MOVIMIENTO ANTORCHISTA NACIONAL

81 años de amenaza y terror contra la humanidad

image

• Tras los bombardeos de 1945 en Japón, persiste el riesgo bélico actual con 12 mil ojivas activas en manos imperialistas

Este jueves 6 de agosto se cumplieron 81 años de uno de los mayores crímenes contra la humanidad, cometido por los Estados Unidos, entonces liderados por el presidente Harry Truman, quien, por cierto, se atrevió a especificarlo: "La decisión de lanzar las bombas fue mía, las manos ensangrentadas son las mías". 

Me refiero a las bombas atómicas lanzadas por primera vez contra ciudadanos inermes en dos ciudades de Japón, primero sobre Hiroshima el 6 de agosto, y después sobre Nagasaki, el 9 de agosto de 1945.

Es solamente la acción de los pueblos conscientes la que puede evitar que se repita la tragedia que traería sin duda la desaparición de nuestra especie.

Es un suceso tan terrible, tan inconcebible, que nadie quisiera que se repitiera y, tal vez por eso, se puede llegar a creer que es mejor olvidarlo y no hablar nunca más de eso. Pero es precisamente al revés: puesto que el peligro de que se repita no está conjurado, ni mucho menos, antes, al contrario, precisamente en estos días el peligro de una tercera guerra mundial, y de que en esta se usen semejantes aparatos de homicidio, es mayor y urge hacer todo lo posible por evitarlo. 

Lo primero es jamás olvidarlo, traerlo a la mente de todos en cuanto haya oportunidad y explicar sus detalles, por horrendos que sean, pues es solamente la acción de los pueblos conscientes la que puede evitar que se repita la tragedia que traería sin duda, la desaparición de nuestra especie. Por ello, es importante que todos mis compañeros antorchistas sepan bien tres cosas fundamentales:

Primero, en la explosión en Hiroshima murieron entre 90 mil y 166 mil personas, y en Nagasaki aproximadamente 80 mil. 

Las detonaciones provocaron destrucción total por ondas de calor y presión de hasta 4 mil °C, cuerpos y estructuras en el epicentro se calcinaron en segundos, hasta evaporarse; vientos huracanados supersónicos derrumbaron la gran mayoría de edificios de ambas ciudades; tormentas de fuego engulleron lo que la explosión no desintegró de inmediato; el 90 % del personal de salud murió o quedó herido, inutilizando casi todos los hospitales; grave envenenamiento por radiación, náuseas, vómitos, caída de cabello, hemorragias internas y muerte celular masiva en las primeras semanas; incremento drástico de casos de leucemia a los cinco años, seguido de tumores malignos de tiroides, mama y pulmón en los sobrevivientes; lluvia radiactiva que afectó el aire, suelo y fuentes de agua locales; miedo constante a enfermar y rechazo social hacia los afectados. 

Se trató de un verdadero infierno que tal vez ni siquiera imaginaron los científicos que la construyeron, un dolor que se oculta y disimula, pero que no inmutó un ápice a los criminales que la lanzaron, tanto que si no se ha lanzado otra vez no ha sido por escrúpulo o arrepentimiento.

Segundo, el contexto de este crimen es la Segunda Guerra Mundial, que fue una guerra de rapiña, en la que los poderosos del planeta se pelearon (mandaron a pelear a sus pueblos, pues ni ellos ni sus hijos fueron a los frentes de batalla) con ánimo de conquista, para repartirse el mundo entero. 

Esta fue la más sangrienta y mortal de todas las guerras, murieron entre 70 y 85 millones de personas, lo que representa cerca del 3 % de la población mundial de esa época. Alrededor de dos tercios de estas víctimas fueron civiles y el resto combatientes, la gran mayoría fueron chinos y soviéticos, pues el aparato de guerra nazi alemán contó con la complicidad de las burguesías de todo el planeta, para tratar de ahogar en sangre a estas dos naciones que habían realizado sus revoluciones populares.

El deseo malsano de los imperialistas occidentales de que estas dos naciones fracasaran lo confiesan hoy los poderosos, cuando las calumnian presentándolas como un infierno para sus pueblos, y al condenar y perseguir el pensamiento socialista y comunista que las sustenta. 

Pero la Unión Soviética destruyó la máquina de guerra alemana, liberó Europa oriental y sólo entonces los aliados (Gran Bretaña y Estados Unidos) abrieron el segundo frente (el famoso día D), para evitar que el ejército obrero liberara a toda Europa.

La guerra en agosto de 1945 estaba en su fase terminal; lanzar las bombas no era necesario, por lo menos no lo era para acabar con la guerra, pues tres meses antes los aliados de Japón, Alemania, ya habían sido derrotados incondicionalmente por el pueblo soviético y los fascistas italianos lo habían hecho desde un año antes. 

Sólo Japón seguía peleando, y no tenía esperanza, pues el 8 de agosto la Unión Soviética, tras derrotar a los alemanes y tomar Berlín, abriría ese frente y Japón sería derrotado.

Tercero, si no era necesario lanzar esas bombas, ¿por qué se hizo? Para dar una muestra de poder, para amenazar al mundo, para mantener a las demás naciones y a todos los hombres aterrorizados e intimidados con el peligro de ser víctima de estos ataques. 

Truman y los poderosos del imperio yanqui decidieron adelantarse dos días, para evitar que la Unión Soviética se llevara el mérito de derrotar a Japón y se fortaleciera en la zona del Pacífico en Asia oriental, pero sobre todo fue un golpe en la mesa para mantener durante ya 81 años aterrorizados y amenazados con la espada de Damocles, (una espada nuclear) a todas las naciones y a la humanidad entera para que acepten los designios del imperio nuclear.

Está documentado que los británicos sobre todo ya tenían planeado lanzar las bombas atómicas sobre la Unión Soviética, la Operación Impensable (Operation Unthinkable, en inglés) era un plan británico para atacar la Unión Soviética. La creación del plan la ordenó el primer ministro británico, Winston Churchill, y la desarrollaron las Fuerzas Armadas británicas al final de la Segunda Guerra Mundial, con el objetivo de "imponer a Rusia la voluntad de los Estados Unidos y del imperio británico". 

No lo hicieron en el momento, y cuando quisieron, ya la Unión Soviética tenía también sus propias bombas nucleares, y comenzó la era de la disuasión nuclear, en la que el homicida imperio yanqui no ha realizado su deseo de volver a lanzar las atómicas, por temor a una respuesta del mismo poder o mayor. 

Si el Ejército Rojo hubiera querido, habría arrasado con toda Europa después de derrotar a los nazis alemanes… pero el ejército obrero soviético sólo quería liberarse y acabar con la amenaza nazi, y al hacerlo liberó a Europa oriental, pero también a toda Europa y, en realidad a toda la humanidad, que habría sido sometida y esclavizada por los nazis alemanes.

Debemos entender finalmente que esa amenaza de un nuevo y definitivo holocausto sigue ahí sobre nuestras cabezas y que es muy real. 

En el mundo hay aproximadamente 12 mil a 12 mil 300 ojivas nucleares que tienen una potencia que va de kilotones a megatones, siendo decenas o cientos de veces más destructivas que las usadas en Hiroshima y Nagasaki, distribuidas principalmente entre Rusia y Estados Unidos, que concentran casi el 90 % de todo el arsenal. 

El resto pertenece a otras siete naciones. Su poder alcanza para destruir totalmente, varias veces, todo el planeta y los únicos que lo pueden impedir son los pueblos de cada nación, que deben atar de manos a sus poderosos líderes, quitarles el poder (y el gatillo nuclear) y tomar este en sus manos para llevar a la humanidad al desarrollo, pacífico e igualitario, conjurando, ahora sí y para siempre, el peligro del holocausto nuclear.

0 Comentarios:

Dejar un Comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados *

TRABAJOS ESPECIALES

Ver más