Desde que tengo uso de razón, "dar el grito" se le dice al notable acontecimiento que se celebra en México, -según algunos historiadores-, desde el año de 1812; desde entonces, el día 15 de septiembre de cada año, a las once de la noche, en todo el territorio nacional, por lo general frente al edificio gubernamental de mayor importancia, desde el balcón (si es que lo tiene), la autoridad principal bandera en mano, se dirige a los ciudadanos para emular el importante suceso protagonizado, en el pueblo de Dolores, Guanajuato, por Don Miguel Gregorio Antonio Ignacio Hidalgo y Costilla Gallaga Mandarte Villaseñor, mejor conocido como Miguel Hidalgo y Costilla.
Cierto es, que Don Miguel Hidalgo, a diferencia de los gobiernos que ahora "dan el grito", luego de dirigir una arenga a los pobladores que se reunieron al toque de las campanas de la parroquia de Dolores, inició de manera formal lo que hoy conocemos como la Guerra de Independencia de México, importante acontecimiento que duró cerca de once años y que puso fin al dominio español en los territorios de lo que entonces se conocía como la Nueva España. Por eso algunos historiadores coinciden en afirmar, que con este hecho, Don Miguel Hidalgo nos dio la patria a todos los mexicanos ¿Qué nos dan ahora los gobiernos, luego de emular el grito de Hidalgo a cada año? ¿Acaso incitan también a una revolución como la de Hidalgo, que nos restituirá la patria y sus generosos beneficios a quienes por ser pobres nos los han arrebatado? Yo creo que no. La historia universal cuenta que a los romanos les daban pan y circo; a nosotros, en algunos lugares, creo puro circo.

Pero es del "grito" y de su significado de lo que hoy quiero hablar. Según se sabe, no hay un ordenamiento legal oficial, que de manera precisa diga cómo y cuáles deben ser las arengas a usar por el presidente municipal, los gobernadores, el presidente de la República o los embajadores en el extranjero; la mayoría, a parte de vitorear por su apellido a los próceres que se consideran como principales: Hidalgo, Morelos, Josefa Ortiz de Domínguez, Allende, Aldama y Matamoros; gritan vivas también a la Patria, a la Independencia y finalmente a México. Pero, ¿cuáles fueron exactamente las arengas que gritó Don Miguel Hidalgo, como para que la muchedumbre ahí reunida, lo acompañara a una guerra donde era seguro perder la vida?
Con motivo del "mes patrio" inicié la lectura, de dos libros del reconocido historiador, escritor, investigador y académico mexicano Carlos Herrejón Peredo, cuyos títulos son: "Hidalgo, razones de la insurgencia y biografía documental" y "Versiones del Grito de Dolores y algo más. En estas lecturas, haciendo acopio de datos obtenidos de distintas biografías y notas de quienes, según se dice, vivieron el movimiento de cerca, se dan algunas versiones de lo que pudo haber contenido la arenga de Hidalgo; de esta manera, se le atribuye a Manuel Abad y Queipo la arenga: "¡Viva nuestra madre santísima de Guadalupe!, ¡Viva Fernando VII y muera el mal gobierno!; a Diego de Bringas: "¡ Viva la América!, ¡Viva Fernando VII!, ¡Muera la religión y mueran los gachupines!; a Juan Aldama: "¡Viva Fernando VII!, ¡Viva América!, ¡Viva la religión y muera el mal gobierno!; a Servando Teresa de Mier: ¡Viva Fernando VII y la virgen de Guadalupe!; y finalmente a Lucas Alamán: "¡Viva la religión!, ¡Viva nuestra madre santísima de Guadalupe!, ¡Viva Fernando VII!, ¡Viva la América y muera el mal gobierno!
Como podemos ver, si nos atenemos sólo a las versiones de estas arengas, los vivas fueron para la religión católica, para el continente Americano y para Fernando VII, los mueras fueron para el mal gobierno.
¿Porqué nuestros gobiernos gritan ahora sólo vivas? ¿Si la idea es emular el grito de Dolores, no deberían también gritar mueras al "mal gobierno!"? ¿Qué acaso, el mal gobierno se acabó en México con los gachupines? Yo creo que no.
Imagine usted amigo lector, a Graco Luis Ramírez Garrido Abreu, Gobernador de Morelos, gritando ¡muera el mal gobierno!, ante cientos de humildes familias que desalojó a punta de golpes de un plantón con el que le reclamaban vivienda, salud y educación. Qué sería de Eruviel ávila Villegas, Gobernador del Estado de México, arengando: ¡muera el mal gobierno!, a los humildes vecinos de Ecatepec, golpeados no hace mucho por su policía montada. Imagine a Miguel ángel Mancera Espinoza proclamando ¡Muera el mal gobierno!, ante los más de 40 mil antorchistas que hace poco, más de cinco mil granaderos les cerraron el paso al recinto donde rendía su informe ¿Cuántos gobiernos hay, que no se atreverían a gritar esta arenga ante sus gobernados, so pena de enardecerlos, pero en su contra?
No sabemos con exactitud qué era para Don Miguel Hidalgo un mal gobierno. Pero nosotros ahora sabemos, que un mal gobierno es el que viola la Constitución. ésta, según leí un día "...fue pensada y redactada para cumplir con las dos funciones básicas de toda Constitución: garantizar la unidad nacional y permitir y promover el desarrollo y progreso de la sociedad en su conjunto, y no sólo el de los grupos privilegiados. Para lo primero, es vital respetar, proteger y permitir el ejercicio de las garantías básicas de libertad, igualdad, seguridad y respeto a la propiedad; para lo segundo, deben hacerse realidad derechos tales como empleo para todos, salarios dignos, educación, vivienda, servicios, energía, descanso y un ambiente limpio." (ACM, Buzos de la Noticia, No. 632 p.36, 3 de nov. 2014). No hay duda. Qué paradójico, hace 206 años Don Migue Hidalgo gritó: ¡Muera el mal gobierno!, y hoy tenemos malos gobiernos que gritan ¡Viva Hidalgo!
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