MOVIMIENTO ANTORCHISTA NACIONAL

Cuesta de enero: el peso de la crisis sobre los hombros del pueblo

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Cada inicio de año, miles de familias trabajadoras en Yucatán y en todo el país enfrentan una realidad que se repite con puntual crudeza: la llamada cuesta de enero. No se trata de una simple expresión popular ni de una dificultad pasajera; es la manifestación más clara de un modelo económico que condena a la mayoría a sobrevivir con salarios insuficientes, mientras unos cuantos concentran la riqueza.

Después de los gastos inevitables de diciembre, alimentación, ropa y compromisos familiares, llega enero con aumentos en productos de la canasta básica, alzas en el transporte, servicios más caros y deudas que no esperan. Para el obrero, el campesino, el empleado mal pagado o la madre jefa de familia, enero no es un mes de esperanza, sino de resistencia.

La carestía no es producto del azar. Es consecuencia directa de políticas que han abandonado a los productores del campo, que permiten la especulación de los grandes intermediarios y que mantienen salarios que no alcanzan para vivir con dignidad.

Mientras el salario mínimo sigue siendo insuficiente frente al costo real de la vida, los precios de los alimentos, el gas, la electricidad y el agua continúan en ascenso.

La carestía no es producto del azar: es consecuencia directa de políticas que han abandonado a los productores del campo, que permiten la especulación de los grandes intermediarios y que mantienen salarios que no alcanzan para vivir.

En Yucatán, esta situación se agrava por la precariedad laboral. Seis de cada diez trabajadores sobreviven en la informalidad, sin seguridad social, sin estabilidad y sin garantías mínimas. Para ellos, la cuesta de enero no dura un mes: se extiende todo el año. 

El discurso oficial habla de bienestar y crecimiento, pero en las colonias populares y en las comunidades rurales la realidad es otra: mesas con menos comida, familias endeudadas y jóvenes obligados a emigrar en busca de oportunidades que aquí se les niegan.

La cuesta de enero y la crisis se ceban sobre los hombros del pueblo pobre, que son los que menos tienen, quienes salen todos los días a buscar oportunidades que nunca encuentran, porque nunca han sido preocupación central de quienes nos gobiernan, sino carne de cañón para que con su trabajo sigan incrementando escandalosas y groseras fortunas, mientras ellos viven en la pobreza, la precariedad y la insalubridad.

Es importante decirlo con claridad: no basta con llamar a la “austeridad” o a la “buena administración familiar” cuando el problema es estructural. No se puede pedir sacrificios a quienes ya no tienen nada que sacrificar.

La verdadera solución pasa por fortalecer e incrementar el empleo formal bien remunerado, apoyar de manera real al campo, controlar los precios de los productos básicos y garantizar servicios públicos accesibles y de calidad.

El Movimiento Antorchista sostiene que sólo la organización del pueblo puede revertir esta situación. La historia demuestra que los derechos no se conceden, se conquistan.

Cuando el pueblo se organiza y lucha de manera consciente, es posible arrancar mejores condiciones de vida, obras, servicios y políticas públicas que realmente beneficien a las mayorías.

La cuesta de enero debe servirnos para reflexionar, pero también para actuar. No podemos normalizar la pobreza ni aceptar como destino la miseria.

Es necesario exigir un cambio profundo en la orientación económica del país, una que coloque en el centro al trabajador, al campesino y a las familias humildes.

Pero ese cambio profundo sólo puede lograrlo un pueblo organizado, educado políticamente, capaz de tomar las riendas de este país para gobernarlo, que realice los cambios necesarios en beneficio de todos los mexicanos.

Se necesita un cambio estructural, una nueva clase social que gobierne, cuyo eje principal de su accionar sea en beneficio de la clase trabajadora, pero no en el discurso, sino en los hechos.

Antorchistas yucatecos, que el año que inicia, no sea sólo de buenos deseos y tiempo de apretarse el cinturón, sino de levantar la voz y fortalecer la unidad popular. Porque sólo con organización y lucha podremos transformar esta cuesta interminable, en un camino de justicia y dignidad para el pueblo de Yucatán y de México.

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