MOVIMIENTO ANTORCHISTA NACIONAL

Día Internacional del Libro

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Cada año, el día 23 de abril, conmemoramos el Día Internacional del Libro gracias a que así lo promulgó la Unesco en el año de 1995 y escogió justamente este día por eclipsarse en el calendario dos sucesos de lo más importantes en el mundo de las letras, por un lado, fallecía en España el novelista más grande de las letras hispanas, don Miguel de Cervantes Saavedra, mientras que, en Inglaterra, William Shakespeare moría con apenas 52 años. Si, por extraño que parezca, en 1616, fue el año en que las plumas más excelsas del mundo de las letras vieron su tinta secar. Al escribir esto, no le quito ni le resto valor a otros grandes escritores que antes y después de ellos, nos legaron obras maravillosas que sin duda han aguantado el embate de los años y que aún hoy, son de lectura “indispensable”, aunque en materia de lectura, vale la pena agregar que nada es obligado.

El hombre desde sus inicios ha sentido la necesidad de transmitir emociones, vivencias y su percepción del mundo que le rodea y para ello, primero utilizó las paredes de las grutas que le protegían del mundo exterior y la inconmensurable fuerza de la naturaleza. Con la edad de hierro, el hombre pudo cincelar en rocas y piedras sus deidades; dioses y jerarcas fueron plasmados gracias a las habilidades de los artesanos canteros. Pasarían muchos siglos para que finalmente el hombre moderno, específicamente los mesopotámicos, utilizaran madera y lodo, para fabricar tablillas donde plasmaran sus primeros escritos cuneiformes, que, si bien no incluían letras aún, si tenía los elementos necesarios para ser considerada una forma de comunicación escrita. Después, los egipcios desarrollarían técnicas que permitirían la elaboración de rollos de papiro a base de algas acuáticas, ahí, en ellos está plasmarían con trazos de carbón sus códigos de vida, aspectos religiosos y también su historia. Serán los chinos en el segundo siglo de nuestra era, los que habrán de crear la hoja casi tal y como la conocemos el día de hoy utilizando la corteza de madera y añadiendo otros elementos, para darle cohesión y resistencia. Finalmente, los romanos unieron con hilos los pergaminos para poder consultarlos más fácilmente, ahora se podían hacer de distintos tamaños y ser utilizados por ambos lados, de esa manera surgió el libro más o menos tal y como lo conocemos. 

Desde el inicio de la humanidad, la necesidad de comunicarnos ha sido una constante, así, a la palabra hablada, se le hizo imperativo convertirla en palabra escrita ya no nada más con símbolos, dibujos y grabados en las paredes, retablos y papiros, sino que ahora el mensaje fuera entendido de manera clara y precisa y no interpretativa. Los fenicios entendieron el paradigma y se dieron a la tarea de crear el alfabeto, con ello surgió la palabra escrita.

Por desgracia, en esa época los libros eran exageradamente caros, ya que tenían que ser escritos a mano todos y cada uno de ellos, lo que llevaba mucho tiempo en su elaboración y solo muy pocos se dedicaban a esa tarea, por lo tanto, casi nadie podía darse el lujo de tener un manuscrito en casa, esos libros conocidos hoy como incunables, son un acervo valioso para cualquier coleccionista, biblioteca pública o privada. En esta circunstancia transcurriría más de un milenio hasta que, en el año de 1450, llegó el invento más revolucionario del mundo de las letras escritas, la invención de la impresora de letras móviles de Johannes Gutenberg. Fue tan importante este invento, que es justamente este hecho lo que marca la Edad Media de la Era Moderna, no nada más hizo posible la expansión del conocimiento, sino que impulsó la alfabetización, ya que la producción de libros se vio maximizada y lo que antes llevaba meses hacer, ahora era cuestión de días, bajando sus costos de producción. 

Todavía tendría que pasar mucha agua bajo el puente, para que el hombre en su totalidad pudiera acceder al derecho de poseer un libro. Derecho que les fue negado a las minorías esclavizadas, al siervo de la gleba, a los campesinos pobres, a los habitantes de regiones donde sus riquezas naturales eran extraídas para enriquecer a unos cuantos. Incluso también fue negado a las mujeres de la familia por ese simple hecho, el de ser mujeres. La luz del conocimiento estaba reservada para unos cuantos y vetados para todos los demás: “pensar es peligroso” (Hannah Arendt). 

Según la Unesco, cada año se producen más de 5 mil millones de libros en las imprentas de todo el mundo. Pareciera una cantidad desmesurada de libros, pero, si revisamos algunas cifras, veremos una terrible realidad. De acuerdo con la Organización de Naciones Unidas (ONU), 8 mil 320 millones de seres humanos habitamos este planeta, esto equivale a poco más de medio libro por habitante. El promedio de libros leídos varía según el país, la Unesco, calcula que en México se lee cada año dos libros per cápita, aunque el INEGI asegura que son tres, mientras en países como Finlandia, la cifra es de 16. Existen mexicanos que en su vida no han leído un solo libro y pasarán toda su existencia sin hacerlo. 

En los libros encuentras todo tipo de información, desde el inicio de la vida terrestre, hasta como se destruirá la humanidad, algunos que hablan de amor y otros que siembran odio, los hay de poesía y de consulta, algunos hablan de dogmas y otros de blasfemia, los hay de guerra y los hay de paz. Los hay para todo público y todas las edades. Pero lo que no hay es disposición del hombre para dedicarle tiempo a la lectura, hoy los dispositivos móviles se adueñan de las voluntades débiles, arrebatándoles su preciado tiempo, dejándolos inertes mentalmente, haciéndolos presa fácil de la ansiedad y la depresión. Por desgracia, en lugar de cuidado y atención, ahora lo primero que recibe un niño es un celular para que se entretenga. Ya nadie lee a Emilio Salgari ni a Julio Verne, "El Principito" es un referente de memes solamente, lo mismo que el Quijote y pocos han escuchado hablar de la "Divina Comedia", ni tampoco de las obras de Thomas More, ni Dostoyevski ni León Tolstoi, mucho menos de Cicerón, Marco Aurelio o Séneca. Pocos han leído y muchísimos menos, han estudiado "El Capital" de Marx. 

¿Qué futuro le espera a una sociedad no lectora? Seguramente perderá la capacidad de análisis, de crítica y de reflexión, elementos clave para poder decidir el rumbo que deba llevar su existencia. Ahora, como una enorme oleada de borregos, podrán ser conducidos por los poderes fácticos para beneficio del "establishment".  

Los promotores culturales, no podemos bajar la guardia y debemos redoblar esfuerzos para promover la lectura escrita, es una tarea inaplazable porque como dice Don Quijote: “El que lee mucho y anda mucho, ve mucho y sabe mucho”.  Y tú, ¿Qué libro estás leyendo?

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