se trata de una utopía, sino de una posibilidad real si existe voluntad política y visión social.

En México, el problema se agrava. Bajo el contexto de políticas económicas recientes, miles de trabajadores han sido desplazados del mercado laboral sin que existan alternativas suficientes para su reinserción. 

La automatización, lejos de ser un aliado en la lucha contra la pobreza, se ha convertido en un factor que profundiza la desigualdad.

Por ello, es necesario replantear el rumbo. Una verdadera economía inteligente debe tener como objetivo central el bienestar de la población. 

No basta con producir más; es indispensable garantizar que esa riqueza llegue a todos. Esto implica diseñar políticas públicas que acompañen el desarrollo tecnológico con estrategias de redistribución, educación, capacitación y protección social.

La historia ha demostrado que el progreso económico sin justicia social genera inestabilidad y exclusión. Hoy estamos ante una oportunidad crucial: aprovechar la tecnología no solo para crecer, sino para construir una sociedad más equitativa.

Combatir la pobreza no debe ser un efecto secundario del desarrollo, sino su propósito principal. Esa es, en esencia, la verdadera inteligencia económica que México necesita.

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