MOVIMIENTO ANTORCHISTA NACIONAL

ENTREVISTA | "Aquí lo necesitamos"

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* Defienden al líder chiapaneco Raúl Orión con arte

Hay comunidades donde la presencia de un dirigente social se materializa en calles que dejaron de inundarse, en postes de luz levantados entre lodo, en terrenos regularizados después de años de incertidumbre y en personas que, al hablar de quien hoy está preso, bajan la voz o contienen el llanto.

En la colonia “El Porvenir”, perteneciente al municipio de Ocozocoautla, el nombre de Raúl Orión Jiménez García aparece en la conversación como si todavía caminara entre las casas de lámina y concreto. Ahí trabajó políticamente durante años, ahí impartió clases en la Secundaria “José Martí” y ahí mismo fue detenido el pasado 29 de abril, en un caso que el Movimiento Antorchista califica como una detención arbitraria.

Era el 7 de mayo. La tarde en que arrancó la gira de los Grupos Culturales Nacionales del Movimiento Antorchista en Chiapas, el arte y la denuncia se encontraron en un mismo escenario. Mientras el mariachi interpretaba “La feria de las flores” y los cuadros folclóricos llenaban de color el templete instalado en la cancha de la primaria de la colonia, decenas de vecinos hablaban también de injusticia y persecución política.

“Nos hemos dado cita el día de hoy como muestra de solidaridad y para exigir la liberación inmediata de nuestro compañero Raúl Orión Jiménez García”, expresó la activista antorchista Olivia Francisco durante el evento cultural y político. La dirigente sostuvo que el líder social fue encarcelado injustamente y acusó a las autoridades de fabricar delitos para dañar la imagen de la organización: “En México no se debe perseguir y reprimir la lucha social, al contrario, se le debe promover”, dijo ante vecinos, estudiantes y simpatizantes antorchistas.

México acumula miles de casos de detenciones arbitrarias contra activistas y defensores sociales; datos del Comité Cerezo documentan más de 2 mil detenciones arbitrarias entre 2012 y 2025, además de ejecuciones extrajudiciales y desapariciones forzadas vinculadas a la represión política y social. Estados como Guerrero, Puebla, Veracruz y Chiapas aparecen constantemente entre las entidades con más agresiones contra defensores comunitarios.

En “El Porvenir”, esas cifras adquirieron rostro, el de el “Lic. Orión”. Miriam Salgado Trujillo, vecina de la colonia y antorchista desde hace 10 años, observaba el evento cultural con una mezcla de alegría y tristeza. Dice sentirse feliz de ver a los Grupos Nacionales presentarse en su comunidad, pero también frustrada por lo que considera una injusticia: “Yo sé muy bien que es una injusticia lo que están haciendo con el licenciado Orión. Es una muy buena persona. Yo lo conozco, he estado cerca con él y me doy cuenta que todo esto —su detención— fue planeado”, sostuvo.

Mientras a unos metros sonaban las trompetas del mariachi, Miriam recordó las gestiones que, asegura, encabezó el dirigente detenido: regularización de terrenos, servicios básicos y mejoras para la colonia.

“Gracias a Antorcha tenemos agua, tenemos luz y todo lo que se ha logrado es gracias a la organización. Por eso estamos acá unidos”, explicó. En su relato aparece constantemente la idea de que la detención busca frenar el avance organizativo de la colonia: “Sentimos que hay alguien detrás de todo esto para detener lo que ya vamos haciendo”, dijo.

Más adelante, otra voz se quebró frente a la cámara: Araceli Espinoza Bautista, apenas pudo contener las lágrimas cuando habló de Raúl Orión. Primero observó el escenario donde minutos antes se habían presentado bailes folclóricos de Veracruz y Nayarit; luego respiró hondo antes de hablar. “Eso es lo que se necesita aquí en la colonia, para levantar los ánimos hoy que no está nuestro líder”, dijo sobre la jornada cultural.

Cuenta que durante años trabajó junto a él en gestiones comunitarias. Habla de caminatas bajo el sol, reuniones y mejoras en la colonia: “Hemos tenido muchos avances en luz, en agua, en nuestras calles y en nuestras viviendas. Hemos trabajado honestamente como la organización lo pide”, expresó.
Entonces vino el silencio breve, ese que antecede al dolor: “Sí nos duele porque no es justo que esté ahí”, dijo con la voz entrecortada y los ojos inundados.

Araceli insistió en que la colonia necesita a su dirigente de vuelta, especialmente por el proceso de regularización de terrenos que continúa en la zona: “Le pedimos al gobernador, a la presidenta y a todas las instancias que ayuden para que nuestro líder lo tengamos de vuelta”, agregó.

José Guadalupe Ruiz Hernández todavía hablaba emocionado por el espectáculo cultural: “Nunca habíamos visto una cultura así acá en el municipio”, comentó.

Para él, uno de los problemas centrales en las comunidades marginadas es el acceso limitado al arte y la cultura. Explica que muchos niños y jóvenes quisieran participar en actividades artísticas, pero las condiciones económicas se los impiden: “Hay jóvenes que quieren participar, pero lamentablemente no hay posibilidades porque la gente es de bajos recursos”, señaló. Por ello, considera importante el trabajo cultural del Movimiento Antorchista, que lleva presentaciones gratuitas a colonias populares y comunidades alejadas: “Se les hace interesante también a los jóvenes porque aquí no se les cobra ni un peso”, afirmó.

Pero inevitablemente la conversación regresó al tema que atravesó la jornada: la detención de Raúl Orión. José Guadalupe asegura conocerlo desde hace aproximadamente seis años y afirma que las acusaciones en su contra son falsas: “Me consta que Raúl Orión no hizo esas cosas. Son puras pruebas sembradas”, sostuvo.

Enlistó entonces algunas de las acciones que impulsó el dirigente en la colonia: mejoramiento de calles, alumbrado, apoyo a escuelas y organización de mototaxistas: “Siempre estuvo con nosotros en cualquier situación”, dijo.

La noche cayó lentamente sobre “El Porvenir” mientras los últimos asistentes abandonaban el recinto que cobijó el evento cultural. Algunos niños seguían jugando cerca del escenario; otros imitaban pasos de baile que acababan de ver. En una comunidad marcada visiblemente por carencias, la cultura llegó acompañada de una exigencia política: la libertad de un dirigente al que sus vecinos no describen como criminal, sino como gestor, maestro y compañero de lucha.

Y quizá ahí reside la dimensión más profunda de esta historia: en un país donde las cifras de persecución contra activistas sociales continúan creciendo, hay colonias enteras que siguen aprendiendo a combatir, a luchar y a que no caiga la esperanza.
 

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