Que la tierra azulada,
entre profundos espacios
gire siempre enamorada
alrededor del gran Helios,
lo entiendo.

Que los cometas tenaces,
gélidos en su ausencia,
cual celestes pavorreales
hiervan en color felices
ante la solar presencia,
lo entiendo, lo entiendo.
Que el Camino de Santiago,
cosmos de leche divina,
astral reja diamantina,
sea frontera de galaxia
en que estos versos te hago,
lo entiendo, lo entiendo, lo entiendo.

Pero no logro entender
ni de cerca ni de lejos
cómo fue a suceder
que del cielo insondable
dos estrellas admirables
se vinieran a mecer
en la gloria de tus ojos.