MOVIMIENTO ANTORCHISTA NACIONAL

Los paraísos fiscales y la concentración de la riqueza

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De locos: al día de hoy, de acuerdo con el salario mínimo vigente, la cantidad de tiempo que tiene que laborar a diario una persona para poder adquirir una "Canasta Obrera Indispensable" (COI), es de 51 horas con 44 minutos. Ni las cuentas están mal hechas, ni la COI incluye un viaje a Las Vegas con estancia, bebida y jugada, la Canasta Obrera Indispensable abarca nada más lo que necesita para sobrevivir una familia obrera de 4 personas (quizá una familia típica mexicana, con dos adultos, un joven o una joven y un niño o una niña) que adquieran solamente 35 bienes y servicios (27 alimentos, 3 productos para el aseo personal y del hogar, transporte, energía eléctrica, gas y agua). La COI no incluye renta de vivienda, ni vestido, ni calzado, ni educación, ni gastos de salud ni diversiones de ningún tipo, nada de lujos.

Eso es ahora, hoy en día, pero no siempre ha sido así. El proceso de superexplotación de la fuerza de trabajo tiene su historia reciente, se ha venido agravando en los últimos años. Según el estudio del Centro de Análisis Multidisciplinario de la UNAM que proporciona los datos que comparto, el 1 de diciembre de 2012, hace tres años y medio, el tiempo que se tenía que laborar para adquirir la COI era de 43 horas y 56 minutos; el primero de diciembre de 2000, era de 36 horas y 34 minutos y, el 16 de diciembre de 1987, era de 8 horas y 29 minutos, es decir, que en una jornada de trabajo normal de ocho horas, el trabajador casi ganaba para llevar a su casa la Canasta Obrera Indispensable. En los últimos 30 años, pues, no ha dejado de deteriorarse la capacidad de compra del salario en México.

Ahora bien, por ningún motivo debe pasarse por alto que la pequeñez del salario real contrasta escandalosamente con la riqueza real producida por la fuerza de trabajo. El salario se paga normalmente por ocho horas de trabajo pero no es nunca, ni de cerca, igual al valor producido por el trabajador durante esas ocho horas de trabajo. Cuando Carlos Marx escribió El Capital, la jornada de trabajo normal era de 12 horas, por eso, sus ejemplos para ilustrar la ganancia, más precisamente, la plusvalía, parten de ese tiempo diario de trabajo y en ellos se supone que el trabajador tarda unas seis horas en producir un valor equivalente a su salario y que, el patrón se queda, por tanto, con el valor producido durante las restantes seis horas de trabajo. Pero ya ha corrido mucha agua bajo los puentes y la productividad del trabajo se ha incrementado enormemente, a tal grado que ahora hay ramas de la producción en las que el trabajador produce un valor equivalente a su salario en tan sólo nueve minutos y, en consecuencia, el patrón se queda con el valor producido durante los restantes 471 minutos (en una jornada actual de ocho horas). Eso, tan sólo de un trabajador. La riqueza producida en la esfera de la producción, pues, se ha multiplicado miles, quizá millones de veces.

Una parte de ella, una parte cada vez más pequeña e insignificante (por problemas de competencia y demanda efectiva), se reinvierte para aumentar el tamaño de la empresa, otra parte se gasta en bienes suntuarios cada vez más innecesarios y extravagantes y, el resto, va a parar a los bancos en espera de mejores tiempos para la inversión. Los bancos predilectos son los bancos que no preguntan de dónde llegó el dinero, ni quién lo llevó ni en qué trabaja ni, en su momento, quién, a dónde y por qué se lo lleva, son, pues, los bancos ciegos y sordos, los bancos de los llamados paraísos fiscales que se estima que son 73 en todo el mundo y se calcula que guardan como mínimo el 8 por ciento de la riqueza financiera del mundo, nunca habían concentrado tanto dinero.

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Son territorios, no tienen, o casi no tienen convenios con otros países en materia tributaria, guardan, como queda dicho, el secreto bancario y comercial, no tienen reglas ni restricciones para el movimiento de capitales y las personas o empresas que llevan su dinero ahí, no pagan impuestos. Muchos de ellos son islas tropicales, de ahí su sobrenombre de paraísos fiscales, pero no todos son pequeños territorios poco conocidos en medio del mar, hay en otras partes del mundo, incluso países enteros son paraísos fiscales. Lo son, por ejemplo, el estado de Delaware en Estados Unidos, Líbano, Austria, Bélgica, Canadá, Costa Rica, Panamá, Dinamarca, Filipinas, España, etc., etc. Los paraísos fiscales se usan para evadir el pago de impuestos en los países de origen y para esconder corruptelas y delitos.

Según Oxfam, los gigantes Apple, Walmart, y General Electric, tienen ocultos miles de millones de dólares en los paraísos fiscales. Ricardo Fuentes-Nieva, director en México de Oxfam, una organización fundada en Inglaterra en 1942 que realiza labores humanitarias para erradicar la pobreza, declaró que "a los gobiernos de naciones pobres o en desarrollo, como el de México, les hace falta capacidad pero también voluntad política para erradicar la salida de billones de dólares hacia paraísos fiscales...a pesar de estar cada vez más presionados por la falta de recursos que les permita cumplir con sus obligaciones en materia de salud, educación y combate a la pobreza" (La Jornada, 28 de mayo).

Ante semejante panorama, que puede ser ilustrado de otras mil formas, no queda más que reiterar el llamado a todos los trabajadores, a todos los hombres y mujeres de bien que tengan preocupación sincera por su presente y por el futuro de sus hijos, a que se organicen y luchen, a que constituyan una fuerza popular que realmente sea tomada en cuenta para que haya cambios esenciales a favor de quienes producen toda la inmensa riqueza; no cambios cosméticos ni fintas de cambios como los que ahora se ponderan y festejan diciendo por todos lados que el 5 de junio pasado el electorado votó en contra de la corrupción (y ahora que ya se "echó" a la corrupción ¿va a mejorar sustancialmente el nivel de vida de los mexicanos?). Invito, pues, a engrandecer y fortalecer a la Organización de los Pobres de México, a Antorcha Revolucionaria; aprendamos muy bien la lección, a los señores del poder se les hace caso: el pasado 6 de junio, apareció una nota en La Jornada que decía: La semana pasada, el Consejo Coordinador Empresarial y el Centro de Estudios del Sector Privado "decían que necesitamos profundizar el ajuste al gasto" y el gobierno federal está de acuerdo, reconoció Luis Videgaray, secretario de Hacienda y Crédito Público. Claro, los señores empresarios no resultan afectados con una reducción al gasto, no necesitan los servicios gubernamentales de salud, ni la educación pública, ni los servicios básicos instalados por el gobierno, ellos tienen sus intereses y los defienden y se les hace caso, "y el gobierno federal está de acuerdo", ellos están organizados ¿y el pueblo pobre de México?

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