• Grupo de danza texcocano ensaya entre goteras tras reducción de 14 % al sector
Texcoco, Edomex. Los miércoles y jueves, cuando empieza el ensayo, las niñas del grupo infantil de danza folclórica "Idalia Cruz" de la colonia Leyes de Reforma no miran primero al espejo. Miran al techo. Si llueve, el agua se filtra por las láminas, se forman charcos y las madres de familia toman escobas para sacar el agua antes de que alguna resbale. Aun así, nadie suspende el ensayo. La escena resume la paradoja que viven decenas de proyectos culturales comunitarios en México.
Lo que permanece es una comunidad que decidió defender la cultura con educación y organización, aunque el presupuesto público haya tomado otro rumbo
Mientras las familias sostienen con su propio esfuerzo la formación artística de sus hijos, el financiamiento público destinado a la cultura ha enfrentado disminuciones durante los gobiernos de la Cuarta Transformación (4T).
Durante el sexenio pasado, especialistas y trabajadores del sector denunciaron los efectos de la política de "austeridad" sobre instituciones y programas culturales, y para 2025 el recorte al Ramo Cultura quedó finalmente en alrededor de 14 %; se trató del presupuesto más bajo para el sector desde 2018.
Este deterioro no es nuevo: ya en 2022, ante la cancelación de los Premios Ariel por la "grave crisis financiera" que enfrentaba la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas, el cineasta Guillermo del Toro acusó una "sistemática destrucción del cine mexicano y sus instituciones" bajo el gobierno de Andrés Manuel López Obrador, y llegó a ofrecerse a cubrir de su propio bolsillo el costo de las estatuillas y a colaborar con lo que pudiera para que la ceremonia se realizara. Hoy, durante el gobierno de Claudia Sheinbaum, la situación no es muy diferente.

Hace casi tres años, la maestra Idalia Cruz Méndez comenzó un pequeño taller de danza después de impartir clases en la primaria Melchor Ocampo. Hoy ese proyecto se ha convertido en un grupo firme que ya realiza presentaciones en comunidades del municipio de Texcoco y que aspira a participar en las próximas Espartaqueadas Culturales, organizadas por el Movimiento Antorchista Nacional.
Para Mayrani López Andrade, de trece años, la danza comenzó por curiosidad y terminó cambiándole la forma de desenvolverse. "Ahora coordino mejor mis movimientos y aprendo más rápido", cuenta. Pero cuando le preguntan qué pediría para mejorar el lugar donde ensayan, no duda: "El techo. Cuando llueve hay goteras y corremos el riesgo de resbalarnos".
Brenda Guadalupe Mendoza, de catorce años, resume en pocas palabras lo que representa el grupo para ella. "La danza me da paz; me desestresa". Recuerda que durante la temporada de lluvias el camino y el salón se llenan de lodo y agua, pero continúa asistiendo a cada ensayo.

Detrás de cada presentación hay familias que pagan botas, faldas, traslados y materiales. Muchas prendas son confeccionadas especialmente para las niñas y, cuando se deterioran, deben volver a hacerse.
Viviana Quiroz, madre de una de las alumnas, asegura que la inversión vale la pena porque el cambio en su hija ha sido evidente. "Antes era muy seria. Ahora socializa más, convive con otras niñas y ya no pasa tanto tiempo con el teléfono".
También explica que los padres buscan siempre la forma más económica de conseguir vestuario, en tanto que no deja de reconocer que la maestra Idalia aporta parte del material con recursos propios.
La historia de Elizabeth Eligio refleja otra cara benéfica del proyecto. Su hija ingresó al grupo con apenas cuatro años, cuando en otros espacios le cerraban las puertas por ser demasiado pequeña.
Hoy, dice, la niña es más disciplinada, tiene mejor memoria, coordina sus movimientos y perdió la timidez que antes la caracterizaba. "Ahora habla con más personas, juega, sigue instrucciones y recuerda las coreografías. La danza la ayudó a desenvolver su personalidad".

Francisca Baeza recuerda que su hija se inscribió sin avisarle. Cuando descubrió dónde iba, decidió observar un ensayo. Desde entonces se convirtió en una de las principales impulsoras del grupo.
"Ha cambiado muchísimo. Antes estaba encerrada con el celular; ahora tiene disciplina, convive y disfruta bailar". Por eso asegura que recomendaría a cualquier madre inscribir a sus hijos en una actividad artística antes que permitir que pasen horas frente a una pantalla.
El espacio presenta goteras, ventanas rotas, humedad y daños estructurales que, según los organizadores, se agravaron tras el sismo y hacen necesaria una reconstrucción integral y a pesar de las decisiones de los diputados federales de Morena de mantener la reducción del presupuesto federal a las actividades culturales, ellas siguen impulsando la cultura porque esta transforma. Lo hacen entre cubetas, charcos y paredes desgastadas, convencidas de que el siguiente ensayo también valdrá la pena.
Porque, cuando termina la música y llega el momento de regresar a casa, el deterioro del salón desaparece por unos minutos. Lo que permanece es una comunidad que decidió defender la cultura con educación y organización, aunque el presupuesto público haya tomado otro rumbo.
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