• El gasto electoral del año 2027 supera los recursos de obras urgentes que exige esa entidad
A estas alturas, a nadie sorprende que los partidos políticos hayan vuelto a las calles para promocionarse como la mejor opción para representar a la ciudadanía.
El pueblo debe organizarse, conocer sus derechos y exigir que los gobiernos cumplan con la función para la que fueron electos: servir a la ciudadanía y salvaguardar los intereses de la mayoría.
Los actores políticos que aspiran a ocupar algún cargo ya comenzaron a recorrer colonias, tianguis y mercados; aparecen tapando baches, limpiando camellones y realizando actividades que, aunque deberían formar parte de las obligaciones permanentes de los gobiernos, ahora parecen convertirse en actos de promoción política.
Y quienes buscan no violar la ley por aquello de las campañas anticipadas, recurren a nombres y cargos que les permitan recorrer el estado sin llamarse todavía candidatos. Es el caso de quien aspira a gobernar Colima por Morena y que se presenta como "coordinadora de la defensa de la transformación y la soberanía nacional en Colima".
En fin, por todos lados aparecen los actores políticos buscando ganarse nuevamente la voluntad del pueblo. Ahora sí, dicen, resolverán los problemas del país. Ahora sí atenderán las necesidades de la gente.
Pero resulta difícil creer en estas promesas cuando algunos de quienes hoy vuelven a pedir el voto ya han ocupado cargos como presidentes municipales, regidores o diputados federales, y los resultados que prometieron en su momento no fueron suficientes para resolver los problemas que hoy nuevamente utilizan como bandera política.
¿No es acaso una contradicción que quienes ya tuvieron la oportunidad de gobernar regresen a pedir la confianza de los ciudadanos como si nunca hubieran tenido responsabilidad alguna? ¿Hasta cuándo se seguirá utilizando al pueblo únicamente como escalón para alcanzar un cargo público?
Pero no crea, estimado lector, que los apoyos que entregan algunos políticos —jitomates, papayas, pepinos, cloro u otras pequeñas dádivas— salen de sus propios bolsillos.

Tampoco pensemos que los miles de pesos gastados en espectaculares, bardas pintadas con sus nombres, eventos y demás formas de promoción política son producto de su sacrificio personal.
No. Gran parte de esos recursos proviene del dinero público, es decir, de los impuestos que pagamos todos los mexicanos y, en nuestro caso, todos los colimenses.
Para darnos una idea de los recursos destinados a los partidos políticos en Colima, el Instituto Electoral del Estado de Colima informó que el monto de financiamiento ordinario inicial para los institutos políticos fue de 43 millones 817 mil 125 pesos con ocho centavos.
De esa cantidad, se descontaron las ministraciones correspondientes a los meses de octubre de 2025 a julio de 2026, ya entregadas, por 36 millones 514 mil 270 pesos con 90 centavos.
De acuerdo con la misma información, el financiamiento público para actividades ordinarias y específicas que se redistribuiría y otorgaría a los partidos durante agosto y septiembre de 2026 asciende a siete millones 521 mil 939 pesos con 80 centavos.
Y esto no termina ahí. Para el proceso electoral de 2026-2027, el Instituto Electoral del Estado de Colima aprobó un anteproyecto de Presupuesto de Egresos para 2027 por 192 millones 884 mil 854 pesos, año en que los ciudadanos acudirán a las urnas para renovar la gubernatura, el Congreso del Estado y los diez ayuntamientos.
Millones y millones de pesos destinados al aparato electoral y a los partidos políticos. Y mientras tanto, ¿qué ocurre con las necesidades más elementales de los colimenses?

Ahí es donde aparece la verdadera contradicción.
Para los partidos políticos existen partidas presupuestales, financiamiento público y recursos suficientes para recorrer las calles, colocar propaganda y promover a sus candidatos.
Pero cuando las familias exigen medicamentos e insumos en hospitales y centros de salud, cuando las escuelas necesitan infraestructura o cuando los padres de familia tienen que sacar de sus propios bolsillos dinero para comprar material de limpieza, el presupuesto parece no alcanzar.
Cuando las calles están llenas de baches y se vuelven cada vez más difíciles de transitar, cuando las familias más vulnerables necesitan apoyo para mejorar sus viviendas y cuando las colonias carecen de obras y servicios básicos, las respuestas suelen ser tardías, insuficientes o simplemente inexistentes.
Mientras tanto, durante los periodos electorales, los mismos problemas que fueron ignorados durante años se convierten repentinamente en motivo de fotografías, recorridos y discursos.
El problema, pues, no es que los políticos recorran las calles. El problema es que sólo parecen recordar al pueblo cuando necesitan su voto. El pueblo trabajador no necesita limosnas ni migajas disfrazadas de ayuda social.
Necesita condiciones dignas para vivir; empleos bien remunerados, servicios de salud suficientes, escuelas dignas, vivienda, calles transitables, infraestructura y obras que verdaderamente transformen las condiciones de vida de las familias.
Para el Movimiento Antorchista, la solución no está en esperar pasivamente a que cada proceso electoral vuelva a traer las mismas promesas. El pueblo debe organizarse, conocer sus derechos y exigir que los gobiernos cumplan con la función para la que fueron electos: servir a la ciudadanía y salvaguardar los intereses de la mayoría, no los intereses particulares de quienes ocupan temporalmente los cargos públicos.
Por eso, los ciudadanos debemos preguntarnos qué tipo de partidos políticos queremos y qué clase de gobierno necesitamos. No uno que aparezca únicamente en tiempos electorales, sino uno que esté presente permanentemente para resolver los problemas de la población.
Si los partidos existentes no son capaces de atender de raíz las necesidades de los trabajadores, de los campesinos, de los estudiantes y de las familias más pobres, entonces será necesario que el propio pueblo organizado construya una alternativa política capaz de tomar las riendas del país y transformarlo verdaderamente.
Porque mientras unos se disputan los cargos y los recursos públicos, el pueblo sigue esperando que alguien resuelva sus necesidades más elementales. Y esa espera no puede ser eterna: ha llegado el momento de que los ciudadanos organizados hagan valer su fuerza y construyan un país donde los recursos públicos se utilicen para mejorar la vida de todos.
0 Comentarios:
Dejar un Comentario